Transcription of El entrenamiento funcional: Una mirada crítica
1 El entrenamiento funcional: Una mirada cr tica Hace ya varios a os que el llamado entrenamiento funcional lleva adquiriendo una creciente popularidad en Espa a. Una modalidad de ejercicio con resistencia caracterizada por emplear herramientas tales como balones, plataformas, poleas, etc. y desterrar el uso de las m quinas tradicionales que a slan grupos musculares, a favor de acciones globales del cuerpo, que simulan las condiciones reales del movimiento humano. En un sentido muy amplio, Santana define funcional como toda condici n de entrenamiento que reproduzca el modelo de actividad caracter stico de un individuo en concreto.
2 Seg n Paul Chek todo movimiento funcional presenta un gesto multiarticular, multiplanar, preferentemente en bipedestaci n y en un entorno altamente propioceptivo -siendo estas condiciones caracter sticas del movimiento humano. Por funcional se podr a entender entonces espec fico Consecuentemente, dicha modalidad de entrenamiento proclama mejorar el desempe o en actividades de la vida diaria y el deporte en un mayor grado que m todos convencionales de preparaci n f sica. La denominaci n funcional asociada al entrenamiento f sico, hace d cadas que se emplea vinculada especialmente al campo de la rehabilitaci n f sica; al fin y al cabo, todo programa con fines terap uticos tiene como objetivo primordial restaurar el estatus funcional del rea afectada.
3 Los or genes del entrenamiento funcional, tal y como se conoce en la actualidad, son m s recientes, datan de los a os 90 de la mano del fisioterapeuta estadounidense Gary Gray. Sin embargo, es gracias a autores y preparadores de renombre como Juan Carlos Santana, Michael Clark y Paul Chek, que esta modalidad de entrenamiento , aparentemente nueva, adquiere notoriedad mundial. La propuesta original resulta interesante en el sentido que plantea como deficitario el enfoque tradicional del entrenamiento con resistencia cuando sus fines se encaminan a la b squeda del rendimiento humano. Un trabajo muscular excesivamente anal tico, cuya elecci n de contenidos proviene casi con exclusividad del culturismo, rivaliza con las demandas motoras que el deporte o incluso las actividades del d a a d a imponen sobre el organismo.
4 La esencia del m todo funcional radica en la ejecuci n de ejercicios que reproducen las condiciones reales de funci n del aparato locomotor, siempre en t rminos de movimientos completos y no de m sculos individuales. Sin lugar a dudas este nuevo concepto de funcionalidad aplicado a la preparaci n con cargas resulta muy interesante. En los ltimos a os se ha visto como la poblaci n general se involucra con mayor frecuencia en programas con resistencia para mejorar y mantener su aptitud f sica. En un pasado a n reciente se consideraba poco oportuno, incluso contraproducente llevar a cabo levantamientos de cargas en un mbito terap utico y preventivo.
5 Un hecho que se justificaba por una err nea asociaci n entre pesas y desarrollo muscular. En la actualidad, las investigaciones han confirmado que el entrenamiento con resistencia resulta vital en una programa de actividad relacionado con la salud y el bienestar f sico; precisamente en este sentido, el llamado ejercicio funcional aporta conceptos e ideas ciertamente v lidos, poniendo de relieve las limitaciones del entrenamiento con cargas tradicional. No obstante, cabe remarcar que no existe un m todo o medio de entrenamiento superior a otro si se examinan fuera del contexto de una programaci n estructurada de entrenamiento . Analizando las formas de construcci n de los programas de ejercicio prescritos en los gimnasios, es frecuente observar una falta del car cter progresivo y sistem tico del entrenamiento condiciones ambas requeridas para la optimizaci n de los resultados.
6 No basta con seleccionar ejercicios de acuerdo con las tareas motoras espec ficas del sujeto ya que todo entrenamiento implica una organizaci n determinada de movimientos y cargas, cuya interacci n longitudinal produce el efecto deseado de entrenamiento . Tomando de ejemplo un movimiento b sico como es la presi n , donde un objeto se aleja o empuja lejos del cuerpo con las extremidades superiores, y realizado en dos contextos opuestos de funci n, sentado con m quina y en bipedestaci n con poleas, se observa que las diferencias motoras entre ambas opciones de ejecuci n son obvias. En el press sentado, el asiento y respaldo de la m quina estabilizan el cuerpo, centrando la acci n muscular en las articulaciones del codo y hombro en un plano fijo de movimiento.
7 La misma acci n de presi n, extensi n del codo y aducci n del hombro, realizada en bipedestaci n, sin el soporte externo de la m quina y con la acci n libre de restricciones que ofrece una polea, implica unas demandas coordinativas muy superiores. En el ejercicio con m quina, la expresi n de fuerza viene dada por la capacidad directa de los m sculos responsables de la acci n (mayormente pectoral y tr ceps). Sin embargo, en el press con polea, el control postural y la estabilidad global de piernas y tronco limitan el potencial de rendimiento de los m sculos que ejercen directamente la presi n; ciertamente, el ejercicio presenta una elevada similitud con la manifestaci n propia del movimiento durante las acciones de la vida diaria.
8 No obstante, en la pr ctica, no se trata de seleccionar un ejercicio por encima de otro bajo el nico criterio de la especificidad de la acci n, la cuesti n radica en el cu ndo y c mo de la aplicaci n de cada movimiento. Al igual que un velocista requiere fuerza-explosiva y un fondista fuerza-resistencia, el movimiento humano del d a a d a representa una manifestaci n m s de la fuerza con su contexto y condiciones espec ficas. As mismo, al igual que las leyes del entrenamiento deportivo dictaminan una sucesi n determinada de los distintos tipos de fuerza hasta alcanzar el entrenamiento de la llamada fuerza espec fica caracter stica de la disciplina; la preparaci n del individuo sedentario se debe conducir siguiendo criterios similares.
9 A fin de cuentas, los procesos adaptativos tanto del atleta de lite como del sujeto que acude al gimnasio en busca de salud, se rigen bajo los mismos principios, nicamente var a el grado y tipo de rendimiento deseado. El desarrollo de toda fuerza espec fica implica una organizaci n jer rquica de m todos y medios de entrenamiento . Con cada nivel de la estructura se crean condiciones favorables de adaptaci n que sustentan los niveles sucesivos de desarrollo. En la cima de dicha estructura, al final de la secuencia, se encuentra el contenido altamente espec fico lo funcional. A t rminos generales y en base a los principios del entrenamiento deportivo y aprendizaje motor, todo plan de preparaci n f sica debe progresar de lo general a lo espec fico, de lo anal tico a lo integral, de lo simple a lo aqu se deriva claramente que no basta con tener en cuenta el car cter especifico del entrenamiento .
10 Un sistema de preparaci n que cumple con las exigencias de la actividad, cuando se presenta de forma homog nea, limita la variedad y progresi n de las cargas e impide alcanzar el potencial motor del organismo. Regresando de nuevo al ejemplo del ejercicio de presi n, la opci n en posici n b peda con poleas, exige una demanda neuromuscular que excede con creces la capacidad motora de la inmensa mayor a de personas que acuden a un gimnasio por primera vez. Para elaborar un movimiento bien orquestado todo los componentes musculares deben de estar a la altura, es por ello que existe la necesidad de restaurar primero de forma anal tica cualquier posible deficiencia para despu s integrar al conjunto muscular.