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1 Revista Digital Sociedad de la Informaci n N 23 Noviembre 2010 1/13 Edita Cefalea La influencia de la educaci n antigua en la educaci n actual: el ideal de Paideia Jos Luis Gonz lez Geraldo Universidad de Castilla-La Mancha Facultad de Ciencias de la Educaci n y Humanidades Resumen La sociedad de nuestro tiempo se encuentra en constante cambio. Un cam-bio cada vez m s acelerado y dif cil de controlar en el que la educaci n ya no est a la cabeza del mismo, sino que depende de las evoluciones y din micas pol ticas y, sobre todo, econ micas. El cambio educativo que estamos vivien-do en estos momentos, el denominado Proceso de Bolonia es una clara prue-ba de ello, y se origina despu s de que la iniciativa de uni n europea comen-zada por Robert Schuman en la segunda mitad del siglo pasado, se haya vis-to reforzada por la convergencia econ mica que tiene al Euro como elemen-to indispensable.
2 Sea como fuere, el presente art culo pretende indagar en uno de los ideales antiguos m s relevantes: el de Paideia, para observar c -mo stos condicionaban la educaci n antigua y poder compararla con la edu-caci n actual, especialmente la educaci n superior. Una educaci n integral que no s lo se centra en el conocimiento, sino tambi n en la calidad humana de las propias personas. Palabras Clave Historia de la Educaci n; Educaci n; Paideia; ense anza-aprendizaje. Revista Digital Sociedad de la Informaci n N 23 Noviembre 2010 2/13 Edita Cefalea Introducci n: A lo largo de la historia, todo pueblo que alcanza un m nimo de desa-rrollo ha dedicado, a n inconscientemente, parte de sus esfuerzos a que los conocimientos y valores que consideraron como v lidos se conservaran y transmitieran de generaci n en generaci n, creando una impronta de la so-ciedad en el individuo.
3 Es decir, desde que el ser humano crey en su esencia social ha cre do en la educaci n. Remontarnos al ser a irnos al comienzo de todo, a los tiempos donde el homo sapiens empez a fabricar instrumentos y a usarlos cada vez mejor; al propio origen del tiempo o, mejor dicho, al origen del tiempo entendido tal y como el hombre lo construy (Vi ao, 2002). Ser a entonces cuando podr amos identificar lo que algunos han con-siderado el nacimiento de la cultura (Bowen, 1992). Una simple palabra: cul-tura, que quiz responde a un concepto abismalmente m s elaborado. Incluso civilizaciones tan grandes como la mesopot mica y la egipcia no son para mu-chos merecedoras de poder usar la palabra cultura tal y como la entende-mos actualmente y, para comprenderlo y poder acotar nuestro debate, to-maremos como punto de partida la cuna de nuestra sociedad actual: la Gre-cia antigua .
4 Los or genes de la educaci n de nuestro siglo: el ideal de Paideia Aqu ser , sin duda, donde encontraremos un salto hist rico cualitati-vo y los cimientos de nuestra cultura tal y como la entendemos hoy en d a. Puntualicemos estas ltimas tres palabras. La realidad de nuestro tiempo: social, pol tica, econ y, por supuesto, educativa, est socio-hist ricamente condicionada, es decir, lo que hoy consideramos como acep-table para nuestra sociedad, seguramente no lo ser tanto tras varias d ca-das y, es m s, no lo es ya para otros pa ses con otras formas de entender la educaci n: para ello s lo tenemos que pensar en c mo se educa en una ma-draza y compararlo con nuestro sistema escolar.
5 Habiendo dicho esto, nos gustar a centrar nuestro estudio en el qu se ense aba y tambi n discutiremos el por qu , pero prestando especial atenci n en el c mo y en el qui n, para relacionarlo con la actualidad; nos interesa ver la manera en que los alumnos aprendieron y los profesores en-se aron, el papel que jugaron unos y otros a lo largo de la historia de la edu-caci n. As , respondiendo a cada una de estas preguntas conoceremos un Revista Digital Sociedad de la Informaci n N 23 Noviembre 2010 3/13 Edita Cefalea poco m s el pasado, entenderemos mejor el presente y, quiz , podremos elegir nuestro futuro.
6 Muy lejos queda la figura del primer pedagogo (1) que, normalmente era un esclavo de la familia elegido por la confianza depositada en l o por su incapacidad de realizar otras tareas m s productivas y, aunque en mu-chas ocasiones era considerado como parte de la familia, sus funciones se reduc an, entre otras pocas, a acompa ar al ni o de casa a la escuela y vice-versa, llevarle el material, comprobar que se comportara en p blico como era debido, con buenas maneras y honestidad, que llevara sus ropas con gra-cia y que estuviera siempre en silencio en presencia de sus mayores. Es de-cir, el pedagogo de entonces era una mezcla de varias profesiones pues te-n a que curar, limpiar, vigilar y, quiz la m s importante dentro del incipiente Espacio Europeo de Educaci n Superior (EEES), guiar, entre otras.
7 La ense anza propiamente dicha, en las escuelas p blicas proporcio-nadas por el estado, corr a a cargo del maestro que posteriormente tomar a el nombre de did skalos, y la metodolog a utilizada era bastante tediosa y memor stica, utilizando como textos de apoyo aquellos que reforzaban por su contenido la moral de alumno. En el aula no todo se ense aba a todos, la educaci n f sica y la m sica, pares esenciales del futuro ciudadano, estaban reservadas para las clases sociales m s elevadas. Como vemos, para aquellos afortunados a los cuales estaba reservada todo tipo de educaci n, sta si-gue unos principios arm nicos para lograr el equilibrio promulgado por la ka-lokagath a (2).
8 Relacion ndolo con el modelo 3P de la ense anza desarrollado por Biggs (Biggs, 1999, 2005; Biggs y Tang, 2007), uno de los modelos actuales m s utilizados en educaci n, sobre todo en educaci n superior, podr amos llegar a la conclusi n de que este tipo de docencia responde al primer nivel o teor a de ense anza que, como veremos, es el menos elaborado de los tres posibles y donde el profesor reconoce la existencia de buenos y malos estu-diantes, y su responsabilidad s lo concierne al conocimiento y exposici n de contenidos. El profesor es el experto en los conocimientos, el sabio del escenario, que expone la informaci n que los estudiantes tie-nen que absorber y repetir con exactitud, seg n su capacidad, su motivaci n e, incluso, su car cter tnico.
9 (Biggs, 2005, p. 40-41) Revista Digital Sociedad de la Informaci n N 23 Noviembre 2010 4/13 Edita Cefalea La cita seleccionada concuerda en gran medida con la metodolog a uti-lizada en la antigua Grecia, y que todav a sigue utiliz ndose irreflexiva e indiscriminadamente en todo el mundo. Ser en el Siglo V , m s concretamente en su segunda mitad, don-de encontramos la primera figura que podr a ser calificada como profesio-nales de la educaci n, los sofistas. Al tildarlos de profesionales y teniendo en cuenta las diferencias sociales de la poca, no es raro ver que su funci n no comprend a la formaci n de los ciudadanos de la polis, sino la formaci n de los que gobernar an a todos ellos, arist cratas de alta cuna a los cuales el simple hecho de su existencia merec a las mejores ense anzas.
10 Quiz ser a algo parecido, si podemos utilizar este adjetivo, a los profesores de ense- anza superior actuales, mitad fil sofos mitad ret ricos, representantes de la cultura en general y sin una ciencia en particular. Cobraban por sus ense- anzas y se vend an de ciudad en ciudad con su oratoria como tarjeta de presentaci n y sus actuales alumnos como aval. Posiblemente, uno de los m s famosos sofistas fuera Prot goras, qui n pensaba que el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son, y defend a la inexistencia de una verdad absoluta y universal sino que son verdades como cada uno de nosotros percibe que son.