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1 Desarrollar el o do para poder escuchar . 1 Por Ana Mar a Schl ter Rod s Mientras la religi n no sea sino creencia y forma exterior y mientras la funci n religiosa no sea una experiencia de la propia psique, nada fundamental se ha conseguido. Falta por entender que el mysterium magnum no solo existe en s mismo sino que a la vez y de modo principal est anclado en el alma humana. El que no sabe esto por experiencia propia, puede que sea un te logo muy erudito, pero de lo que es religi n no sabe nada y menos todav a de educaci n del ser humano (..) En una ceguera, se puede decir que tr gica (..) no se dan cuenta de que no se trata de la demostraci n de la existencia de la luz sino del hecho de que existen ciegos que no saben que sus ojos podr an ver. Habr a que darse cuenta de que de poco sirve alabar y predicar la luz cuando nadie la puede ver.
2 Lo que har a falta, por el contrario, es ense ar al ser humano el arte de Carlos Gustavo Jung contin a, diciendo que la tarea m s importante de toda educaci n de adultos es despertar en el alma humana la conciencia de la dimensi n espiritual inherente a todo ser humano. Lo que l dice del ver , igualmente se puede decir del escuchar . Si el o do no est abierto, no se oye; y ni la mejor predicaci n, catequesis o pastoral ser capaz de hacer que el Evangelio toque el coraz n. Ser como con la semilla que cae o en terreno pedregoso o entre zarzas; aunque en alg n momento se la haya acogido con entusiasmo, no echa ra ces y no produce fruto. Por lo tanto, es fundamental ense ar y Desarrollar el arte de escuchar . A qu puede deberse que el coraz n humano est muchas veces como tierra reseca, sin labrar, impermeable a la Palabra que le dar a vida, libertad, felicidad verdaderas?
3 Por qu algunos son capaces de percibir, de modo natural, una dimensi n de profundidad en la vida que le da sentido y la ilumina en medio de cualquier situaci n, mientras que para otros eso mismo, por no estar al alcance de los sentidos y del entendimiento, resulta totalmente irreal? Esta incapacidad no es algo nuevo, sino un problema que acompa a a la misma condici n humana. De ello hablan los profetas y sabios desde antiguo. El evangelista Marcos cuenta c mo, un d a, viendo Jes s que sus disc pulos andaban muy preocupados comentando que solo llevaban un pan en la barca, les dijo: Teniendo ojos no veis y teniendo o dos no o s? No os acord is de cuando part los cinco panes para los cinco mil? (Mc 8,18). En otra ocasi n Jes s llor sobre Jerusal n diciendo: El mensaje de paz (.)
4 Ha quedado oculto a tus ojos (Lc 19,42). Viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden , dice el evangelista Mateo. En ellos se cumple la profec a de Isa as: O r, oir is, pero no entender is; mirar, mirar is, pero no ver is (Mt 13,13-14). Tambi n los evangelistas Juan (12,40) y Lucas (Hch 28,27) citan este texto de Isa as: Mirar is, pero no ver is (Is 6, 9-10). A qu se debe esta incapacidad? 1 Conferencia presentada en Casa igo, de Torre n/M xico 2008; Pastoral Juvenil 2007. 2 C. G. JUNG, Psychologie und Alchemie. Walter-Verlag, Freiburg 1976, introducci n; (edici n castellana en Editorial Rueda). I El profeta Jerem as llama necios a los que tienen ojos y no ven, orejas y no oyen (Jer 5,21). Ezequiel considera rebeldes a los que tienen ojos para ver y no ven, o dos para o r y no oyen (Ez 12,2), y el Deuteronomio habla de un coraz n embotado, pues a pesar de las se ales no hay coraz n para entender ni ojos para ver ni o dos para o r (Dt 29,3).
5 Necedad, rebeld a, tener el coraz n embotado, son para los profetas de Israel motivos por los que el pueblo no ve. La Biblia da a entender que hay una relaci n estrecha entre el ver o no y la manera de vivir, la actitud tica. Habl Mois s al pueblo diciendo: Ahora, Israel escucha los preceptos y las normas que yo os ense o, para que las pong is en pr ctica, a fin de que viv is (..) Guardadlos y practicadlos, porque ellos son vuestra sabidur a y vuestra inteligencia (Dt 4, 1. 6). El profeta Isa as se ala el siguiente camino a la iluminaci n: Cuando destierres de ti la opresi n, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el est mago del indigente, brillar tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volver mediod a (Is 58, 9-10). Aunque ciertamente la Biblia acent a de modo especial este aspecto tico, tambi n otras tradiciones religiosas, consider ndolo fundamental, le dan una gran importancia.
6 En el yoga integral de Patanjali, concebido en ocho etapas, las dos primeras son yama y niyama, ambas referidas al comportamiento tico; en el zen, quien se decide a emprender el camino empieza por jukai, una ceremonia en la que recibe los preceptos. Basta una ojeada al Bhagavad Gita, a los Upanishads, al Sutra del Yoga de Patanjali, a los sermones de Buda, a cualquier sagrada escritura del mundo, a cualquier escrito de un gran m stico del lugar o tiempo que sea, para ver que la disciplina de la mente, la victoria sobre las pasiones desenfrenadas, el placer, la ambici n, la ira, el ansia de poder y, por otra parte, el cultivo de las altas virtudes de la compasi n, de la caridad, de la austeridad, la veracidad, el perd n, la paciencia, la humildad, el amor (..) son los temas principales en que se centran las ense anzas de los iluminados del pasado.
7 En un lenguaje inspirado (..) vuelven a insistir una y otra vez en este mensaje, a fin de dejar claro que el xito en su esfuerzo por alcanzar a Dios, el Nirvana o lo Divino, en la forma que sea, no es posible sin amoldar la propia vida a estos principios. Esto es necesario para que la mente suficientemente purificada se vuelva suficientemente transparente, de modo que la luz divina se pueda filtrar por ella. Es incomprensible que en la actualidad pueda prevalecer la impresi n, incluso entre gente culta y devota, de que una determinada f rmula o t cnica especial de concentraci n o, dicho en otras palabras, alg n m todo secreto pueda bastar para alcanzar niveles de conciencia que est n en la base de toda experiencia m stica en cualquier parte del Jes s insiste a sus disc pulos: No cre is que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
8 Os aseguro que antes pasar n el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la ltima letra o tilde de la ley (..) Quien cumpla los preceptos ser grande en el Reino de los Cielos (Mt 5, 17-19). 3 GOPI KRISHNA, Yoga, a Vision of its Future. Kundalini Research and Publication Trust, New Delhi 1978. II Sin embargo, en el mundo moderno hay muchas personas de comportamiento admirable, buenas y honradas, para las que no es real esa dimensi n de misterio o profundidad que otros parecen vivir con naturalidad. Tiene que haber algo que no depende solo del comportamiento tico, aunque este sea fundamental. Se barrunta algo de ello cuando en el Antiguo Testamento se lee en el Deuteronomio: Este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas ni est fuera de tu alcance.
9 No est en el cielo como para decir: Qui n subir por nosotros al cielo y nos lo traer , para que lo oigamos y lo pongamos en pr ctica? Ni est al otro lado del mar (..) Sino que la palabra est bien cerca de ti, est en tu boca y en tu coraz n (Dt 30,14). En la plenitud de la que habla Jesucristo y que se trasluce en las Bienaventuranzas, hay algo m s que tica. Nacen de una instancia m s ntima, de lo m s profundo del coraz n. Jes s proclama bienaventurados a los limpios de coraz n, porque ellos ver n a Dios. Ese ver est relacionado con algo inherente a la misma ra z de la naturaleza humana. San Juan de la Cruz se refiere a ello como una luz , y dice de ella que nunca falta en el alma, ni en la del m s depravado. Nunca falta en el alma, pero por las formas y velos (..) no se le infunde (S II 15,4). Suele estar como encapsulada o velada por las pasiones, y tambi n por las formas , por una manera de entender que solo pasa por los sentidos y el entendimiento.
10 A estas ltimas en especial se refiere en el Cap tulo X de la Subida II. Al exponer todas las aprensiones e inteligencias que pueden caer en el entendimiento , habla de noticias naturales y sobrenaturales, siendo las primeras todo aquello que el entendimiento puede entender, ahora por v a de los sentidos corporales, ahora por s mismos . Las sobrenaturales abarcan todo aquello que se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural. En estas ltimas, a su vez, distingue entre las corporales (que entran o bien por los sentidos corporales exteriores, o bien por la imaginaci n de los sentidos corporales interiores) y las espirituales. Unas noticias espirituales son distintas y particulares (visiones, revelaciones, locuciones, sentimientos espirituales), pero hay una noticia espiritual que es confusa hoy dir amos, m s bien, difusa oscura y general.