Transcription of Rosana Guber - UNLP
1 Rosana Guber El salvaje metropolitano Reconstrucci n del conocimiento social en el trabajo de campo PAID S Buenos Aires Barcelona M xico Cubierta de Gustavo Macri Foto cubierta: gentileza de Carmen Guarini 1" edici n en Editorial Legasa, 1991 1a edici n en Editorial Paid s, 2004 1" reimpresi n, 2005 2004 de todas las ediciones en castellano Editorial Paid s SAICF Defensa 599, Buenos Aires e-mail: Queda hecho el dep sito que previene la Ley Impreso en la Argentina - Printed in Argentina California 1231, Ciudad de Buenos Aires, en marzo de 2005 Tirada: 1000 ejemplares ISBN 950-12-2719-7 ndice Pr logo a la segunda edici 13 17 Presentaci n, por Victoria Casabona.
2 21 Pr logo, por Esther 23 Introducci 27 1. El trabajo de campo etnogr fico: trayectorias y 37 1. En los comienzos .. 37 2. La cuna positivista del trabajo de campo .. 41 3. La perspectiva 48 4. Algunas formulaciones cr 51 2. Algunas pistas epistemol gicas del conocimiento antropol 55 1. Nuevos caminos .. 57 2. Reformulaciones en torno a la cuesti n del objeto de conocimiento .. 62 3. El enfoque antropol gico: se as 67 1. Aportes de la antropolog a cl sica: el trabajo de campo y la etnograf 67 2. El papel de la teor a en la producci n del conocimiento 69 3. Dos conceptos clave: diversidad y perspectiva del actor .. 72 4.
3 Caracter sticas de la investigaci n socioantropol 77 4. El trabajo de campo como instancia reflexiva del conocimiento .. 83 1. Qu es el "campo"? .. 83 2. Trabajo de campo y reflexividad .. 85 3. Estilos de trabajo de campo .. 92 4. T cnicas de campo para un conocimiento no etnoc ntrico .. 92 5. Adonde y con qui nes? Preliminares y reformulaciones de la delimitaci n del campo .. 99 1. Niveles de an lisis .. 102 2. Acotando la unidad de estudio y las unidades de an lisis: v as y criterios .. 107 3. Unidad de estudio: n mero y extensi n .. 117 4. Unidades de an lisis: muestra representativa o muestra significativa? .. 119 6. El informante, sujeto de la investigaci n.
4 127 1. El informante: portador o constructor de una 128 2. El informante como objeto: primeras .. 132 3. Conceptualizaciones ulteriores: el informante como expresi n de su mundo social .. 141 7. Presentaci n y roles: cara y ceca del investigador .. 147 1. Vicisitudes de la presentaci n en campo .. 148 2. Asignaci n de roles al investigador o algunas pistas para identificar a un interlocutor .. 161 Los n meros de p gina corresponden a la versi n impresa. 8. La observaci n participante: nueva identidad para una vieja t cnica .. 171 1. Fundamentos "cl sicos".. 171 2. La reflexividad en la observaci n con participaci n.
5 176 9. La corresidencia: un ensayo de ciencia y ficci n .. 189 1. La residencia de la corresidencia .. 190 2. Participaci n y cotidianidad .. 192 3. Cienciay ficci 198 4. Viejas costumbres en nuevos contextos .. 200 10. La entrevista antropol gica: Introducci n a la no 203 1. No hay preguntas sin respuestas (impl citas) .. 204 2. L mites y supuestos de la o 210 11. La entrevista antropol gica. 2. Preguntas para abrir los sentidos .. 219 1. Din mica general: la entrevista en la investigaci 219 2. Din mica particular: la entrevista en el encuentro .. 236 3. De controlesy 242 4. Una buena o mala entrevista? .. 245 5.
6 El rapport una utop a necesaria?.. 246 12. El registro de campo: primer an lisis de datos .. 251 1. Formas de 252 2. Qu se registra? .. 257 Ep logo .. 261 13. Casos de registro .. 263 1. De la presentaci n del investigador en campo. Notas de Ra l D 263 2. De la observaci n con participaci n. Notas de M nica 266 3. De la producci n de datos. Notas de Ariel Gravano .. 270 14. A modo de ejercitaci n ..;.. 275 1. Un esquema pr ctico para construir el objeto del 275 2. Ejercicios para "mantener la cintura" .. 289 15. Conclusiones: cierre y apertura .. 303 Bibliograf a 313 A la memoria de Ester Hermitte Pr logo a la segunda edici n En abril de 1988, hace quince a os, termin de redactar El salvaje metropolitano.
7 Desde entonces, tanto se ha publicado sobre l trabajo de campo y la etnograf a, y tantas cosas han pasado en el mundo y en mi vida personal e intelectual, que parece una temeridad reeditar un libro aparentemente tan comprometido y atravesado por cierta coyuntura. A decir verdad, creo que la decisi n de reeditar El salvaje metropolitano obedece, adem s de a la afortunada y poco corriente decisi n de Editorial Paid s y de Ra l Illescas de emprender una "reedici n", a otras dos razones. Una es la extraordinaria demanda del libro mientras estuvo en las librer as, y aun despu s. El primer Salvaje se hizo solo, camin por los negocios y lleg a rincones inesperados (para m ). En esto, su trayectoria se parece bastante al trabajo de campo etnogr fico que predica en sus p ginas: no es estridente ni se viste de gala; es cotidiano, lleno de placeres e incomodidades, de explosiones de risa y de rabia, con errores y uno que otro acierto.
8 Sigo creyendo que el trabajo de campo etnogr fico es el m todo (o mejor dicho, el conjunto de actitudes o disposiciones metodol gicas) de las ciencias sociales que m s se parece a la vida. Por eso, El salvaje metropolitano quiso vestirse de manual, pero s lo puede tomarse como un texto "a mano" que advierte contra los m todos cerrados y los caminos sencillos, previsibles y garantizados. Al volver a leerlo para su reedici n, me encuentro con la misma intenci n antirreceta del "trabajo de campo ideal" o del "procedimiento perfecto" con que, recuerdo, lo escrib . Los trabajadores de campo etnogr fico sabemos que ni informantes clave ni rapports, ni llamar a ciertas formas de interacci n social con el nombre rimbombante de "t cnicas etnogr ficas", nos salvan del desconcierto, [13] la improvisaci n, el sentido com n, los pasos en falso y las jus-tificaciones retroactivas.
9 Quiz s por eso El salvaje metropolitano entr en muchas casas y en muchos trabajos de campo bajo la forma legal del libro, y la forma ilegal de la fotocopia, especialmente desde que alrededor de 1996 desapareci de las librer as. El texto les serv a a los j venes investigadores para sus primeras entradas al campo. Porque siempre hay j venes investigadores en cada uno de nosotros, no s lo en edad y experiencia, y porque cada trabajo de campo es tan nico que siempre parece el primero, decid volver a publicarlo. Pero hay otra raz n para esta decisi n. Visto en perspectiva, sus principios se sostienen hoy, pese a todo lo escrito sobre trabajo de campo, reflexividad y etnograf a en antropolog a, sociolog a, comunicaci n, ciencias pol ticas, ciencias de la educaci n, ciencias de la salud, planificaci n y administraci n p blica, etc.
10 Por ello, me limit a homenajear al Salvaje con una breve estad a en un spa, a hacerle un liger simo liftingsm cambiarle su apariencia ni su cuerpo de operario de taller. En verdad, creo que el tratamiento le sirvi para ponerse a tono con lo que he aprendido en estos a os y con los trabajos de campo que hice, aunque afortunadamente encontr que segu amos en la misma sinton a; por eso l sigue siendo quien era y yo pude respetarlo. Meterme a fondo con El salvaje de 1991 hubiera sido civilizarlo, y nada m s lejos de mis deseos. Mucho puede cambiarse y corregirse a la luz de todo lo que se ha escrito y de cuanto ha ocurrido en el mundo y, particularmente, en la Argentina. El libro se ocupa del trabajo de campo, sus fundamentos, su ejercicio y sus menesteres; los ejemplos proceden de lo que fue mi experiencia de investigaci n hasta 1988, esto es, antes que el desempleo 1alcanzara los niveles que alcanz y la pobreza urbana se degradara en formas desconocidas para los argentinos.