Transcription of Pulgarcito - Cuentos infantiles
1 Pulgarcito Autor: Charles Perrault Hab a una vez un pobre campesino. Una noche se encontraba sentado, atizando el fuego, y su esposa hilaba sentada junto a l, a la vez que lamentaban el hallarse en un hogar sin ni os. Qu triste es que no tengamos hijos! dijo l . En esta casa siempre hay silencio, mientras que en los dem s hogares todo es alegr a y bullicio de criaturas. Es verdad! contest la mujer suspirando .Si por lo menos tuvi ramos uno, aunque fuera muy peque o y no mayor que el pulgar, ser amos felices y lo amar amos con todo el coraz n. Y ocurri que el deseo se cumpli . Result que al poco tiempo la mujer se sinti enferma y, despu s de siete meses, trajo al mundo un ni o bien proporcionado en todo, pero no m s grande que un dedo pulgar.
2 Es tal como lo hab amos deseado dijo . Va a ser nuestro querido hijo, nuestro peque o. Y debido a su tama o lo llamaron Pulgarcito . No le escatimaban la comida, pero el ni o no crec a y se qued tal como era cuando naci . Sin embargo, ten a ojos muy vivos y pronto dio muestras de ser muy inteligente, logrando todo lo que se propon a. Un d a, el campesino se aprestaba a ir al bosque a cortar le a. Ojal tuviera a alguien para conducir la carreta dijo en voz baja. Oh, padre! exclam Pulgarcito yo me har cargo! Cuenta conmigo! La carreta llegar a tiempo al bosque. El hombre se ech a re r y dijo: C mo podr a ser eso? Eres muy peque o para conducir el caballo con las riendas. Eso no importa, padre! Tan pronto como mi madre lo enganche, yo me pondr en la oreja del caballo y le gritar por d nde debe ir.
3 Est bien! contest el padre, probaremos una vez. Cuando lleg la hora, la madre enganch la carreta y coloc a Pulgarcito en la oreja del caballo, donde el peque o se puso a gritarle por d nde deb a ir, tan pronto con Hejjj! , como un Arre! . Todo fue tan bien como con un conductor y la carreta fue derecho hasta el bosque. Sucedi que, justo en el momento que rodeaba un matorral y que el peque o iba gritando Arre! Arre! , dos extra os pasaban por ah . C mo es eso! dijo uno Qu es lo que pasa? La carreta rueda, alguien conduce el caballo y sin embargo no se ve a nadie. Todo es muy extra o asinti el otro . Seguiremos la carreta para ver en d nde se para. La carreta se intern en pleno bosque y lleg justo al sitio sonde estaba la le a cortada.
4 Cuando Pulgarcito divis a su padre, le grit : Ya ves, padre, ya llegu con la carreta. Ahora, b jame del caballo. El padre tom las riendas con la mano izquierda y con la derecha sac a su hijo de la oreja del caballo, quien feliz se sent sobre una brizna de hierba. Cuando los dos extra os divisaron a Pulgarcito quedaron tan sorprendidos que no supieron qu decir. Uno y otro se escondieron y se dijeron entre ellos: Oye, ese peque o valiente bien podr a hacer nuestra fortuna si lo exhibimos en la ciudad a cambio de dinero. Debemos comprarlo. Se dirigieron al campesino y le dijeron: V ndenos ese hombrecito; estar muy bien con nosotros. No respondi el padre es mi hijo querido y no lo vender a por todo el oro del mundo. Pero al o r esta propuesta, Pulgarcito se trep por los pliegues de las ropas de su padre, se coloc sobre su hombro y le dijo al o do: Padre, v ndeme; sabr c mo regresar a casa.
5 Entonces, el padre lo entreg a los dos hombres a cambio de una buena cantidad de dinero. En d nde quieres sentarte? le preguntaron. Ah!, p nganme sobre el ala de su sombrero; ah podr pasearme a lo largo y a lo ancho, disfrutando del paisaje y no me caer . Cumplieron su deseo, y cuando Pulgarcito se hubo despedido de su padre se pusieron todos en camino. Viajaron hasta que anocheci y Pulgarcito dijo entonces: B jenme al suelo, tengo necesidad. No, qu date ah arriba le contest el que lo llevaba en su cabeza . No me importa. Las aves tambi n me dejan caer a menudo algo encima. No respondi Pulgarcito , s lo que les conviene. B jenme r pido. El hombre tom de su sombrero a Pulgarcito y lo pos en un campo al borde del camino. Por un momento dio saltitos entre los terrones de tierra y, de repente, enfil hacia un agujero de rat n que hab a localizado.
6 Buenas noches, se ores, sigan sin m ! les grit en tono burl n. Acudieron prontamente y rebuscaron con sus bastones en la madriguera del rat n, pero su esfuerzo fue in til. Pulgarcito se introduc a cada vez m s profundo y como la oscuridad no tard en hacerse total, se vieron obligados a regresar, burlados y con la bolsa vac a. Cuando Pulgarcito se dio cuenta de que se hab an marchado, sali de su escondite. Es peligroso atravesar estos campos de noche, cuando m s peligros acechan , pens , se puede uno f cilmente caer o lastimar . Felizmente, encontr una concha vac a de caracol. Gracias a Dios! exclam , ah dentro podr pasar la noche con tranquilidad; y ah se introdujo. Un momento despu s, cuando estaba a punto de dormirse, oy pasar a dos hombres, uno de ellos dec a: C mo haremos para robarle al cura adinerado todo su oro y su dinero?
7 Yo bien podr a dec rtelo! se puso a gritar Pulgarcito . Qu es esto? dijo uno de los espantados ladrones, he o do hablar a alguien. Pararon para escuchar y Pulgarcito insisti : Ll venme con ustedes, yo los ayudar . En d nde est s? Busquen aqu , en el piso; f jense de d nde viene la voz contest . Por fin los ladrones lo encontraron y lo alzaron. A ver, peque o valiente, c mo pretendes ayudarnos? Eh!, yo me deslizar entre los barrotes de la ventana de la habitaci n del cura y les ir pasando todo cuanto quieran. Est bien! Veremos qu sabes hacer. Cuando llegaron a la casa, Pulgarcito se desliz en la habitaci n y se puso a gritar con todas sus fuerzas. Quieren todo lo que hay aqu ? Los ladrones se estremecieron y le dijeron: Baja la voz para no despertar a nadie.
8 Pero Pulgarcito hizo como si no entendiera y continu gritando: Qu quieren? Les hace falta todo lo que aqu ? La cocinera, quien dorm a en la habitaci n de al lado, oy estos gritos, se irgui en su cama y escuch , pero los ladrones asustados se hab an alejado un poco. Por fin recobraron el valor dici ndose: Ese hombrecito quiere burlarse de nosotros. Regresaron y le cuchichearon: Vamos, nada de bromas y p sanos alguna cosa. Entonces, Pulgarcito se puso a gritar con todas sus fuerzas: S , quiero darles todo: introduzcan sus manos. La cocinera, que ahora s oy perfectamente, salt de su cama y se acerc ruidosamente a la puerta. Los ladrones, atemorizados, huyeron como si llevasen el diablo tras de s , y la criada, que no distingu a nada, fue a encender una vela.
9 Cuando volvi , Pulgarcito , sin ser descubierto, se hab a escondido en el granero. La sirvienta, despu s de haber inspeccionado en todos los rincones y no encontrar nada, acab por volver a su cama y supuso que hab a so ado con ojos y orejas abiertos. Pulgarcito hab a trepado por la paja y en ella encontr un buen lugarcito para dormir. Quer a descansar ah hasta que amaneciera y despu s volver con sus padres, pero a n le faltaba ver otras cosas, antes de poder estar feliz en su hogar. Como de costumbre, la criada se levant al despuntar el d a para darles de comer a los animales. Fue primero al granero, y de ah tom una brazada de paja, justamente de la pila en donde Pulgarcito estaba dormido. Dorm a tan profundamente que no se dio cuenta de nada y no despert hasta que estuvo en la boca de la vaca que hab a tragado la paja.
10 Dios m o! exclam . C mo pude caer en este molino triturador? Pronto comprendi en d nde se encontraba. Tuvo buen cuidado de no aventurarse entre los dientes, que lo hubieran aplastado; mas no pudo evitar resbalar hasta el est mago. He aqu una peque a habitaci n a la que se omiti ponerle ventanas se dijo Y no entra el sol y tampoco es f cil procurarse una luz. Esta morada no le gustaba nada, y lo peor era que continuamente entraba m s paja por la puerta y que el espacio iba reduci ndose m s y m s. Entonces, angustiado, decidi gritar con todas sus fuerzas: Ya no me env en m s paja! Ya no me env en m s paja! La criada estaba orde ando a la vaca y cuando oy hablar sin ver a nadie, reconoci que era la misma voz que hab a escuchado por la noche, y se sobresalt tanto que resbal de su taburete y derram toda la leche.