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SUGESTION Y ESTADOS DE CONCIENCIA - psicoter.es

Psicodeia, 1978; 7: 86-90 P gina 1 de 5 SUGESTION Y ESTADOS DE CONCIENCIA Dr. J. L. GONZALEZ DE RIVERA Jefe Adjunto del Servicio de Psiquiatr a Cl nica Puerta de Hierro (Madrid) Misterio y fantas a, con una buena dosis de temor, han rodeado siempre al tema de la hipnosis, su-gesti n o magnetismo, proporcio-nando material propicio para toda una serie de desaprensivos, desde el charlat n de feria, hasta el prac-ticante de vud y cultos similares. Desde los tiempos de Mesmer, se ha considerado el fen meno hip-n tico desde un punto de vista que podr amos llamar energ tico . Se-g n las teor as de Mesmer, ciertas personas tienen la capacidad de emitir una misteriosa fuerza, simi-lar al flujo magn tico de la piedra-im n, y denominada por lo tanto magnetismo animal.

Psicodeia, 1978; 7: 86-90 Página 1 de 5 SUGESTION Y ESTADOS DE CONCIENCIA Dr. J. L. GONZALEZ DE RIVERA Jefe Adjunto del Servicio de Psiquiatría

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1 Psicodeia, 1978; 7: 86-90 P gina 1 de 5 SUGESTION Y ESTADOS DE CONCIENCIA Dr. J. L. GONZALEZ DE RIVERA Jefe Adjunto del Servicio de Psiquiatr a Cl nica Puerta de Hierro (Madrid) Misterio y fantas a, con una buena dosis de temor, han rodeado siempre al tema de la hipnosis, su-gesti n o magnetismo, proporcio-nando material propicio para toda una serie de desaprensivos, desde el charlat n de feria, hasta el prac-ticante de vud y cultos similares. Desde los tiempos de Mesmer, se ha considerado el fen meno hip-n tico desde un punto de vista que podr amos llamar energ tico . Se-g n las teor as de Mesmer, ciertas personas tienen la capacidad de emitir una misteriosa fuerza, simi-lar al flujo magn tico de la piedra-im n, y denominada por lo tanto magnetismo animal.

2 Las personas muy d bilmente cargadas con esta energ a, los sujetos sensitivos, se-rian particularmente susceptibles a esta influencia, y, con un poco de entrenamiento, el magnetizador po-dr a llegar a trasmitir sus deseos junto con su irradiaci n magn ti-ca. El juego de palabras con el magnetismo es f cil, puesto que es evidente que algunas personas son m s atractivas que otras, y que precisamente son estas personas atractivas las que mejor consiguen imponer sus deseos. Tambi n re-sulta un hecho de observaci n co-tidiana, que el atractivo magn ti-co no radica meramente en la buena apariencia f sica, y que en ocasiones, sujetos de aspecto real-mente repulsivo son capaces de ejercer esa fascinaci n, al menos en algunas personas.

3 Sin embargo, la relaci n entre el magnetismo y la sugestionabilidad termina en ese mero juego de asociaciones entre la atracci n de los imanes sobre el hierro y de ciertas personalidades sobre otras. La publicidad constituye un ejemplo del empleo consciente y calculado de la sugesti n. Otra teor a importante sobre el fen meno hipn tico es la de Fre-ud, el inventor del psicoan lisis, que, naturalmente, interpreta la re-laci n hipnotizador-hipnotizado des-de el punto de vista psicoanal tico, y la considera an loga a la relaci n amorosa. Ante el deseo de ser ama-do, el yo del sujeto hipnotizado se somete a los deseos del hipnoti-zador, en el que inconscientemente se ve una imagen paterna o mater-na idealizada.

4 La teor a freudiana tiene la virtud de llamar la aten-ci n sobre un motivo importante del comportamiento en general, es decir, la necesidad de ser querido y aceptado, y el deseo de compla-cer a quien se percibe como capaz de satisfacer esa necesidad. No se explica, sin embargo, en esta teo-r a la alteraci n de CONCIENCIA que acompa a al estado hipn tico, ni puede aplicarse al gran n mero de casos en los que no hay evidencia alguna de esta relaci n amorosa de origen inconsciente. Para comprender mejor el fen -meno hipn tico, es preciso dife-renciar dos componentes que se confunden con frecuencia: la su-gestionabilidad, y la alteraci n de la CONCIENCIA .

5 La sugestionabilidad, o acepta-ci n de las ideas ajenas sin com-probaci n o criticismo, es tan co-m n que podemos decir que gran parte de las acciones, pensamien-tos y sentimientos del hombre or- J. L. Gonz lez de Rivera P gina 2 de 5 Es com n que en las escuelas esot ricas se considere al hombre normal como dormi-do , necesitando des-pertar a la vida, esto es, a la CONCIENCIA es-piritual. dinario han sido sugeridos, de for-ma m s o menos directa. La publi-cidad constituye un ejemplo del empleo consciente y calculado de la sugesti n, que funciona seg n reglas bien precisas, todav a poco conocidas.

6 Un buen convencedor, o un buen l der, ser a una persona que intuitivamente conoce y ma-neja esas reglas, influyendo as en todos aquellos que no saben, o no quieren, protegerse. Ejemplos co-mo los de la Segunda Guerra Mun-dial, muestran hasta qu punto la influencia sugestiva de un l der h -bil puede ser poderosa y nefasta. A menor escala, la compra onerosa de objetos innecesarios, bajo la per-suasi n de un buen vendedor, es un ejemplo diario. Por supuesto, no todos los efectos de la suges-ti n son nocivos. La mayor parte de nuestra educaci n, buen n me-ro de las curaciones, casi todas las actividades en grupo, son realiza-das baj la influencia de procesos sugestivos.

7 Es evidente, por otra parte, que unas personas son m s sugestionables que otras, y la su-gestionabilidad var a en la misma persona de unos momentos a otros, dependiendo, entre otras cosas, del estado de CONCIENCIA en que se encuentre. Los ESTADOS de CONCIENCIA son los distintos niveles en que un in-dividuo mantiene su percepci n del mundo y de s mismo. Cada estado de CONCIENCIA posee unas caracter sticas psicofisiol gicas de-terminadas, y en cada estado de CONCIENCIA existen percepciones y recuerdos caracter sticos. Todos los ESTADOS de CONCIENCIA posibles forman un continuo, y en el cuadro 1 presentamos en esquema los pun-tos mejor conocidos de ese conti-nuo.

8 Te ricamente, es posible po-seer en cada estado toda la infor-maci n presente en los dem s, pe-ro en la pr ctica el hombre normal muestra una relativa incapacidad para transferir su conocimiento de unos ESTADOS de CONCIENCIA a otros, defecto que puede subsanarse me-diante ciertos procedimientos (1 ). Concomitantemente con los es-tados de CONCIENCIA , podemos con-siderar cuatro tipos de CONCIENCIA (cuadro 2), presentes en cada esta-do de CONCIENCIA . La CONCIENCIA espiritual y la CONCIENCIA vital se hallan representadas en su grado m ximo en los ESTADOS de la por-ci n inferior. del esquema-cuadro 1, mientras que la CONCIENCIA inte-lectual y la afectiva predominan en la porci n superior del mismo es-quema.

9 La CONCIENCIA espiritual y la vital son dos aspectos innatos del ser, mientras que la intelectual y la afectiva son adquiridas, pro-ducto de la educaci n y constitu-yen los elementos fundamentales de la llamada personalidad . La CONCIENCIA vital representa el esta-dio m s elemental de CONCIENCIA , presente en todos los seres vivos, y en su m ximo grado de desarrollo puede definirse como la percep-ci n de la propia existencia . Los procesos de razonamiento l gico y las reglas derivadas de los siste-mas de creencia son funci n de la CONCIENCIA intelectual, mientras que los sentimientos y reglas de (1) La habilidad de autoinducir esta-dos de CONCIENCIA inhabituales es la base de m todos terap uticos corno la psicote-rapia aut gena, y de t cnicas para movi-lizar la creatividad.

10 Una discusi n m s extensa de estos aspectos puede encon-trarse en Psicoterapia Aut gena ( de Rivera, Inteva, Madrid, 1978) y en Creatividad y ESTADOS de CONCIENCIA I Congreso Mundial de Academia-, de Medicina, Sevilla, 1977 (Publizado por la Real Academia de Medicina de Sevilla, 1978). reacci n emocional son funci n de la CONCIENCIA afectiva. La concien-cia espiritual es el tipo m s eleva-do de CONCIENCIA , presente s lo en el hombre, y a ella pertenecen to-das las funciones propias de la in-tuici n. Cada tipo de CONCIENCIA est dotado de una voluntad que le es propia, subordinada a las volun-tades de los rdenes de CONCIENCIA superior.


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