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Antonio Medrano

LA GUERRA INTERIORA ntonio MedranoExtra do de la obra La lucha con el drag n vida es combate, guerra incesante, lucha y esfuerzo para alcanzar la meta. Y esto, lo queramos o no; nos guste o nos disguste; nos demos o no cuenta cabal de ello. El hombre es por naturaleza un ser combatiente: nace con una misi n luchadora y realiza su destino combatiendo, venciendo obst culos, resistencias y fuerzas hostiles. Vivir es combatir, pelear a brazo partido para superar las dificultades que surgen en nuestro camino, bregar contra los impedimentos que se oponen a nuestros prop sitos y proyectos. No se puede tener una vida aut nticamente humana sin pelear duro, de forma valiente y tenaz. Nuestra existencia cobrar sabor y sentido en la medida en que nos impliquemos combativamente en ella. Vivere militare est, el vivir es guerrear , sentencia S neca en una de sus cartas. [1] Idea que ya encontramos formulada en la Biblia, en el Libro de Job, donde expresamente se afirma: "Milicia es la vida del hombre sobre la tierra".

LA GUERRA INTERIOR Antonio Medrano Extraído de la obra “La lucha con el dragón” www.antoniomedrano.net La vida es combate, guerra incesante, lucha y esfuerzo para alcanzar la meta.

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1 LA GUERRA INTERIORA ntonio MedranoExtra do de la obra La lucha con el drag n vida es combate, guerra incesante, lucha y esfuerzo para alcanzar la meta. Y esto, lo queramos o no; nos guste o nos disguste; nos demos o no cuenta cabal de ello. El hombre es por naturaleza un ser combatiente: nace con una misi n luchadora y realiza su destino combatiendo, venciendo obst culos, resistencias y fuerzas hostiles. Vivir es combatir, pelear a brazo partido para superar las dificultades que surgen en nuestro camino, bregar contra los impedimentos que se oponen a nuestros prop sitos y proyectos. No se puede tener una vida aut nticamente humana sin pelear duro, de forma valiente y tenaz. Nuestra existencia cobrar sabor y sentido en la medida en que nos impliquemos combativamente en ella. Vivere militare est, el vivir es guerrear , sentencia S neca en una de sus cartas. [1] Idea que ya encontramos formulada en la Biblia, en el Libro de Job, donde expresamente se afirma: "Milicia es la vida del hombre sobre la tierra".

2 [2] 1. La gran guerra santa El mito de la lucha con el drag n nos habla de este guerrear. Pero aqu la lucha tiene sobre todo una proyecci n interior: es guerra contra uno mismo, combate contra los impedimentos que hay en el propio ser, lucha sin cuartel contra el ego. Se trata de una guerra intestina en la que est en juego aquello que m s nos importa --o que, al menos, m s nos debiera importar--, a saber: nuestra libertad, dignidad y felicidad. Un combate interior que ser tanto m s intenso cuanto mayor sea la nobleza de la persona, cuanto m s altas y nobles sean sus aspiraciones. Quien no combate internamente, pierde su vida. Quien no quiera pelear, estar condenado a vivir como un despojo viviente, como un perpetuo derrotado, como un trozo inerte zarandeado por los acontecimientos y por la fatalidad del destino. Pero la dimensi n combativa de la vida alcanza su m ximo nivel cuando el vivir se encauza por una v a espiritual, guiado por la luz de la Gnosis o Sabidur a.

3 Entonces, la existencia humana se perfila como una gran batalla o prueba heroica que tiene como objetivo el conocimiento de nosotros mismos, nuestra liberaci n y realizaci n integral. Una batalla, prueba o trance en que somos al mismo tiempo el h roe liberador, la v ctima a liberar y el enemigo a vencer, el tirano a derribar. Contemplada desde una elevada perspectiva espiritual, gn stica y sapiencial, la vida no es sino eso: guerra en el sendero de Dios por la instauraci n de la paz, el orden y la armon a; combate por la conquista de nuestra propia Iluminaci n; lucha por el Conocimiento, por la Sabidur a, por la Visi n trascendente que ha de transformar nuestro ser y que nos ha de aportar la felicidad plena; esfuerzo audaz y perseverante para derribar los obst culos que se interponen entre nosotros y la Realidad; empresa guerrera al servicio de la Luz, esa Luz del Ser y de la Verdad que es suprema fuerza liberadora.

4 Y es de esta gesta heroica interior de lo que nos habla el mito universal de la lucha con el drag n. Pocas im genes expresan esta idea de modo tan directo, gr fico y vigoroso como la del h roe solar alanceando a la negra bestia del averno. En la escena m tica en la que se enfrentan el H roe solar y el monstruo abisal se halla representada, como antes dec amos, la "gran guerra santa", el gran combate espiritual en que se decide el destino ltimo del ser humano. Lo que la doctrina isl mica llama al-jih d al-akbar, "gran jih d" o "jih d mayor", esto es, el "gran combate" en el cual el enemigo a vencer es el infiel que portamos dentro de nosotros (en contraposici n al "jih d menor" o "peque a guerra santa", al-jih d al-asghar, que es la guerra exterior contra los infieles). "La lucha del Amor contra la C lera" de que habla Jakob B hme, lucha que tiene lugar dentro del alma humana. El gran proceso ag nico o "combate espiritual" (geistlicher Streit) que Gichtel, siguiendo los pasos de su maestro, describe como enfrentamiento "entre el Amor y la C lera, entre la Luz y las Tinieblas, entre el S y el No".

5 [3]La "batalla entre las fuerzas opuestas del enga o y de la Bodhi o Iluminaci n", para decirlo con las palabras de Yasutani-roshi, maestro zen japon s del presente siglo.[4]Esa guerra interior se halla figurada en la mitolog a v dica por la guerra entre los devas y los asuras, entre las fuerzas divinas y las fuerzas demon acas. Ya hemos visto que en la lucha de Indra contra el drag n Vritra, este ltimo representa a los asuras o "anti-dioses" mientras el primero es el Rey de los devas o dioses, y que tanto uno como el otro simbolizan fuerzas y tendencias presentes dentro del hombre. "Devas y asuras se combaten sin cesar por el dominaci n del mundo", leemos en la Brihadaranyaka Upanishad.[5] Y este mundo por cuyo dominio luchan las fuerzas de la luz y de las tinieblas es en primer lugar el mundo del hombre, el microcosmos o peque o mundo en el que se refleja la totalidad de la Creaci n, con su inmediata repercusi n en el mundo que lo rodea, ya sea el mundo social o el mundo natural, el universo o macrocosmos.

6 En la disciplina del Yoga, en la que como hemos visto se parte de la f rmula mente = ego y se se ala como meta la "aniquilaci n" o "disoluci n de la mente" (mano-laya o mano-nasha), se habla de librar una aut ntica "guerra contra la mente". As Swami Sivananda Sarasvati nos exhorta a lanzarnos al campo de batalla de lo Absoluto; es decir, a emprender la empresa heroica de descubrir y conquistar la Realidad Suprema, el Brahman, que constituye nuestra m s honda realidad y nos hace ser lo que somos. Para ello --nos dice--, debemos convertirnos en "soldados del esp ritu", dispuestos a luchar con todas nuestras fuerzas contra las potencias que nos encadenan a Maya, la ilusi n c smica, haci ndonos ver como real lo irreal y como irreal o ilusorio lo verdaderamente real. Y entre estos poderes que nos esclavizan, hace notar Sivananda, figura en primer lugar la mente. Si queremos liberarnos de los lazos de Maya y alcanzar la verdadera libertad, tenemos que ser, por tanto, h roes en la lucha contra el manas.

7 Hay que vencer a la mente eg tica, y esto s lo puede lograrse tras duro esfuerzo y enconada lucha.[6]En la tradici n isl mica, y especialmente en la doctrina suf , abundan las referencias a esta guerra santa interior, que los maestros suf es describen como el combate que se libra contra el "alma carnal" (an-nafs al-amm ra). El jihad al-akbar o "gran combate" es la guerra sin cuartel que quien decida orientar sus pasos por "la V a" sagrada de la realizaci n espiritual ha de llevar a cabo contra el yo pagano, polite sta e id latra, adorador de las cosas y de s mismo. Como se ala Seyyed Hossein Nasr, el esp ritu combativo al que apela el principio del jih d va dirigido contra todo lo que niega la Verdad o perturba la armon a; lo cual, aplicado a la propia vida personal, implica un combate incesante contra las tendencias nocivas y desintegradoras que cada cual porta dentro de s , "una guerra continua contra el alma carnal (nafs), contra todo aquello que en el hombre tiende a la negaci n de Dios y Su Voluntad".

8 En su significaci n interior, es decir, como "gran guerra santa", que es la realmente importante, el jih d significa "guerra contra todas aquellas tendencias que apartan al alma del Centro y Origen y la alejan de la gracia del Cielo".[7] Es ste un combate que, como ense a Ibn Abbad de Ronda, m stico andalus del siglo XIV, puede durar toda la vida, y en el cual el luchador debe desconfiar de s mismo y contar nicamente con Dios.[8] En tanto haya una brizna del "yo" que pretende afirmarse al margen del mandato de Dios, deber proseguir ese "gran combate". Refiri ndose a esta "guerra santa mayor", que considera equivalente al camino suf , Martin Lings observa que s lo el m stico o gn stico es capaz de llevarla hasta sus ltimas consecuencias, pues s lo l "sabe lo que es mantener una oposici n met dica a sus posibilidades inferiores y llevar la guerra al territorio enemigo para que el alma entera pueda ser <para Dios>".

9 [9]El Budismo no es una excepci n en esta interpretaci n combativa de la empresa espiritual. La v a b dica se perfila como un combate, como una empresa guerrera y conquistadora: una guerra sin cuartel por la conquista de la Liberaci n. La vida del seguidor de Buddha es una lucha continua contra las fuerzas que dentro de l se oponen a la Iluminaci n, a la realizaci n de la Verdad; una lucha contra la sensualidad, la pasi n y la ignorancia, contra todas las impurezas e impedimentos que brotan del ego. En esto, el fiel budista no hace sino seguir el modelo de Sakyamuni, el fundador de esta tradici n sagrada. Es ste un extremo puesto en evidencia por Shundo Tachibana, el cual tras explicar que Mara es la personificaci n del mal, seg n ya vimos, subraya que la vida entera del Buddha "fue una vida de lucha constante contra este mal", como lo fue tambi n la vida de todos sus disc pulos. Mara y sus seguidores, sigue diciendo Tachibana, son comparados en los textos budistas a un ej rcito, cuyo general es precisamente "el Tentador" como mal principal o ra z de todos los males.

10 [10] La orientaci n guerrera de la disciplina y el ethos budista ha sido resaltada por Julius Evola en su ya cl sico estudio sobre "la V a del Despertar". Evola llama la atenci n sobre la frecuencia con que en los textos can nicos aparece "la asimilaci n de la ascesis budista a la guerra y de la cualidad del asceta a las virtudes del guerrero y del h roe". [11]El Dhammapada abunda en sentencias alusivas al sentido combativo de la v a espiritual. En este antiguo texto sagrado budista aflora por doquier la terminolog a militar, las referencias al arte de la guerra, lo que constituye un claro ndice de esa dimensi n de "guerra santa" que adquiere la marcha a lo largo del "Camino del Dharma" (concepto ste de "marcha" que, por cierto, tambi n presenta innegables connotaciones marciales, al igual que el de "disciplina" antes mencionado ). En un p rrafo que va dirigido al hombre que se esfuerza en el Camino, Buddha aconseja: "Haciendo que su mente permanezca firme como una fortaleza, luche contra Mara con el arma de la sabidur a; proteja su conquista y no se aparte de ella".


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