Transcription of orestíada - Ladeliteratura - ¡BIENVENIDO!
1 EE SS QQUU IILL OO OORREESSTT AADDAA AGAMEN N CO FORAS EUM NIDES (La presente obra ha sido incorporada a la biblioteca digital de con fines exclusivamente did cticos) AAGGAAMMEENN NN P E R S O N A J E S Guardi n Cor o de anc ianos Clitemne stra Mensajero Agamen n Casandra Egisto PR LOGO La escena representa el palacio de los Atridas, en Argos. GUARDI N. A los di os es solicito el fin de esta tarea, la vigilanc ia de un largo a o en que tumba do, a manera de pe rro, en lo alto de l pa lacio de los Atrida s, he llegado a conocer la asambl ea de los astros noctur nos y los que traen a los hombres el invierno y el verano, poderosos luminares que br ill an en el ter, con sus ocasos y salida s. Y ahora espero la se al de la antorcha , el resplandor del fue go que nos traiga desde Troya la noticia de su conquista: as lo manda el duro coraz n de una muj er imperiosa y domina nt e que lo est aguarda ndo.
2 Pero, cua ndo teng o el lecho h medo de roc o que me inquieta durant e la noche, sin vi sita de sue os -pues el miedo, en ve z de sue o, me acompa a y no me de ja cerrar s lidament e los p rpados de sue o- cua ndo, di go, quiero cantar o silbar y conseguir as con el canto un remedi o contra el sue o, ent onces lloro lament ando la de sgracia de esta casa, no di rigida sabiament e como en el pasado. Ojal ve nga ahora una feliz liberaci n de estos trabajos, apa reciendo en la noche el alegre mensaje de fuego! (Se ve de pronto luc ir, a lo lejos, la llama de un fuego.) Oh salve , luminaria de la noche, que anuncias una luz diur na y la celebraci n de numerosas danz as en Argos, en gracia a este suceso! I , i ! Estoy anunciando clarament e a la esposa de Agame- n n que se alce r pida ment e de su lecho y eleve en la casa, con motivo de esta ant orcha , un grito de alegr a, si en ve rda d ha sido conquistada Ili n, como la hoguera pr oc lama con su brill o.
3 Y yo mismo bailar el preludio, pues voy a mover mis ficha s de acuerdo con la jugada de mis amos: tres veces seis me pr oporciona en suerte esta hoguera. Ojal que pueda, al volve r el se or de este palacio, aguant ar con mi mano la suya querida ! Lo de m s callo: un buey enorme pe sa sobr e mi lengua; pero el palacio mismo, si voz tuviera, habl ar a con clarida d. Pero yo, de grado, me explico para los que saben; para los que no, como si na da supiese. P RODOS CORIFEO. Este es el d cimo a o de sde que el gran aniversario de Pr amo, el rey Mene lao, y Aga men n, coyunda poderosa de Atrida s, honrada por Zeus en un doble trono y cetro, sacaron de esta tierra una expe dici n argiva de mil na ve s. Con fuerza, de su pecho gr itaba n la guerra, a manera de buitres que en extremo dolor por sus pollue los revolotean por enc ima de l ni do, bogando con los remos de sus alas, tras perde r el trabajo de empollar sus cr as.
4 Pero algui en -quiz Apolo, o Pan, o Zeus-, oyendo en las alturas el grazni do agudo de estas ave s, ve cina s de su reino, env a a los culpabl es una Erini s, tard a ve ng adora. As tambi n el poderoso Zeus hospitalario manda cont ra Alejandro a los hijos de Atreo: y por culpa de una muj er de muc hos hombres impone luc ha s numerosas y extenuantes -la rodilla hundida en el polvo y rot a la lanz a en combate preliminar- a d na os y troyanos por igua l. Las cosas permane cen donde ahora est n, pero se cumplir n en el tiempo marcado por el de stino; ni con sacrificios que arde n ni con libaciones de no quemada s ofrendas apl acar n la inflexible ira de los dioses. Mas nosotros, incapa ces por la carne vi eja, excluidos de esta empresa, aqu permanecemos, guiando con el bast n nuestra fuerza de mitos.
5 Por que la joven m dula que reina en los pechos es igual que la de un vi ejo y Ares no ha bita en ellos. Y qu es un hombr e en su extrema ve jez, marchito ya su follaje? Anda sobre tres pies, y no m s fuerte que un ni o camina errant e cual sue o aparecido en pl eno d a. Pero t , hija de T ndaro, reina Clitemne stra, qu sucede?, qu noticias ha y? Qu sabe s? En vi rtud de qu nueva s, enviando avisos por todas partes, mandas hacer sacrificios? De todos los di oses prot ectores de la ciudad -supremos, subterr ne os, dom sticos, pl aceros - los altares arde n de of renda s. Aqu y all , larga ha sta el cielo, sube la llama animada con los dulces est mul os, sin enga o, de un aceite puro, sacado de l fondo de l pa lacio. Rel tame de esto lo que pueda s y de ba s; ha zte m di co de esta inquietud, que unas ve ces me llena de tristes pe nsamient os, y ot ras, a la vista de los sacrificios que haces br illar, una esperanza aleja de mi coraz n la congoja insaciabl e, este sufrimient o que me de stroza la vida.
6 Estrofa CORO. Soy due o de cantar el mando de feliz ag ero de los caudillos de la expe dici n, pues mi vi eja exi stenc ia por voluntad de los dioses todav a me inspira la persuasi n, fuerza de los cantos. Dir c mo el poder de doble trono de los aqueos, aut or ida d concor de a la juvent ud helena , env a con lanza y mano vengadora un presagio impe tuoso a la tierra t ucrida : dos reyes de las aves contra dos reyes de las na ve s, una ne gra, ot ra bl anca por la espalda s. Apa recieron cerca del palacio, de l lado de la mano que bl ande la lanz a, en lug ares bi en vi sibles, de vorando una liebre madre, cargada con su pre e z, frustrada en su ltima carrera. Cant a un himno l g ubre, l g ubre, pero que triunfe, al fin, lo mejor . Antistrofa Y el sabi o adi vi no del ej rcito, al ve r a los va lerosos Atrida s di spares en car cter, en las ave s de voradoras de la liebre, reconoci a los caudillos de la guerra y dijo as , int erpretando el pr odigio: Con el tiempo, esta expedi ci n conquistar la ciudad de Pr amo, y una Moira aniquilar con vi ol encia a todos, junto a la muralla, como ovejas numerosas de un reba o, s lo que alguna envidi a de los dioses, anticipando el golpe, no ensombrezca el gran bocado b lico for jado pa ra Troya.
7 Por que Artemis, la pura, por compa si n est irritada contra los perros alados de su padre, que ant es de l parto inmol an con sus cr as la liebre de sgraciada, y aborrece el fest n de las guilas. Cant a un himno l g ubre, pero que triunfe, al fin, lo mejor . podo Ella la Hermosa, tan amiga de los tiernos cachorros de feroces leones y tan grata pa ra los reto os de seosos, a n de la teta, de las fieras silve stres, pi de que se cumpl an los presagios de estos hechos y las vi siones favorabl es y a la ve z acusadoras de las ave s. Pero yo invoco a Pe n, el sana dor, pa ra que la diosa no pr oporcione a los d na os una larga demor a en el puerto, en las na ves retenida s por vi ent os contrarios, pr ovocando un nuevo sacrificio sin flautas ni festines, art fice familiar de discor dias que no respeta ni al esposo.
8 Pue s aguarda un terrible, traidor, infatiga bl e intendent e, el rencor memor ioso que toma ve nganz a de los hijos. Estos fueron los destinos fatales que, junto a los venturosos, sacados de las aves agoreras proclam Calcant e para la casa de los reyes. Y de acuerdo con ellos canta el himno l g ubre, l gubre, pero que triunfe, al fin, lo mejor . Estrofa I Zeus, quienquiera que sea, si quiere ser de signa do as , as te invoco. Nada puedo, por m s que todo lo pondero, comparar con Zeus, si es que en verda d ha y que arrojar el pe so va no de la cavilaci n. Antistrofa I El que ant es era grande, rebosant e de audacia, inve nc ible, nadi e ha bl a de l, ya existi ; y el que vi no de spu s, hall un ve ncedor. Mas, el hombr e que con fervor har resonar epi ni cios en honor de Zeus alcanzar la suprema sabi dur a.
9 Estrofa II l condujo a los hombr es al saber, estableciendo como ley: el aprender sufriendo . En ve z de l sue o de stila el coraz n un dolor por males pa sados, y a los rebe lde s llega inc luso la sensatez. Sin duda un favor vi olent o de los di oses sent ados cabe el tim n aug usto. Antistrofa II De este modo el caudillo superior de las na ve s aqueas, sin censurar al adi vino, cedi a los vi entos de l de stino adverso cua ndo por la calma y el ayuno el puebl o aqueo sufr a de teni do enf rent e de Calcis, en medi o de las agitadas agua s de ulide. Estrofa III Pue s los vi ent os ven an de l Estrim n, trayendo funestos de scansos, hambres, pe ligrosos anc lajes, dispersi n de hombres, rui na de na ves y jarcias; y prol ongando m s la de mor a consum an con la tarda nz a la flor de los argivos.
10 Y cua ndo el adi vino, invocando a Artemis, anunci a los jefes ot ro remedi o m s pe noso que la amarga tempe stad, los Atrida s golpeando la tierra con sus b cul os no pudieron contene r las l grimas. Antistrofa III Y as el augusto rey ha bl de esta for ma: Penoso es mi destino si de sobede zco, pero pe noso tambi n si doy muerte a mi hija, or gullo de la casa, manc ill ando ante el altar mis manos pa terna s con arroyos de sangre virgina l. Cu l de las dos acciones est libre de males? C mo voy a dejar las na ves, faltando a mi alianz a? Por que si el sacrificio y la sangre vi rgina l calman los vi ent os, es l cito desearlo apa sionada ment e. Sea para bien. Estrofa IV Y de spu s que su cue llo fue uncido al yugo de l destino, y sopl en su ment e un vi ent o contrario, imp o, impuro, sacr lego, de sde ent onces cambi de opini n hasta resolver un acto de inc re ble audacia.