Transcription of La constitución de 1886. - Jorge Orlando Melo
1 La constituci n de 1886. Jorge Orlando Melo Publicado en: Nueva Historia de Colombia. Bogot . Editorial Planeta. 1989. Vol III. Un nuevo mundo pol tico. Cuando N ez pudo anunciar en 1885 que la Constituci n de 1863 hab a muerto, estaba efectuando una verdadera revoluci n en la organizaci n pol tica del pa s. Entre 1878 y 1885 hab a tratado de lograr una reforma constitucional cuyo contenido apenas vino a precisarse hacia 1884, pero sin que fuera f cil advertir mediante qu mecanismos pod a lograrse. 1 Los radicales, aunque a veces admit an la conveniencia, la necesidad misma de la reforma, nunca aceptaron realmente contribuir a una modificaci n inspirada por N ez.
2 Los conservadores estaban de acuerdo en muchas cosas con el pol tico cartagenero, pero les importaba mucho m s, en el plazo cercano, echarle mano a las riendas del poder. La salida final del impasse la dio la torpeza pol tica de los radicales. En primer lugar, por supuesto, de los guerreristas santandereanos, m s amigos de gestos y actitudes de valor y dignidad que de estrategias calculadas. Pero los guerreristas eran una minor a, y la mayor a pacifista acab presa de los partidarios de la guerra, como ocurrir a despu s, en 1895 y 1899. Para los radicales partidarios de una negociaci n con N ez, de un acuerdo que habr a impedido una reforma muy brusca de la Constituci n, la situaci n era inmanejable: para impedir todo acuerdo bastaba un peque o grupo de opositores, el cual ten a por un lado el derecho de decir que no colaborar a en la reforma constitucional, lo que la hac a imposible, y por el otro, el de enarbolar la bandera del honor, la tradici n liberal, la dignidad.
3 Y entre los mismos pacifistas, la desconfianza hacia N ez estaba ya demasiado arraigada para seguir a aquellos que consideraban viable una transacci n con el presidente. De este modo, los radicales, sin flexibilidad ni capacidad de maniobra, se fueron al desastre, y provocaron la guerra de 1885. Triunfador el gobierno, habr a podido mantener la ficci n de la legitimidad, y aprovechar el triunfo ste procedimiento, como f cilmente se ve, permit a la m s completa ruptura con la Constituci n del para convocar, de acuerdo con la Constituci n vigente, una convenci n que la reformara: contaba con la unanimidad de los estados, pues aquellos que hab an secundado la rebeli n hab an sido derrotados y sus jefes civiles y militares hab an sido nombrados por el gobierno central.
4 Como se ha visto, N ez prefiri romper toda continuidad con el 63 y evitar los riesgos de un resurgimiento de la oposici n antes de que una nueva Constituci n estuviera expedida. Por eso, convoc m s bien a un Congreso de Delegatarios, que deber a estar compuesto por dos representantes por cada estado, uno independiente y otro conservador. Estos deber an ser nombrados por los jefes civiles y militares estatales, que a su vez hab an sido nombrados por N ez. Por lo tanto, el Congreso de Delegatarios estaba compuesto por dieciocho prohombres que hab an sido escogidos realmente por el presidente de la Rep blica.
5 E63, con el federalismo y con el radicalismo. Ninguno de los representantes de i este grupo tendr a representaci n en el Consejo de Delegatarios: hab an r sido derrotados v la nueva Constituci n ser a la de los vencedores. Ni siquiera se dio una representaci n directa a los conservadores de Antioquia, cuyo federalismo era sospechoso: los representantes de este estado fueron inicialmente Jos Mar a Campo Serrano y Jos Domingo Ospina Camacho, el primero coste o y el segundo bogotano. Panam tampoco era muy confiable, y se nombr delegatarios al bogotano Miguel Antonio Caro y a Felipe Pa l, este s del Istmo, pero hombre muy cercano personalmente a N ez.
6 Es evidente que N ez hab a llegado a la conclusi n de que no hab a mucho que hacer con el radicalismo, y que era indispensable desarraigar por completo del pa s la tradici n federal. Es muy probable que hasta mediados de 1884 todav a dominaran en l algunos de los elementos liberales que lo llevaron a decir, al posesionarse de la presidencia en agosto, que era irrevocablemente liberal. Los 11 Un an lisis de los antecedentes de la constituci n se encuentra en Jorge Orlando Melo, Del federalismo a la Constituci n de 1886 (Bogot , 1989) acontecimientos de fines de ese a o no s lo lo entregaron, objetivamente, en manos de los conservadores, sino que lo convencieron de que el radicalismo no deb a volver a levantar cabeza.
7 Y los elementos del pensamiento conservador, el autoritarismo, la utilizaci n del sentimiento religioso como elemento de control social, el rechazo a la pol tica apoyada en las movilizaciones de los sectores plebeyos, entraron a dominar claramente su pensamiento. Era un cambio que ven a de antes, es cierto, y existen muchos antecedentes de este pensamiento en los escritos de N ez de 1880 a 1885. Pero es un cambio que toma un ritmo desbordante a partir de finales de 1884. El fracaso radical dejaba en manos de N ez un inmenso poder, que utiliz sin reatos en los a os iguientes.
8 El Regenerador, as como hab a sido la voz incontrovertible de los independientes, pas a volver al radicalismo, a transar con l y a buscar la unidad liberal. Esto los hac a ospechosos para N ez y sus hombres m s fieles, y durante todos los a os de 1875 a 1885 se vio e Wilches, por ejemplo , eran Luis arlos Rico, Antonio Rold n o Carlos Calder n Reyes. A veces heredaban un importante poder vadores ten an un amago de organizaci n, pero fue disuelta despu s el triunfo para permitir el trabajo sin sospechas con los independientes. No exist an directorios, solvi.
9 N ez hab a se alado la importancia de un partido que respaldara la egeneraci n, y Caro le dio el mayor impulso. Pero no logr tener propiamente una organizaci n ilidad de la nueva onstituci n, sus posibilidades de acci n pol tica ser an realmente muy reducidas. sa ser el or culo indiscutido del nuevo sistema pol tico. El conservatismo le deb a la recuperaci n del poder, y aport en los primeros a os algunos pol ticos de importancia, como don Miguel Antonio Caro, el ide logo constitucional del nuevo r gimen, y don Carlos Holgu n, el pol tico por excelencia, el caballero sin tacha, el amigo personal de liberales y conservadores, y el hombre capaz de transar y encontrar salida pol tica a las situaciones m s dif ciles.
10 Entre ellos y N ez se sell una alianza que resultaba imbatible y que poco a poco desplaz la influencia de los antiguos amigos de N ez, los independientes. A ellos se sumaron los generales conservadores que confirmaron su prestigio en la guerra: Rafael Reyes, Jos Mar a Gonz lez Valencia y Antonio B. Cuervo. Los independientes, como se vio en el cap tulo anterior, ten an un problema: su liberalismo los hac a proclivessc mo muchos importantes independientes volv an al liberalismo tradicional. En 1885, entre los que se manten an como independientes ten an importancia propia los pol ticos militares con una base regional poderosa, como Eliseo Payan, del Cauca, Jos Mar a Campo Serrano, del Magdalena, o Daniel Aldana, de Cundinamarca.