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en Bohemia - ILCE

Un esc ndalo en Bohemia Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930). 0 . Un esc ndalo en Bohemia Parte 1 ..2. Parte 2 .18. Parte 3 .35. 1. UN ESC NDALO EN Bohemia . Sir Artur Conan Doyle I. Para Sherlock Holmes ella es siempre la mujer. Rara vez he o do que la mencione por otro nombre. A sus ojos, ella eclipsa al resto del sexo d bil. No es que haya sentido por Irene Adler una emoci n que pueda compararse al amor. Todas las emociones, y sa particularmente, son opuestas a su mente fr a, precisa, pero admirablemente equilibrada. Es, puedo asegurarlo, la m quina de observaci n y razonamiento m s perfecta que el mundo ha visto; pero como amante, como enamorado, Sherlock Holmes hab a estado en una posici n completamente falsa. Jam s hablaba de las pasiones, aun de las m s suaves, sin un dejo de burla y desprecio. Eran cosas admirables para el excelente para recorrer el velo de los motivos y acciones de los hombres. Pero para el razonador preparado, admitir tales intromisiones en su propio temperamento, cuidadosamente ajustado, era introducir un factor que distraer a y descompensar a todos los delicados resultados mentales.

familiar para mí, que siempre estará asociada en mi mente a la época de mi noviazgo y a los oscuros incidentes del . Estudio en escarlata, me sentí invadido por un intenso deseo de ver a Holmes y de saber cómo estaba empleando, ahora, sus

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1 Un esc ndalo en Bohemia Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930). 0 . Un esc ndalo en Bohemia Parte 1 ..2. Parte 2 .18. Parte 3 .35. 1. UN ESC NDALO EN Bohemia . Sir Artur Conan Doyle I. Para Sherlock Holmes ella es siempre la mujer. Rara vez he o do que la mencione por otro nombre. A sus ojos, ella eclipsa al resto del sexo d bil. No es que haya sentido por Irene Adler una emoci n que pueda compararse al amor. Todas las emociones, y sa particularmente, son opuestas a su mente fr a, precisa, pero admirablemente equilibrada. Es, puedo asegurarlo, la m quina de observaci n y razonamiento m s perfecta que el mundo ha visto; pero como amante, como enamorado, Sherlock Holmes hab a estado en una posici n completamente falsa. Jam s hablaba de las pasiones, aun de las m s suaves, sin un dejo de burla y desprecio. Eran cosas admirables para el excelente para recorrer el velo de los motivos y acciones de los hombres. Pero para el razonador preparado, admitir tales intromisiones en su propio temperamento, cuidadosamente ajustado, era introducir un factor que distraer a y descompensar a todos los delicados resultados mentales.

2 Una basura en un instrumento sensitivo o una grieta en un lente fin simo, no habr a sido m s perjudicial que una emoci n intensa en una naturaleza como la suya. Y, sin embargo, para l no hubo m s que una mujer, y esa mujer fue la difunta Irene Adler, de dudosa y turbia memoria. Hab a visto poco a Holmes ltimamente. Mi matrimonio nos hab a alejado. Mi propia felicidad y los intereses dom sticos que surg n alrededor del hombre que se encuentra por primera 2. vez convertido en amo y se or de su casa, eran suficientes para absorber toda mi atenci n; mientras que Holmes, que odiaba cualquier forma de sociedad con toda su alma de bohemio, permaneci en nuestras habitaciones de Baker Street, sumergido entre sus viejos libros y alternando, de semana en semana, entre la coca na con la ambici n, la somnolencia de la droga con la feroz energ a de su propia naturaleza inquieta. Continuaba, como siempre, profundamente interesado en el estudio del crimen y ocupando sus inmensas facultades y sus extraordinarios poderes de observaci n en seguir las pistas y aclarar los misterios que hab an sido abandonados por la polic a oficial, como casos desesperados.

3 De vez en cuando escuchaba alg n vago relato de sus haza as: su intervenci n en el caso del asesinato Trepoff, en Odessa; su soluci n en la singular tragedia de los hermanos Atkinson, en Trincomalee, y, finalmente, en la misi n que hab a realizado, con tanto xito, para la familia reinante de Holanda. Sin embargo, m s all de estas muestras de actividad, que me concretaba a compartir con todos los lectores de la prensa diaria, sab a muy poco de mi antiguo amigo y compa ero. Una noche fue el 20 de marzo de 1888 volv a de visitar a un paciente (hab a vuelto al ejercicio de mi profesi n como m dico civil), cuando mi recorrido de regreso a casa me oblig . a pasar por Baker Street. Al pasar por aquella puerta tan familiar para m , que siempre estar asociada en mi mente a la poca de mi noviazgo y a los oscuros incidentes del estudio en escarlata , me sent invadido por un intenso deseo de ver a Holmes y de saber c mo estaba empleando, ahora, sus 3.

4 Extraordinarias facultades. Sus habitaciones estaban brillantemente iluminadas. Al levantar la mirada hacia ellas, not su figura alta y esbelta pasar dos veces, convertida en negra silueta, cerca de la cortina. Estaba recorriendo la habitaci n r pida, ansiosamente, con la cabeza sumida en el pecho y las manos unidas a la espalda. Para m , que conoc a a fondo cada uno de sus h bitos y de sus estados de nimo, su actitud y su comportamiento eran reveladores. Estaba trabajando de nuevo. Se hab a sacudido de sus ensue os toxic manos y estaba sobre la pista candente de alg n nuevo caso. Toqu la campanilla y fui conducido a la sala que por tanto tiempo compart con Sherlock. No fue muy efusivo. Rara vez lo era; pero creo que se alegr . de verme. Casi sin decir palabra, aunque con los ojos brill ndole bondadosamente, me indic un sill n, me arroj su cajetilla de cigarrillos y se al hacia una botella de whisky y un sif n que hab a encima de una c moda.

5 Entonces se puso de pie frente al fuego y me mir con el detenimiento tan peculiar de l. El matrimonio le sienta bien me dijo . Creo, Watson, que ha aumentado unas siete libras y media desde que no nos vemos. Siete contest yo. Deb haber pensado un poco m s antes de decir Y veo que est ejerciendo de nuevo. No me hab a dicho que intentaba dedicarse a su profesi n. Entonces, c mo lo sabe? 4. Lo veo, lo deduzco. C mo s que se ha estado exponiendo mucho a la lluvia ltimamente y que tiene una criada torpe y descuidada? Mi querido Holmes protest yo , esto es demasiado. Si hubiera vivido hace unos siglos, habr a muerto en la hoguera por brujer a. Es cierto que el jueves sal a dar un paseo por el campo y llegu a casa empapado; pero me he cambiado de ropa y no puedo imaginarme c mo deduce esto. En cuanto a Mary Jane, es incorregible y mi esposa la ha despedido; tampoco imagino c mo logr adivinarlo. Holmes sonri para s y se frot las manos largas y nerviosas.

6 Es la simplicidad misma. Mis ojos me dicen que en la parte exterior de su zapato izquierdo, exactamente donde alumbra mejor la luz, la piel est raspada toscamente en seis lugares, trazando rayas paralelas. Obviamente esto ha sido causado por alguien que trat de quitar el lodo que cubr a el zapato, pero lo hizo con positiva torpeza, sin cuidado alguno. De ah mi doble deducci n de que se expuso a la lluvia y de que tiene un esp cimen en particular incompetente de la maligna servidumbre londinense. En cuanto al ejercicio de su profesi n, si un caballero entra en esta habitaci n oliendo a yodoformo, con una mancha negra de nitrato de plata en el ndice derecho y una prominencia a un lado del sombrero de copa, mostrando d nde ha escondido su estetoscopio, necesitar a ser muy tonto para no declararlo miembro activo de la profesi n m dica. Pude evitar echarme a re r por la facilidad con que explicaba sus deducciones. 5. Cuando le oigo exponer sus razonamientos coment , la cuesti n me parece siempre tan rid culamente simple, que me siento seguro de que podr a haber hecho f cilmente las mismas deducciones que usted.

7 Sin embargo, a cada nuevo caso que se me presenta de sus aparentemente extra os poderes, me siento desconcertado hasta que me explica el proceso que sigui . Y no obstante, creo tener tan buenos ojos como usted. Es posible contest encendiendo un cigarrillo y dej ndose caer en un sill n . Usted ve, pero no observa. La distinci n es perfectamente clara. Por ejemplo, usted ha visto con frecuencia la escalera que conduce del vest bulo a esta habitaci n. Ciertamente. Cu ntas veces? Bueno, varios centenares de ocasiones. Entonces, podr decirme cu ntos hay. Cu ntos escalones? No s . Ahora comprende? Usted no ha observado, a pesar de haber visto. Eso es lo que quer a decirle. Ahora bien, yo s que hay diecisiete escalones, porque he visto y he observado. Por cierto, ya que est interesado en estos problemitas y que ha sido lo bastante amable como para publicar una o dos de mis experiencias, quiz le guste ver esto me entreg una hoja de papel grueso, de un suave tono sonrosado, que hab a estado hasta entonces sobre la mesa.

8 Me lleg en el correo de la tarde. L ala en voz alta. 6. La nota no ten a fecha, ni firma, ni domicilio del remitente. Dec a: Visitar a usted esta noche, faltando un cuarto para las ocho, un caballero que desea consultar a usted sobre un asunto de extrema importancia. Sus recientes servicios a una de las casas reales de Europa han demostrado que es usted persona a quien puede confiarse asunto de tal importancia, que nada de lo que se dijera al respecto resultar a exagerado. Estos datos de usted de todas partes hemos recibido. Procure, por tanto, estar en su casa a esa hora, y no se sorprenda si su visitante se presenta enmascarado. Este es un asunto realmente misterioso coment . Qu . cree que puede significar? No tengo datos todav a. Es un error capital tratar de formular teor as antes de tener datos. Insensiblemente, uno empieza a retorcer los hechos para que se adapten a las teor as, en lugar de que las teor as se adapten a los hechos.

9 Pero, qu . deduce de la nota misma? Examin con cuidado la escritura y el papel que hab an usado para escribir. El hombre que la escribi est en buenas condiciones econ micas coment tratando de imitar el raciocinio de mi compa ero . Este papel no puede adquirirse por menos de media corona el paquete. Es peculiarmente grueso y resistente. sa es la palabra exacta dijo Holmes . No es papel ingl s. Col quelo contra la luz. 7. Lo hice y vi una E may scula con una g min scula, una P y una G may sculas con una t min scula, marcadas en la superficie del papel. Qu deduce de esto? pregunt Holmes. Es el nombre del fabricante, sin duda; o m s bien, su monograma. De ning n modo. La G may scula con la t min scula significan Gesellschaft, que es el equivalente en alem n de Compa a. Es la abreviatura acostumbrada, equivalente a nuestra C a. La P, desde luego, significa Papier. Ahora veamos lo de la Eg. Consultemos nuestra Gu a continental (baj un pesado volumen marr n de uno de los anaqueles).

10 Eglow, aqu estamos, Egria. Es un lugar en que hablan alem en Bohemia , no lejos de Carlsbad Notable por haber sido la escena de la muerte de Wallenstein, y por sus numerosas f bricas de vidrio y de papel. Ja! Ja! Qu le parece eso, hijo m o? sus ojos brillaban y arroj una gran nube azulosa de su cigarrillo. El papel fue hecho en Bohemia exclam . Precisamente. Y el hombre que escribi la nota es alem n. Note la construcci n un poco forzada de esa frase: "Estos datos de usted de todas partes hemos recibido". Un franc s o un ruso no hubiera escrito as . Es el alem n quien cambia la construcci n de las frases en esa forma. S lo queda, por tanto, descubrir qu desea este alem n que escribe en papel bohemio 8. y que prefiere usar una m scara a mostrar su rostro. Y aqu . viene, si no me equivoco, a resolver todas nuestras dudas. Se escuch el ruido claro de las herraduras de los caballos y el rozar de las ruedas sobre el pavimento, seguidos por el llamado brusco de la campanilla.


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