Transcription of Los últimos años de Stalin - Viento Sur
1 Post Scriptum Los ltimos a os de Stalin Isaac deutscher Apogeo y ruina de Stalin . El Plan Quinquenal de la posguerra. Los veinte millones de muertos. El nuevo terror. El control de Zhdanov sobre la intelectualidad. El comienzo de la guerra fr a. Stalin rechaza el "Plan Marshall". La Kominform. Revoluci n en Checoslovaquia. El bloqueo de Berl n. La URSS rompe el monopolio nuclear norteamericano. La Revoluci n China: Stalin y Mao Tse-tung. La excomuni n de Tito. La guerra de Corea y sus consecuencias. Resurgimiento del chovinismo gran-ruso. Stalin y los jud os. Sufri paranoia Sta- lin? Sus ltimos pronunciamientos sobre ling stica y econom a. El XIX Congreso. "La conjura de los m dicos". El papel de Stalin revalorado. Su muerte. Los ltimos a os de Stalin lo llevaron a su apogeo pero tambi n a su ruina.
2 El drama de su carrera se reiter en el ep logo; y el escenario -tan enorme desde el principio- en que l desempe su pa- pel, alcanz dimensiones que podr an haber empeque ecido incluso a un hombre de mayor talla. El conflic- to entre la Uni n Sovi tica y sus aliados de guerra hab a abarcado ya la mitad del mundo; ahora la Revolu- ci n China consum su triunfo, poniendo punto final al aislamiento de la Uni n Sovi tica y al "socialismo en un solo pa s", y cubriendo con su sombra todas las dudosas revoluciones que Stalin hab a montado en Europa oriental. La Revoluci n China alter de un golpe el equilibrio de poder en el mundo. Y convirti al estalinismo, con su autosuficiencia nacional y su sagrado ego smo, en un anacronismo insultante. Al mismo tiempo, los cambios en la Uni n Sovi tica iban minando al estalinismo, lenta pero seguramente, desde adentro.
3 La naci n volv a a vivir algunas de sus experiencias de los a os treintas, pues la guerra hab a hecho retroceder y retardado su crecimiento y desarrollo. Stalin reinici los procesos de la "acumulaci n so- cialista primitiva". No pudo permitir al pueblo un momento de descanso despu s de los esfuerzos de la gue- rra. Tuvo que movilizarlo de nueva cuenta y extraerle la ltima onza de energ a a fin de que rehabilitara las industrias destruidas o gastadas, y de que reconstruyera las veintenas de ciudades y poblaciones devastadas. Se enfrent a la enorme fatiga del pueblo con su infatigable severidad. Volvi a disciplinarlo y regimentarlo, imponi ndole de nuevo los m s inclementes decretos de emergencia y c digos de trabajo, someti ndolo al control polic aco ilimitado y extinguiendo todo brote de resistencia y herej a.
4 Sin embargo, no se trataba de una simple repetici n de la historia. La naci n no retrocedi a una fase pret rita de su existencia. Aunque hab a sufrido grandes p rdidas a pausa de la matanza y la devastaci n de la guerra, tambi n hab a ganado nuevo terreno y nuevas ventajas, y su recuperaci n era vigorosa y r - pida. La industrializaci n de las rep blicas y provincias orientales se hab a acelerado; los territorios al otro lado del Volga y de los Urales, donde se hab an instalado los arsenales del Ej rcito Rojo desde la in- vasi n alemana, sirvieron como base para la rehabilitaci n de la econom a nacional, que tambi n se vio auxiliada por las indemnizaciones de Alemania y otros pa ses derrotados. Sobre todo, cultural y pol tica- mente la naci n no era lo que hab a sido.
5 Ya hemos visto c mo su fibra moral fue enriquecida por las ex- periencias de 1941-45, y qu fermentos originaron en su mente tales experiencias. La continuada moder- nizaci n de la sociedad y la educaci n de las masas intensificaron esos fermentos, aun cuando el estado de nimo popular era, en el calamitoso ambiente de la posguerra, de profundo abatimiento. Fiel a su costumbre, Stalin se propuso interceptar y amortecer las manifestaciones de una nueva con- ciencia social. Movido por su propia inseguridad y deseoso de perpetuar el molde "monol tico" en que hab a encerrado la vida de la naci n, trat de revivir y repetir las pesadillas de las grandes purgas. No pod a ver que, al fomentar la modernizaci n de la sociedad y la educaci n de las masas, l mismo esta- ba "envenenando" la mentalidad popular y preparando a Rusia para un rompimiento con el estalinismo.
6 Al no advertir la obsolescencia de sus m todos de gobierno y de sus dogmas, y al quedar rodeado por nubes cada vez m s densas y cegadoras de incienso, se vio en sus ltimos a os m s y m s alejado de las realidades de su tiempo e incluso de su propio r gimen. Los herederos de Stalin , sus d ciles servidores mientras vivi , despu s de su muerte describieron con los colores m s sombr os la lobreguez de sus ltimos a os y hablaron largamente sobre su insensibili- dad ante los sufrimientos del pueblo, su falta de comprensi n y su ineptitud. Hay mucha verdad en tales testimonios, pero stos tambi n contienen un elemento de parodia que tiene por objeto poner de relieve Viento SUR art culo de S LO en la W EB Los ltim os a os de Stalin (Isaac deutscher ) 1.
7 Las presuntas virtudes de sus sucesores. En la posguerra Stalin sigui actuando con aquella mezcla de valor y cobard a, de sabidur a de estadista e insensatez, agudeza y miop a que fueron caracter sticas de toda su carrera; y en muchos aspectos sus tareas fueron ahora m s sobrecogedoras que nunca. El 9 de febrero de 1946, en un discurso "electoral", Stalin proclam el primer Plan Quinquenal de posguerra y esboz los objetivos principales de "tres o m s Planes Quinquenales". Se al que s lo des- pu s de haber alcanzado los objetivos de estos Planes lograr an por fin los pueblos de la URSS la au- t ntica prosperidad y seguridad. Deb an seguir reconstruyendo su poder econ mico de suerte que al cabo de quince a os aproximadamente, estuvieran produciendo 60 millones de toneladas de acero anuales, 500 millones de toneladas de carb n, 60 millones de toneladas de petr leo, y as sucesivamen- te.
8 "S lo entonces", dijo, "estaremos verdaderamente a salvo de cualquier sorpresa". Hablando s lo unos cuantos meses despu s que las primeras bombas at micas estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki, insinu la nueva inseguridad a que el monopolio nuclear norteamericano hab a expuesto a Rusia, y exhort al pueblo a enfrentarse al desaf o norteamericano /1. A muchas personas este ambicioso programa les pareci irreal. Los obreros a quienes Stalin se dirig a estaban hambrientos: el consumo urbano se hab a reducido a cerca de un 40 por ciento de lo que hab a sido en el a o muy poco pr spero de 1940. En las minas de carb n de la cuenca del Donetz, los hombres todav a estaban bombeando agua de los socavones; cada tonelada de carb n extra da representaba un te- soro.
9 Las acer as, destartaladas por el trabajo excesivo, produc an s lo 12 millones de lingotes, una frac- ci n de la producci n norteamericana. Las f bricas de maquinaria eran operadas por trabajadores adoles- centes y semicualificados. La gente se vest a con harapos; muchos iban descalzos. Casi parec a una burla exhortarlos a "alcanzar" a los Estados Unidos. Y, sin embargo, la URSS hubo de lograr los principales ob- jetivos fijados por Stalin , incluso antes del plazo establecido. Las minas de carb n produjeron 500 millo- nes de toneladas anuales al cabo de s lo doce a os. La producci n de petr leo lleg a los 60 millones de toneladas al cabo de nueve a os. Y la industria del acero produjo sus 60 millones de toneladas a fines de la d cada de 1950.
10 Durante el mismo periodo, la producci n de cemento y la construcci n industrial au- mentaron m s de cuatro veces; la utilizaci n industrial de la electricidad por cada obrero se triplic ; y la producci n de m quinas y m quinas-herramientas se elev siete u ocho veces La parte m s considerable y dif cil de este avance se logr durante los ltimos a os de la era de Stalin /2. Simult neamente se echaron los cimientos de la industria nuclear de Rusia. Esta em- presa absorbi una gran parte de los menguados recursos del pa s. El capital invertido en todas las ramas de la industria entre 1946 y 1950 fue tan cuantioso como todas las inversiones hechas durante la campa a de inversiones de la preguerra, desde 1928 hasta el momento de la invasi n nazi. Como siempre, Stalin se empe en el desarrollo de la industria pesada y las f bricas de armamentos; fij objetivos sumamente modestos para las industrias de consumo, y aun stos no se cumplieron.