Transcription of Romance de “LA MISA DE AMOR” - …
1 ROMANCES MEDIEVALES - Romance DEL PR ISIONERO - Romance DE DON TRIST N DE LEON S Y DE LA REINA ISEO, QUE TANTO AMOR SE GUARDARON - Romance DEL AMOR M S PODEROSO QUE LA MUERTE - Romance DEL ENAMORADO Y LA MUERTE - Romance DEL VENENO DE MOR ANA - Romance DE GERINELDO - Romance DE FONTE FR IDA - Romance DE LA P RDIDA DE ALHAMA - Romance DEL CERCO DE ZAMORA EN QUE DO A URRACA RECLAMA AL CID SU DESPRECIO - Romance DEL INFANTE ARNALDOS - Romance DE DO A ALDA - Romance DE ABEN MAR Romance DE LA MISA DE AMOR Ma anita de San Juan, ma anita de primor, cuando damas y galanes van a o r misa mayor. All va la mi se ora, Entre todas la mejor; Viste saya sobre saya, mantell n de tornasol, camisa con oro y perlas bordada en el cabez n. En la su boca muy linda lleva un poco de dulzor; en la su cara tan blanca un poquito de arrebol, y en los sus ojuelos garzos lleva un poco de alcohol; as entraba por la iglesia relumbrando como el sol. Las damas mueren de envidia, y los galanes de amor. El que cantaba en el coro, en el credo se perdi ; el abad que dice misa, ha trocado la lici n; monacillos que le ayudan, no aciertan a responder, non, por decir am n, am n, dec an amor, amor.
2 Romance DEL PRISIONERO Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos enca an y est n los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruise or, cuando los enamorados van a servir al amor; sino yo, triste, cuitado, que vivo en esta prisi n; que ni s cu ndo es de d a ni cuando las noches son , sino por una avecilla que me cantaba al albor. Mat mela un ballestero; d le Dios mal galard n. Romance DE DON TRIST N DE LEON S Y DE LA REINA ISEO, QUE TANTO AMOR SE GUARDARON Herido est don Trist n de una muy mala lanzada, di rasela el rey su t o por celos que de l cataba; di sela desde una torre con una lanza herbolada: el hierro tiene en el cuerpo, de fuera le tiembla el asta. Mal se queja don Trist n, que la muerte le aquejaba; preguntando por Iseo muy tristemente lloraba: Qu es de ti, la mi se ora? Mala sea tu tardanza, que si mis ojos te viesen sanar a sta mi llaga . Lleg all la reina Iseo, la su linda enamorada, cubierta de pa os negros, sin del rey d rsele nada: Quien vos hiri , don Trist n, heridas tenga de rabia, y que no hallase maestro que supiese sanarlas!
3 J ntase boca con boca, llora el uno, llora el otro, la tierra toda se ba a; all donde los entierran nace una azucena blanca. Romance DEL AMOR M S PODEROSO QUE LA MUERTE Conde Ni o por amores es ni o y pas la mar; va a dar agua a su caballo la ma ana de San Juan. Mientras el caballo bebne l canta dulce cantar; todas las aves del cielo se paraban a escuchar, caminante que camina olvida su caminar, navegante que navega la nave vuelve hacia all . La reina estaba labrando, la hija durmiendo est -Levantaos, Albani a, de vuestro dulce folgar, sentir is cantar hermoso la sirenita del mar. -No es la sirenita , madre, la de tan bello cantar, sino es el Conde Ni o que por m quiere finar. Qui n le pudiese valer en su tan trist e pen ar! -Si por tus amores pena, oh, malhaya su cantar! y porque nunca los goce yo le mandar matar. -Si le manda matar, madre, juntos nos han de enterrar. l muri a la medianoche, ella a los gallos cantar; a ella como hija de reyes la entierran en el altar, a l como hijo de conde unos pasos m s atr s.
4 De ella naci un rosal blanco, d l naci un espino albar; crece el uno, crece el otro, los dos se van a juntar; las ramitas que se alcanzan fuertes abrazos se dan, y las que no se alcanzaban no dejan de suspirar. La reina, llena de envidia, ambos los mand cortar; el gal n que los cortaba no cesaba de llorar. De ella nace una garza, de l un fuerte gavil n, juntos vuelan por el cielo, juntos vuelan para a par. Romance DEL ENAMORADO Y LA MUERTE Un sue o so aba anoche, so ito del alma m a, so aba con mis amores que en mis brazos la ten a. Vi entrar se ora tan blanca muy m s que la nieve fr a. - Por d nde has entrado amor? C mo has entrado mi vida? Las puertas est n cerradas, ventanas y celos as. - No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te env a. - Ay, Muerte tan rigurosa, d jame vivir un d a! - Un d a no puede ser, una hora tienes de vida. Muy de prisa se calzaba, m s de prisa se vest a; ya se va para la calle, en donde su amor viv a. - breme la puerta, blanca, breme la puerta ni a!
5 - C mo te podr yo abrir si la ocasi n no es venida? Mi padre no fue al palacio, mi madre no est dormida. - Si no me abres esta noche, ya no me abrir s querida; la Muerte me est buscando, junto a ti vida ser a. - Vete bajo la ventana donde ladraba y cos a, te echar cord n de seda para que subas arriba, y si el cord n no alcanzare mis trenzas a adir a. La fina seda se rompe; la Muerte que all ven a: - Vamos, el enamorado, que la hora ya est cumplida. Romance DEL VENENO DE MOR ANA Madrugaba don Alonso a poco del sol salido; convidando va a su boda a los parientes y amigos; a las puertas de Mor ana sofrenaba su rocino: -Buenos d as, Mor ana. -Don Alonso, bien venido. -Vengo a brindarte, Mor ana, para mi boda el domingo. -Esas bodas, don Alonso, debieran de ser conmigo; pero ya que no lo sean, igual el convite estimo, y en prueba de la amistad beber s del fresco vino, en que sol as beber dentro en mi cuarto florido. Mor ana, muy ligera en su cuarto se ha metido; tres onzas de solim n con el acero ha molido, de la v bora los ojos, sangre de un alacr n vivo: -Bebe, bebe, don Alonso, bebe de este fresco vino.
6 -Bebe primero, Mor ana, que as est puesto en estilo. Levant el vaso Mor ana, lo puso en sus labios finos; los dientes tiene menudos, gota dentro no ha vertido. Don Alonso, como es mozo, maldita gota ha perdido. - Qu me diste, Mor ana, qu me diste en este vino? Las riendas tengo en la mano y no veo a mi rocino! -Vuelve a casa, don Alonso, que el d a ya va corrido y se celar tu esposa si quedas ac conmigo. - Qu me diste, Mor ana, que pierdo todo el sentido? S name de este veneno, yo me he de casar contigo! -No puede ser, don Alonso, que el coraz n te ha partido. - Desdichada de mi madre que ya no me ver vivo! -M s desdichada la m a desque te hube conocido. Romance DE GERINELDO Levant se Gerineldo que al rey dejara dormido, fuese para la infanta donde estaba en el castillo. -Abr isme, dijo, se ora, abr isme, cuerpo garrido. - Qui n sois vos, el caballero, que llam is a mi postigo? -Gerineldo soy, se ora, vuestro tan querido amigo. Tom rala por la mano, en un lecho la ha metido, y besando y abrazando Gerineldo se ha dormido.
7 Recordado hab a el rey de un sue o despavorido; tres veces lo hab a llamado, ninguna le ha respondido. -Gerineldo, Gerineldo, mi camarero pulido, si me andas en traici n, tr tasme como a enemigo. O dorm as con la infanta o me has vendido el castillo. Tom la espada en la mano, en gran sa a va encendido, fu rase para la cama donde a Gerineldo vido. l quisi ralo matar, mas criole de chiquito. Sacara luego la espada, entre entrambos la ha metido, porque desque recordase viese c mo era sentido. Recordado hab a la infanta y la espada ha conocido. -Recordaos, Gerineldo, que ya rades sentido, que la espada de mi padre yo me la he bien conocido. Romance DE FONTE FRIDA Fontefrida, Fontefrida Fontefrida y con amor, do todas las avecicas van tomar consolaci n, sino es la tortolica, que est viuda y con dolor. Por ah fuera a pasar el traidor del ruise or; las palabras que le dice llenas son de traici n: Si t quisieses, se ora, yo ser a tu servidor. Vete de ah , enemigo, malo, falso, enga ador, que ni poso en ramo verde ni en ramo que tenga flor, que si el agua hallo clara turbia la bebiera yo; que no quiero haber marido porque hijos no haya, no; no quiero placer con ellos ni menos consolaci n.
8 D jame triste, enemigo, malo, falso, mal traidor; que no quiero ser tu amiga ni casar contigo, no! Romance DE LA DONCELLA GUERRERA Pregonadas son las guerras de Francia para Arag n, C mo las har yo, triste, viejo y cano, pecador! No reventaras, condesa, por medio del coraz n, que me diste siete hijas, y entre ellas ning n var n! All habl la m s chiquita, en razones la mayor: -No maldig is a mi madre, que a la guerra me ir yo; me dar is las vuestras armas, vuestro caballo trot n. -Conocer nte en los pechos, que asoman bajo el jub n. -Yo los apretar , padre, al par de mi coraz n. -Tienes las manos muy blancas, hija no son de var n. -Yo les quitar los guantes para que las queme el sol. -Conocer nte en los ojos, que otros m s lindos no son. -Yo los revolver , padre, como si fuera un traidor. Al despedirse de todos, se le olvida lo mejor: - C mo me he de llamar, padre? - Don Mart n el de Arag n . -Y para entrar en las cortes, padre c mo dir yo? -Besoos la mano, buen rey, las cortes las guarde Dios.
9 Dos a os anduvo en guerra y nadie la conoci si no fue el hijo del rey que en sus ojos se prend . -Herido vengo, mi madre, de amores me muero yo; los ojos de Don Mart n son de mujer, de hombre no. -Conv dalo t , mi hijo, a las tiendas a feriar, si Don Mart n es mujer, l as galas ha de mirar. Don Mart n como discreto, a mirar las armas va: - Qu rico pu al es ste, para con moros pelear! -Herido vengo, mi madre, amores me han de matar, los ojos de Don Mart n roban el alma al mirar. -Llevarasla t , hijo m o, a la huerta a solazar; si Don Mart n es mujer, a los almendros ir . Don Mart n deja las flores, un vara va a cortar: - Oh, qu varita de fresno para el caballo arrear! -Hijo, arr jale al regazo tus anillas al jugar: si Don Mart n es var n, las rodillas juntar ; pero si las separase, por mujer se mostrar . Don Mart n muy avisado hubi ralas de juntar. -Herido vengo, mi madre, amores me han de matar; los ojos de Don Mart n nunca los puedo olvidar. -Conv dalo t , mi hijo, en los ba os a nadar.
10 Todos se est n desnudando; Don Mart n muy triste est : -Cartas me fueron venidas, cartas de grande pesar, que se halla el Conde mi padre enfermo para finar. Licencia le pido al rey para irle a visitar. -Don Mart n, esa licencia no te la quiero estorbar. Ensilla el caballo blanco, de un salto en l va a montar; por unas vegas arriba corre como un gavil n: -Adi s, adi s, el buen rey, y tu palacio real; que dos a os te sirvi una doncella leal!. yela el hijo del rey, tras ella va a cabalgar. -Corre, corre, hijo del rey que no me habr s de alcanzar hasta en casa de mi padre si quieres irme a buscar. Campanitas de mi iglesia, ya os oigo repicar; puentecito, puentecito del r o de mi lugar, una vez te pas virgen, virgen te vuelvo a pasar. Abra las puertas, mi padre, bralas de par en par. Madre, s queme la rueca que traigo ganas de hilar, que las armas y el caballo bien los supe manejar. Tras ella el hijo del rey a la puerta fue a llamar. Romance DE LA P RDIDA DE ALHAMA Pase base el rey moro por la ciudad de Granada, desde la puerta de Elvira hasta la de Vivarambla - Ay de mi Alhama!