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Charles Fourier - enxarxa.com

Charles Fourier El falansterio 2 Segunda edici n cibern tica, agosto del 2006 Captura y dise o, Chantal L pez y Omar Cort s 3 Indice Presentaci n de Chantal L pez y Omar Cort s. De la asociaci n. La bolsa comunal. El falansterio. De las series y de los grupos. El trabajo atractivo. Las peque as hordas. De la domesticidad. Los ej rcitos industriales. Del reparto. De la garant a del m nimum. Del lujo y del ahorro. De la fusi n de las clases. De los deberes para con los animales. El equilibrio de la poblaci n. 4 Presentaci n. El 7 de abril de 1772, en el seno de una prospera familia de comerciantes, nace, en la poblaci n de Besan on, Francia, Charles Fourrier, quien posteriormente decidir eliminar una r a su apellido. Fourier quedar a hu rfano de padre a los nueve a os, recibiendo una cuantiosa herencia, la cual, por su corta edad, ser a administrada por su madre, quien much simo empe o pondr a por intentar que su hijo abrazara de lleno la tradici n familiar del comercio, lo que para su desgracia no llegar a a ocurrir.

4 Presentación. El 7 de abril de 1772, en el seno de una prospera familia de comerciantes, nace, en la población de Besançon, Francia, Charles

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1 Charles Fourier El falansterio 2 Segunda edici n cibern tica, agosto del 2006 Captura y dise o, Chantal L pez y Omar Cort s 3 Indice Presentaci n de Chantal L pez y Omar Cort s. De la asociaci n. La bolsa comunal. El falansterio. De las series y de los grupos. El trabajo atractivo. Las peque as hordas. De la domesticidad. Los ej rcitos industriales. Del reparto. De la garant a del m nimum. Del lujo y del ahorro. De la fusi n de las clases. De los deberes para con los animales. El equilibrio de la poblaci n. 4 Presentaci n. El 7 de abril de 1772, en el seno de una prospera familia de comerciantes, nace, en la poblaci n de Besan on, Francia, Charles Fourrier, quien posteriormente decidir eliminar una r a su apellido. Fourier quedar a hu rfano de padre a los nueve a os, recibiendo una cuantiosa herencia, la cual, por su corta edad, ser a administrada por su madre, quien much simo empe o pondr a por intentar que su hijo abrazara de lleno la tradici n familiar del comercio, lo que para su desgracia no llegar a a ocurrir.

2 La juventud de Charles Fourier transcurrir a en una Francia terriblemente convulsionada por el macro movimiento revolucionario que cimentar a las bases de un nuevo orden y, paralelamente, se convertir a en la tumba de un regimen oprobioso. Su inexperiencia en el terreno comercial le conllevar a a perder toda la fortuna heredada de su padre cuando, sin preveer que los tiempos que viv a (1793) no eran propicios para cierto tipo de inversiones, decidi realizar una alocada inversi n poniendo en juego todo su capital, mismo que, para su desgracia, terminar a perdiendo. No obstante lo traum tico que para l habr sido aquella experiencia, dada su juventud, puesto que en aquellos momentos tan s lo contaba con diecinueve a os, Charles Fourier no se amilan y busc afanosamente abrirse su propio camino en la vida. Toc le enfrentar la trist sima realidad social de una Francia sumida en una muy severa crisis econ mica, ante la fort sima presencia de los intentos contrarrevolucionarios que desesperadamente buscaban la reinstauraci n del antiguo r gimen.

3 5 Todo ese marco social que cotidianamente enfrentaba, fue convirti ndose en su materia de inspiraci n, y as , para 1804, publicar a sus primeros art culos en el Bolet n de Lyon, autopresent ndose como el descubridor de un infalible m todo de reorganizaci n social, por medio del cual podr a implantarse la felicidad com n. Para 1808 publicar a su primer libro, La teor a de los cuatro movimientos, libro que pasar a por completo desapercibido. Catorce a os m s tarde, en 1822, publicar a su Tratado de la asociaci n agr cola dom stica o Teor a de la unidad universal, en la cual desarrollaria la instituci n que devendr a en la idea central de su pensamiento: El falansterio. Posteriormente, en 1829, publicar a un nuevo libro con el t tulo, El nuevo mundo industrial y societario, y para 1831, daria a conocer sus lacerantes opiniones sobre sus ut picos competidores Saint-Simon y Robert Owen.

4 Finalmente, un a o antes de morir, en 1836 escribir a su ltima obra, La fausse industrie, morcel e, mensong re et l anidote, l industrie naturelle, combin e, attrayante, v ridique. Charles Fourier morir a a los sesenta y cinco a os de edad, el 10 de octubre de 1837. La obra que aqu publicamos, El falansterio, constituye uno de los ensayos que m s influencia tuvieron, dentro del conjunto de textos de la corriente conocida como, de los socialistas ut picos. Ciertamente, el estilo y las concepciones de Charles Fourier , no son, que digamos, accesibles para cualquier tipo de lector, sino que m s bien el estilo rebuscado, aunado a una concepci n algo complicada y confusa, terminol gicamente hablando, hacen poco accesible al com n de los lectores, los conceptos del armonismo social pregonados por este fil sofo de Besan on. Mas no obtante lo se alado, la importancia de las ideas fouriorianas, en lo particular las relativas al Falansterio, es algo que est fuera de toda discusi n.

5 Las tesis de Fourier expresadas a trav s del Falansterio, permearon por completo al mundo occidental de la primera mitad del siglo XIX, no obstante que, curiosamente, en su momento constituy la manera en como ciertos sectores del catolicismo social militante, busc enfrentar la profusi n del protestantismo social militante 6 representado en las tesis cooperativistas divulgadas por el brit nico Robert Owen. En efecto, aunque parezca cosa de risa, una de las causas de la amplia difusi n del ideario falansteriano, tuvo su base, precisamente, en competencias ideol gico-religiosas entre cat licos y protestantes. En la obra que aqu publicamos queda palpable ese choque de trenes entre las tesis del armonismo de Fourier y las de la cooperaci n de Owen, puesto que el primero arremete con todo en contra del brit nico. Ahora bien, mucho m s all de los celos debidos a indigestas rivalidades de interpretaci n religiosa, encontramos en esta obra de Fourier datos sumamente importantes, que marcar n definitivamente su huella en el devenir hist rico de la cultura europea.

6 Nos estamos refiriendo, por ejemplo, al realce que otorga Fourier al derecho al trabajo. Sin duda la reivindicaci n del derecho al trabajo es de hechura fourioriana, ya que fue precisamente este fil sofo quien m s empe o mostr en divulgar la enorme importancia que, para el desarrollo de sociedades arm nicas, tiene el estricto cumplimiento del m s sagrado de todos los derechos: el derecho al trabajo. Tambi n no est de m s el se alar, la gran trascendencia que en opini n de esta corriente social filos fica, tiene, para el desarrollo arm nico tanto del individuo como de la comunidad, el mantener una gran diversidad de actividades, esto es, no estar dedicado nicamente a un solo tipo de trabajo. Esta idea, que claramente hoy la podriamos circunscribir dentro del campo de la psicolog a laboral u ocupacional, di , en su momento, un gran sello de originalidad a las tesis armonicistas de esta escuela.

7 Hoy, a casi dos siglos de que fueron divulgadas, mucho se avanzar a si empresas, sindicatos e instituciones gubernamentales, releyeran las tesis de Charles Fourier sobre t picos como ste, m xime si tomamos en cuenta toda la cantaleta que se traen en relaci n a la mil veces mentada pero, a la par, no entendida, productividad. Puntos anecd ticos, m s no por ello sin importancia son, por ejemplo, los horarios de actividad diaria expuestos por Fourier en esta obra, en donde se ala, entre otras cosas, el levantarse a las tres de la ma ana (!!!), afirmando, no quedando claro si lo hace en broma o en serio, que si se siguiera ese tipo de horarios y actividades, todos ser amos mucho m s felices (???). 7 Igualmente, cuando aborda el punto de las por l consideradas, peque as hordas, llama poderosamente la atenci n el papel que les otorga en cuanto vigilantes de los ordenamientos protectores de los animales, enfatizando que el infractor de los mismos deber a comparecer ante los tribunales de las peque as hordas, esto es, los tribunales infantiles, ya que stos s ser an capaces de corregir la negativa conducta de los infractores, lo que jam s lograr n hacer tribunales comunes, puesto que la sensibilidad infantil es, en temas como ste, mucho m s juiciosa y sabia.

8 Ni duda cabe que en esto, tiene plenamente la raz n! Esperamos que la presente edici n virtual sea de utilidad para comprender un poco a esta, hasta cierto punto desconocida, corriente del socialismo ut pico, corriente sobre la cual, en la actualidad, mucho nos beneficiar a conocer. Chantal L pez y Omar Cort s 8 I De la asociaci n. Se ha sentado vagamente como principio, que los hombres han sido creados para la sociedad, sin observarse que la sociedad puede ser de dos clases: fragmentaria y combinada, o sea el estado antisocialista y el estado socialista. La diferencia entre uno y otro es la que hay de la verdad al error, de la riqueza a la miseria, de las cumbres a la planicie, de las mariposas a los gusanos. El siglo, en sus presentimientos sobre la Asociaci n, ha seguido una marcha vacilante; ha temido fiarse de sus inspiraciones que le hac an esperar un gran descubrimiento, ha so ado con el v nculo socialista, y no se ha atrevido a proceder a la investigaci n de los medios, sin pensar ni reflexionar jam s acerca de la alternativa siguiente: S lo pueden existir dos m todos para el ejercicio de la industria; a saber: el estado fragmentario o cultivo por familias aisladas, tal como hoy existe, o el estado socialista.

9 Dios no puede optar para el ejercicio de los trabajos humanos, sino entre grupos e individuos; entre la acci n socialista y combinada y la acci n incoherente y fragmentaria. Es un principio que debe recordarse sin cesar. Como discreto distribuidor no ha podido especular acerca del empleo de las parejas aisladas que obran sin unidad por el m todo civilizado; porque la acci n individualista lleva en s siete g rmenes de desorganizaci n de los cuales cada uno basta por s solo para engendrar multitud de des rdenes. Vamos, por la enumeraci n simple de esos vicios, a juzgar si Dios pudo titubear un instante en proscribir el trabajo fraccionado que los engendra. Vicios de la acci n individual en la industria. Trabajo asalariado; servidumbre indirecta. 1 Muerte del funcionario. 9 2 Inconstancia personal. 3 Contraste del car cter entre el padre y el hijo. 4 Ausencia de econom a mec nica.

10 5 Fraude, latrocinio y desconfianza general. 6 Intermitencia de la industria por falta de medios. 7 Conflicto de empresas contrarias. Contrariedad del inter s individual y el colectivo. Ausencia de unidad en los planes y en su ejecuci n. Dios hubiera adoptado todos estos vicios como base del sistema social si se hubiera fijado en el m todo filos fico que sostiene el trabajo fraccionado? Se puede atribuir al Creador tama a sinraz n? Concedamos algunas l neas al examen de cada uno de esos caracteres, paralelamente a los efectos del socialismo. 1 La Viene a detener las m s tiles empresas de un hombre en circunstancias en que nadie, alrededor de l, posee la intenci n de continuarlas o tiene el talento y capitales necesarios para proseguirlas. ** Las series pasionales no mueren nunca; reemplazan cada a o por nuevos ne fitos los asociados que les arrebata la muerte.


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