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RAZONES - sigueme.es

JOS LUIS MART N DESCALZORAZONES tercera edici nEDICIONES S GUEMESALAMANCA2013 Cubierta dise ada por Christian Hugo Mart nLos dibujos de las portadillas se los regal Francisco Izquierdo a Jos Luis Mart n Descalzo Ediciones S gueme , Salamanca 2001 C/ Garc a Tejado, 23-27 - E-37007 Salamanca / Espa a Tlf.: (+34) 923 218 203 - Fax: (+34) 923 270 563 : 978-84-301-1826-7 Dep sito legal: S. 12-2013 Impreso en Espa a / Uni n EuropeaImprime: Gr ficas Varona , de Jos Luis Mart n Descalzo7 Invitaci n, de Jos Mar a Javierre9razones para la esperanzaP rtico, de Joaqu n Luis Ortega13razones para la alegr aAtrio, de Jos Mar a Cabodevilla251razones para el amorUmbral, de Antonio Montero427razones para vivirCancela, de Paloma G mez Borrero603razones desde la otra orillaZagu n, de Jos Jim nez Lozano825 ndice general10137 RAZONESJos luis mart n descalzoDicen que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o la crisis moral que atraviesa.

CONTENIDO Razones, de José Luis Martín Descalzo 7 Invitación, de José María Javierre 9 razones para la esperanza Pórtico, de Joaquín Luis Ortega 13 razones para la alegría Atrio, de José María Cabodevilla 251 razones para el amor Umbral, de Antonio Montero 427 razones para vivir Cancela, de Paloma Gómez Borrero 603 razones desde la otra orilla Zaguán, de José Jiménez Lozano

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1 JOS LUIS MART N DESCALZORAZONES tercera edici nEDICIONES S GUEMESALAMANCA2013 Cubierta dise ada por Christian Hugo Mart nLos dibujos de las portadillas se los regal Francisco Izquierdo a Jos Luis Mart n Descalzo Ediciones S gueme , Salamanca 2001 C/ Garc a Tejado, 23-27 - E-37007 Salamanca / Espa a Tlf.: (+34) 923 218 203 - Fax: (+34) 923 270 563 : 978-84-301-1826-7 Dep sito legal: S. 12-2013 Impreso en Espa a / Uni n EuropeaImprime: Gr ficas Varona , de Jos Luis Mart n Descalzo7 Invitaci n, de Jos Mar a Javierre9razones para la esperanzaP rtico, de Joaqu n Luis Ortega13razones para la alegr aAtrio, de Jos Mar a Cabodevilla251razones para el amorUmbral, de Antonio Montero427razones para vivirCancela, de Paloma G mez Borrero603razones desde la otra orillaZagu n, de Jos Jim nez Lozano825 ndice general10137 RAZONESJos luis mart n descalzoDicen que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o la crisis moral que atraviesa.

2 No lo creo. Me temo que en nuestro mundo lo que est agonizante es la esperanza, las ganas de vivir y de luchar, el redescubrimien-to de las infinitas zonas luminosas que hay en las gentes y en las cosas que nos mismo que se dice que la gran victoria del demonio en nuestro tiempo es haber conseguido convencer a todos de que no existe, creo que el gran triunfo del mal consiste no tanto en habernos vuelto ciegos como en habernos puesto a todos unas gafas negras para que terminemos de creer que el mundo es mal y s lo en el mal puede revolcarse. Qu va a creer un pobre ser humano que abre los peri dicos y s lo en-cuentra en sus p ginas violencia y pol micas y que, cuando abre a la tarde o a la noche el televisor, vuelve a recibir una segunda raci n de metralletas, ambiciones y sexo?

3 Desde el d a en que decidimos que era noticia un hombre que muerde a su perro y que, en cambio, no fueran noticia diez millones de hombres que todos los d as lo sacan a pasear, hemos logrado convertirnos en algo peor que ciegos: en gentes que s lo tienen capacidad para ver lo negro e ignoran toda la ancha gama de colores luminosos que les rodean. Y, sin embargo, qu hambre tiene el hombre de ternura y buen humor! Qu necesidad de que alguien le limpie los ojos y le ayude a confiar en s mismo y en cuanto le rodea!Los art culos que componen este libro han sido para m una experiencia apasionante. Despu s de dieciocho a os de periodismo, en los que escrib millares de art culos, descubr a por fin!

4 Que los lectores pod an seguir con m s o menos inter s mis comentarios ideol gicos, pero s lo vibraban cuando me dirig a a su coraz n y a su condici n de hombres. Un poco por casua-lidad comenc en los dominicales de ABC esta serie titulada sencillamente Cuaderno de apuntes , en la que intent , tambi n con sencillez, hablar a la gente de mi coraz n, de las peque as alegr as de cada d a, de esas zonas luminosas del mundo de las que nadie hablaba, y descubr , con gozo y asom-bro, que aquellos art culos serv an! Quienes me escrib an coment ndolos 8 y eran muchos cientos no dec an que mis comentarios les gustasen o que estuvieran de acuerdo con sus ideas; contaban que esos art culos les eran ti-les, les ayudaban a vivir, que los esperaban cada domingo como un alimento, casi como una comuni n.

5 No eran ya ( horror!) mis admiradores, sino mis amigos. En torno a mi palabra se hab a creado un corro de amistad, mi p gina se volv a una casa habitable para durante meses en xtasis: si mis art culos pod an alimentar a alguien, llevarle el entusiasmo de vivir, escribir se me volv a un oficio sagrado, her-mano gemelo de mi sacerdocio, una tarea que s lo pod a cumplirse descal-z ndose el alma como ante la zarza d ndome cuenta de cu nta soledad hay en el mundo: descubr cu ntos miles de muchachos no tienen a nadie con quien hablar, cu ntas mujeres no conviven espiritualmente con sus maridos, cuant simos son los que se dejan vivir por puro aburrimiento. Y pens que ayudar a todos estos desesperan-zados a descubrir las zonas luminosas de la aventura humana era el m s apasionante de los empe no es que yo debiera mentir: pintar un mundo color de rosa, distribuir la morfina del falso optimismo, ocultar las zonas negras de la existencia.

6 No, nada deb a ser escamoteado. Al contrario: parte del oficio era mostrar y reco-nocer nuestras llagas; pero era imprescindible, en todo caso, asumir la des-gracia sin desposarse con la amargura, aprender a mirar m s all del dolor, sabiendo siempre que, si es necesario que vivamos con los pies en el barro, nadie va a impedirnos nunca levantar los ojos hacia las fue surgiendo, semana tras semana, este cuaderno de peque os apun-tes recogidos con la ilusi n?, esperanza?, de que sigan sirviendo de casa para muchos. Yo creo en la alegr a. Creo cada vez m s en lo apasionante de la aventura humana. Ojal supiera contagiar a mis lectores esta doble confianza! 9 INVITACI NJos mar a JavierreEl tono colorea las palabras.

7 Lo aprend a los cuatro a os de residir en Andaluc a. Si ustedes me disculpan, utilizar como ejemplo un vocablo ex-presivo. Para los moradores de mis valles pirenaicos, cabr n significa pues eso, macho de cabra , y por misteriosos vericuetos de las met foras, mari-do consentidor del adulterio de su mujer ; bueno, consentir implica conocer, y a veces el desgraciado ni lo sabe. En cambio, aquella se orita de tel grafos de M nich fue incapaz de absorber el perfume figurado del insulto: Mis co-legiales hab an hecho una fechor a a un compa ero viajero a Espa a, quien, descubierto el pastel, les envi un telegrama con dos estrictas palabras: Ca-brones, Mauricio .Alemania, reci n salida de la ltima guerra, ol a esp as bajo cualquier alfombra, y la joven telegrafista se neg a entregar a mis chicos el telegrama mientras no aclararan el sentido, ya que, consultado el diccionario Deutsch-Spanisch , s lo dec a macho cabr o : y para qu hab a de gastar el tal Mau-ricio los costos de un telegrama con s lo a los tres o cuatro a os de residir en Sevilla aprend que cabr n , en vez de insulto, puede significar, seg n se pronuncie, alabanza admirativa, complacencia amistosa: Eres un cabr n, hijo de puta!

8 R en, asienten, los dos amigos. El tono colorea las secularizaci n de la sociedad contempor nea ha destruido las aureolas de veneraci n que nuestros padres colocaban a la persona del sacerdote. Ape-nas utilizamos ya la palabra sacerdote , demasiado solemne para el paladar postmoderno. Recurrimos al vocabulario cura , pie a tierra: Hola, cura , ah va un cura , t eres cura? . El matiz de la pronunciaci n da sentido concreto a la palabra. Cura vale por un insulto si te lo dicen con desprecio: Malditos curas, cura corrupto, embustero cura. Pronunciado cari osamente, le quita solemnidad al respetuoso sacerdote y crea confianza, cercan a: Hola, cura, c mo te va; cura, cu nto tiempo sin vernos; suerte, los a os sesenta, Jos Luis Mart n Descalzo fue sacerdote joven, padre Mart n Descalzo.

9 Entrados los setenta, se convirti en un cura estupen-do; admirable m me toc presenciar desde Roma la ascensi n irresistible de un cu-rilla, tan joven que parec a un chaval, hacia los altos picachos de la literatu-ra religiosa. Los amigos le aconsej bamos que no presentara todav a una novela suya al premio Nadal, no fuera a sufrir el chasco de un descalabro prematuro; l no hizo caso, present la novela y gan el Nadal. Los amigos le aconsej bamos que no presentara sus sonetos al premio nsula, no fuera a llevarse un chasco; Jos Luis ignor el consejo, mand los sonetos y gan el que lleva muerto varios a os, resulta que Mart n Descalzo es uno de los escasos autores hispanos desde la otra orilla.

10 A m no me sorpren-der a ver su firma en libros nuevos, en art culos nuevos. Lo de verle aparecer en televisi n ya ser a escandaloso. No creo que las reglas de juego de all arriba lo normal y razonable que una persona al morirse desaparezca de nuestro paisaje mundano. Pero Jos Luis rebas en vida mortal todas las normas es-tablecidas y alguna se saltar tambi n en su existencia inmortal. Quiero decir que sus trallazos de luz y fervor continuar n de cuando en cuando abrien-do surcos en la piel reseca de nuestro aburrimiento, de nuestra indiferencia, nuestro cansancio y nuestro ten a la obligaci n de preguntarme el secreto de Mart n Descalzo: c -mo consigui alcanzar el anhelo de los grandes escritores, tener familia , una familia grand sima, esparcida por repliegues de Europa y Am rica.


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