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é EL INFIERNO - jesustebusca.com.ar

D5^3 ;w*w'f1'' "*' 'T tulo origina!: L ENFER Paris, 1875 Traducci n:D. J. S. y n y notas:Gustavo Daniel CORBIT odos los derechos reservados Hecho el dep sito que marca la ley Impreso en la Argentina Editorial ICTION - 1980 MONSE OR DE S GUREL INFIERNOSI LO HAY, QU ES. MODO DE EVITARLOE ditorial ICTIONB uenos Aires 1980licencia del ordinarioVICARIATO GENERAL DE LA DI CESIS DE BARCELONAPor lo que a Nos toca, concedemos nuestro permiso para reimprimirse el op sculo titu lado: El In fiern o: Si lo hay, qu es, m odo de evitarlo, por Monse or de Segur, mediante que de nuestra orden ha sido examinado y no contiene, seg n la censura, cosa alguna con traria al dogma cat lico y a la sana moral. Impr mase esta licencia al principio o final del op sculo y entreg ense dos ejemplares del mismo, rubricados por el Censor, en la Curia de Nuestro , 27 de Agosto de Vicario General P rovisor,Jos Pa l m a r o l m andato de Su Se or a,- Lic.

8 MONSEÑOR DE SKGVH; EL INFIERNO temos una buena comida con una botella de champagne. —Va la comida y la botella. Te desafío a que no vas a meterte en …

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1 D5^3 ;w*w'f1'' "*' 'T tulo origina!: L ENFER Paris, 1875 Traducci n:D. J. S. y n y notas:Gustavo Daniel CORBIT odos los derechos reservados Hecho el dep sito que marca la ley Impreso en la Argentina Editorial ICTION - 1980 MONSE OR DE S GUREL INFIERNOSI LO HAY, QU ES. MODO DE EVITARLOE ditorial ICTIONB uenos Aires 1980licencia del ordinarioVICARIATO GENERAL DE LA DI CESIS DE BARCELONAPor lo que a Nos toca, concedemos nuestro permiso para reimprimirse el op sculo titu lado: El In fiern o: Si lo hay, qu es, m odo de evitarlo, por Monse or de Segur, mediante que de nuestra orden ha sido examinado y no contiene, seg n la censura, cosa alguna con traria al dogma cat lico y a la sana moral. Impr mase esta licencia al principio o final del op sculo y entreg ense dos ejemplares del mismo, rubricados por el Censor, en la Curia de Nuestro , 27 de Agosto de Vicario General P rovisor,Jos Pa l m a r o l m andato de Su Se or a,- Lic.

2 Ma n u e l Fe r n a n d e z, :.S ecretario Canc. S., 'Era el a o 1837. Dos j venes subtenientes reci n salidos del Colegio de Saint-Cyr visi' taban los m onum entos y curiosidades de ^a" r s. Habiendo entrado en la iglesia de ^ Asunci n, cerca de las Tuller as, mirab in los cuadros, las pinturas y otros detalle# ar^s ticos de aquella hermosa rotonda, sin cju(3 PelV sasen en orar. Cerca de un confesion? ^ 0 v* uno de ellos a un joven sacerdote con sobre pelliz, que oraba ante el Sant simo Hacr!l ment . Mira a ese cura dice a su camarade di- r ase que est esperando a alguien. Tal vez a t responde el otro riofido. |A m ! Y para qu ? Qui n sabe? Tal vez para confiarte. Para confesarme? Pues bien, qu^ Quifl* res apostar y voy a hacerlo?- T ! Ir a confesarte? Bah!Y ech se a re r encogi ndose de homfr* 08, Quieres apostar?)

3 Replica el joven o^cial con adem n entre zumb n y decidido , AP0S 8 MONSE OR DE SKGVH; EL INFIERNO temos una buena comida con una botella de champagne. Va la comida y la botella. Te desaf o a que no vas a meterte en la hab a concluido, cuando el otro, yendo a encontrar al joven sacerdote, habl le una palabra al o do; y ste levant ndose en tra en el confesionario, mientras que el impro visado penitente echa sobre su camarada una mirada de triunfo y se arrodilla como para confesarse. Habr descarG? murmura el otro, y si ntase para ver lo que i(ba a pasar. Aguarda cinco, diez minutos, un cuarto de hora. Qu es lo que hace? se preguntaba con curiosidad alg n tanto impaciente. Qu es lo que puede decir tanto tiempo?Por fin brese el confesionario, sale el sa cerdote con animado y grave continente, y despu s de saludar al joven militar, entra en la sacrist a.)

4 Hab ase levantado tambi n el ofi cial, colorado como un gallo, estir ndose el bi gote con aire aturdido, y haciendo a su amigo se a de que lo siguiese para salir de la iglesia. Vamos le dice aqu l qu es lo que te ha pasado? Sabes que has permanecido cerca de veinte minutos con el cura? A fe m a he cre do por un momento que te confesabas de veras. Has ganado la apuesta. Quieres que sea esta tarde? No respondi con mal humor el otro , hoy no, veremos otro d a; tengo que hacer, he de estrechando la mano de sy compa ero, se alej bruscamente con adem n meditabun PR LOGO do. Qu hab a pasado entre el subteniente y el confesor? Helo aqu :Apenas el confesor hab a abierto la venta nilla del confesonario, cuando por el adem n del joven comprendi que se trataba de una broma. ste hab a llevado su imprudencia hasta decir al acabar no s qu frase: La Re ligi n!

5 La Confesi n! me burlo de ellas!El sacerdote era un hombre de coraz n. Mirad, querido caballero le dice inte rrumpi ndolo con dulzura veo que lo que ha c is no anda muy conforme. Dejemos a un lado la confesi n, y si os place, platiquemos un poco. Yo aprecio mucho a los militares, y por otra parte me parec is un joven bueno y ama ble. Cu l es vuestro grado?El oficial empezaba a conocer que hab a hecho una tonter a. Contento con hallar un medio de salir del paso, contesta con finura: No soy m s que subteniente; acabo de salir de Saint-Cyr. Subteniente? y continuar is mucho tiempo de subteniente? No lo s ; dos, tres, cuatro a os tal vez. Y despu s? Despu s? Pasar a teniente. Y despu s? Despu s? Ser capit n. Capit n? A qu edad se puede ser capi t n? Si me favorece la suerte dice sonriendo el joven , puedo ser capit n a los veintiocho o veintinueve a os.

6 Y despu s? Oh! Despu s la carrera es dif cil: se con tin a siendo capit n por largo tiempo. M s10 MONSE OR DE SEGUR: EL INFIERNO tarde se asciende a comandante; despu s a teniente coronel; despu s a coronel. Y bien! Heos aqu coronel a los cuarenta o cuarenta y dos a os. Y despu s de esto? Despu s? Pasar a brigadier, y despu s a general. Y despu s? Despu s? ya no hay m s que el bast n de mariscal; pero no son tan altas mis pre tensiones. Est bien, pero no os casar is? Sin duda, cuando sea oficial superior. Enhorabuena. Heos aqu casado, oficial superior, general, quiz s r iariscal de Francia. Qui n sabe? Y despu s, caballero? a adi con autoridad el sacerdote. Despu s? despu s? replic el oficial al go turbado , a fe m a no s lo que suceder despu s. Ved cu n singular es esto dice entonces el sacerdote en tono cada vez m s grave.

7 Sa b is lo que suceder hasta entonces, y no sab is lo que ocurrir despu s. Pues bien, yo lo s y voy a dec roslo: despu s, caballero, despu s morir is: despu s de vuestra muerte comparecer is delante de Dios y ser is juzga do, y si continu is haciendo lo que hab is he cho, ser is condenado, ir is al fuego eterno del INFIERNO . He aqu lo que pasar despu s!Y como el joven atolondrado, disgustado por este final, pareciese que quer a levantarse: Un instante, caballero a adi el cura : tengo que deciros a n una palabra. Sois hom bre de honor, no es verdad? Yo tambi n lo soy, acab is de faltarme gravemente; me de b is una reparaci n. Os la pido y xijo en nom I H LOOO11bre del honor: por otra parte es muy sencilla. Vais a darme vuestra palabra de que durante ocho d s, cada noche antes de acostaros, os arrodillar is y dir is en alta voz: "Un d a mo rir , pero me r o.

8 Despu s de mi muerte ser juzgado, pero me r o. Despu s de juzgado se r condenado, pero me r o. Ir al fuego eter no del INFIERNO , pero me r o . Nada m s. Pero vais a darme vuestra palabra de honor de no faltar a eso, no es asi?Cada vez m s fatigado, queriendo a toda costa salir de aquel mal paso, el subteniente lo hab a prometido todo, y el buen sacerdote lo despidi con dulzura, a adiendo: No necesito deciros, mi querido amigo, que os perdono de todo coraz n. Si alguna vez puedo prestaros alg n servicio, me encontra r is siempre aqu , en este mismo lugar; pero no olvid is la palabra empe instante despu s los dos j venes se mar charon, conforme hemos joven oficial comi solo, y estaba ma nifiestamente inquieto. Por la noche, al mo mento de acostarse, vacil un poco, mas ha b a empe ado su palabra, y se decidi.

9 "Morir , ser juzgado, ir quiz s al infier no.. No tuvo valor para a adir: me r ronse as algunos d as. Su penitencia le ven a sin cesar a la memoria, y parec a que resonaba en sus o dos. Era, en el fondo, como la mayor parte de los j venes, m s atolondra do que malo. No hab a transcurrido la sema na, cuando volv a, pero solo, a la iglesia de la Asunci n, se confesaba de veras y sal a del confesionario con el rostro ba ado en l gri mas y la alegr a en el coraz OR DE SEGUR: EL INVIERNOSe me ha asegurado despu s que ha sido un digno y fervoroso pensamiento serio del INFIERNO hab a obrado, con la gracia de Dios, la transforma ci n. Pues bien, lo que ha hecho en el esp ri tu de ese joven oficial, por qu no hab a de hacerlo en el tuyo, amigo lector? Es menes ter, pues, reflexionarlo bien de una menester reflexionarlo; es sta una cues ti n personal si las hay, y profundamente te mible; debes confesarlo: se presenta delante de cada uno de nosotros, y de buen o mal gra do exige una soluci n , pues, si te parece bien, a examinar juntos, breve, pero seriamente, dos cosas: 1?

10 Si hay verdaderamente un INFIERNO ; y 2?, qu es el INFIERNO . Apelo aqu nicamente a tu buena fe y a tu HAY VERDADERAMENTE UN INFIERNO4tHAY UN INFIERNO : STA ES LA CREENCIA DE TODOS LOS PUEBLOS, EN TODOS LOS TIEMPOSLo que los pueblos han cre do siempre y en todos los tiempos, constituye lo que se lla ma una verdad de sentido com n, o si os parece mejor, de sentimiento com n univer sal. Quienquiera que rehusase admitir una de estas grandes verdades universales, no ten dr a, como muy justamente se dice, sentido com n. Es menester, en efecto, ser loco para imaginarse que puede alguien tener raz n contra todo el mundo. En todos los tiempos, desde el principio del mundo hasta nuestros d as, todos los pueblos han cre do en un in fierno. Bajo uno u otro nombre, bajo formas m s o menos alteradas, han recibido, conser vado y proclamado la creencia en terribles castigos, en castigos sin fin, en que aparece siempre el fuego para castigo de los malos despu s de la ste un hecho cierto, y ha sido tan cla ramente demostrado por nuestros grandes fil sofos cristianos, que ser a ocioso, por de cirlo as , tomarse el trabajo de un principio se encuentra consigna 16 MONSE OR DE SEGUR: EL INFIERNOda claramente la existencia de un INFIERNO eter no de fuego en los m s antiguos libros cono cidos, los de Mois s.


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