Transcription of Rosa Montero - EPHS Spanish
1 Rosa Montero e fij en Lupe y Lolo, hace ya muchos a os, porque eran, sin lugar a dudas, los raros del barrio. Hay ni os que desde la cuna son distintos y, lo que es peor, saben y padecen su diferencia. Son esos cr os que siempre se caen en los recreos; que andan como almas en pena, de grupo en grupo, mendigando un amigo. Basta con que el profesor los llame a la pizarra para que el resto de la clase se desternille, aunque en realidad no haya en ellos nada risible, m s all de su destino de v ctimas y de su mansedumbre en aceptarlo. 16. Rosa Montero (1851- ). Oriunda de Madrid. Estudi . periodismo y psicolog a mien- tras colaboraba con grupos de teatro independiente como T bano y Can n.
2 Ha publicado en diversos medios de comuni- caci n, y desde 1976, trabaja en exclusiva para El Pa s. En 1980. gan el Premio Nacional de Periodismo para Reportajes y Art culos Literarios. Es autora de novelas como Cr nica del des- amor, La funci n Delta, Te tratar . como a una reina, Amado amo, Temblor, Bella y oscura y La hija del Can bal (Premio Primavera, 1997). Tambi n ha escrito varios libros de entrevista entre los que mencionaremos a Espa a para ti para siempre y Cinco a os de pa s y entrevistas. Lupe y Lolo eran as : llevaban la estrella negra en la cabeza. Lupe era hija de la vecina del tercero, una se ora pechugona y esf rica.
3 La ni a sali redonda desde chiquitita; era patizamba y, de las rodillas para abajo, las piernas se le escapaban cada una para un lado como las patas de un comp s. No es que fuera gorda: es que estaba mal hecha, con un cuerpo que parec a un torpedo y la barbilla sali ndose directamente del estern n. 17. Pero lo peor, con todo, era algo de dentro; algo desolador e inacabado. Era guapa de cara: ten a los ojos grises y el pelo muy negro, la boca bien formada, la nariz correcta. Pero ten a la mirada cruda, y el rostro borrado por una expresi n de perpetuo estupor. De peque a la ve a arrimarse a los corrillos de los otros ni os: siempre fue grandona y les sacaba a todos la cabeza.
4 Pero los dem s crios parec an ignorar su presencia descomunal, su mirada vidriosa; segu an jugando sin prestarle atenci n, como si la ni a no existiera. Al principio, Lupe corr a detr s de ellos, patosa y torpona, intentando ser una m s; pero, para cuando llegaba a los lugares, los dem s ya se hab an ido. Con los a os la vi resignarse a su inexistencia. Se pasaba los d as recorriendo sola la barriada, siempre al mismo paso y doblando las mismas esquinas, con esa determinaci n vac a e in til con que los peces recorren una y otra vez sus estrechas peceras. En cuanto a Lolo, viv a m s lejos de mi casa, en otra calle.
5 Me fij . en l porque un d a los otros chicos le dejaron atado a una farola en los jardines de la plaza. Era en el mes de agosto, a las tres de la tarde. Hac a un calor infernal, la farola estaba al sol y el metal abrasaba. Desat al ni o, lloroso y moqueante; me ofrec a acompa arle a casa y le pregunt . que qui n le hab a hecho eso. No quer an hacerlo , contest entre hipos: Es que se han olvidado . Y sali corriendo. Era un ni o delgad simo, con el pecho hundido y las piernas como dos palillos. Caminaba inclinado hacia delante, como si siempre soplara frente a l un ventarr n furioso, y era tan fr gil que parec a que se iba a desbaratar en cualquier momento.
6 Ten a el pelo tieso y pelirrojo, grandes narizotas, ojos de mucho susto. Un rostro como de careta de verbena, una cara de chiste. Por entonces deb a de estar cumpliendo los diez a os. Poco despu s me enter de su nombre, porque los dem s ni os le estaban llamando todo el rato. As como Lupe era invisible, Lolo parec a ser omnipresente: los otros chicos no paraban de martirizarle, como si su aspecto de triste saltamontes despertara en los dem s una suerte de ferocidad entomol gica. Por cierto, una vez coincidieron en la plaza Lupe y Lolo: pero ni siquiera se miraron. Se repelieron entre s como apestados.
7 18. Pasaron los a os y una tarde, era el primer d a de calor de un mes de mayo, vi venir por la calle vac a a una criatura singular: era un esmirriado muchacho de unos quince a os con una camiseta de color verde fosforescente. Sus vaqueros, demasiado cortos, dejaban ver unos tobillos picudos y unas canillas flacas; pero lo peor era el pelo, una mata espesa rojiza y reseca, peinada con gomina, a los a os cincuenta, como una inmensa ensaimada sobre el cr neo. No me cost trabajo reconocerle: era Lolo, aunque un Lolo crecido y transmutado en calamitoso adolescente. Segu a caminando inclinado hacia delante, aunque ahora parec a que era el peso de su pelo, de esa especie de platillo volante que coronaba su cabeza, lo que le manten a desnivelado.
8 Y entonces la vi a ella. A Lupe. Ven a por la misma acera, en direcci n contraria. Tambi n ella hab a dado el estir n puberal en el pasado invierno. Le hab a crecido la misma pechuga que a su madre, de tal suerte que, como era cuellicorta, parec a llevar la cara en bandeja. Se hab a te ido su bonito pelo oscuro de un rubio violento, y se lo hab a cortado corto, as como a lo punky. Estaban los dos, en suma, francamente espantosos: hab an florecido, conforme a sus destinos, como seres rid culos. Pero se les ve a anhelantes y en pie de guerra. Lo dem s, en fin, sucedi de manera inevitable. Iban ensimismados, y chocaron el uno contra el otro.
9 Se miraron entonces como si se vieran por primera vez, y se enamoraron de inmediato. Fue un 1o de mayo y, aunque ustedes quiz no lo recuerden, cuando los ojos de Lalo y Lupe se encontraron tembl el mundo, los mares se agitaron, los cielos se llenaron de ardientes meteoros. Los feos y los tristes tienen tambi n sus instantes gloriosos. Rosa Montero , La gloria de los feos , en Amantes y enemigos. Cuentos de parejas. Madrid: Alfaguara, 1998, pp. 112-114. 19. Lo que dicen A continuaci n se presenta una lista de palabras con su respectivo sig- las palabras nificado, solo que ste est escrito en desorden.
10 En binas, corr janlo a fin de darle coherencia y sentido. Agreguen, adem s, la categor a gra- matical (verbo, sustantivo, adjetivo, etc.) que le corresponda. Observen el ejemplo: Transmutado: Cambiado o mudado, cosa algo convertir otra en. Transmutado: verbo (en participio ). Cambiado o mudado; convertir algo en otra cosa. Desolador: intensos produce amargura y un muy dolor que tristeza, que extrema causa aflicci n. Calamitoso: infeliz persona desdichada suerte se sale por todo quien aplica a la torpeza o que es mala o mal o a le, que calamidades de acompa ado va Canilla: larga en si es pierna muy especial, largo tibia de la pierna hueso en especial la Entomol gica: estudia la rama de insectos de zoolog a que Patizamba: las fuera persona juntas que tiene rodillas a piernas y hacia las torcidas Repelieron: o aversi n repugnancia causar, impulso o algo violencia con rechazar Estupor.