Transcription of George Orwell - formarse.com.ar
1 George ORWELL1984 George Orwell19842 SINOPSISEn una supuesta sociedad policial, el estado ha conseguido el control total sobre el individuo. No existe siquiera un resquicio para la intimidad personal: el sexo es un crimen, las emociones est n prohibidas, la adoraci n al sistema es la condici n para seguir vivo. La Polic a del Pensamiento se encargar de torturar hasta la muerte a los conspiradores, aunque para ello sea necesario acusar a inocentes. Winston y Julia, a pesar de ser miembros del Partido y sabiendo que elGran Hermano les vigila, se rebelan contra ese poder que se ha adue ado de las conciencias de sus conciudadanos.
2 El camino que seguir n se convertir en un peligroso laberinto hacia un final principios de Orwell19843 PART E 1 George Orwell19844 CAPITULO IEra un d a luminoso y fr o de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molest simo viento, se desliz r pidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una r faga polvorienta se colara con vest bulo ol a a legumbres cocidas y a esteras viejas.
3 Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba s lo un enorme rostro de m s de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco a os con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigi hacia las escaleras. Era in til intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta poca la corriente se cortaba durante las horas de d a. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio.
4 Winston ten a que subir a un s ptimo piso. Con sus treinta y nueve a os y una lcera de varices por encima del tobillo derecho, subi lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartel n del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que est . EL GRAN HERMANO TE VIGILA, dec an las palabras al del piso una voz llena le a una lista de n meros que ten an algo que ver con la producci n de lingotes de hierro.
5 La voz sal a de una placa oblonga de metal, una especie de espejo empe ado, que formaba parte de la superficie de la pared situada a la derecha. Winston hizo funcionar su regulador y la voz disminuy de volumen aunque las palabras segu an distingui ndose. El instrumento (llamado teidoat talia) pod a ser amortiguado, pero no hab a manera de cerrarlo del todo. Winston fue hacia la ventana: una figura peque a y fr gil cuya delgadez resultaba realzada por el mono azul, uniforme del Partido. Ten a el cabello muy rubio, una cara sangu nea y la piel embastecida por un jab n malo, las romas hojas de afeitar y el fr o de un invierno que acababa de , incluso a trav s de los ventanales cerrados, el mundo parec a fr o.
6 Calle abajo se formaban peque os torbellinos de viento y polvo; los papeles rotos sub an en espirales y, aunque el sol luc a y el cielo estaba intensamente azul, nada parec a tener color a no ser los carteles pegados por todas partes. La cara de los bigotes negros miraba desde todas las esquinas que dominaban la circulaci n. En la casa de enfrente hab a uno de estos cartelones. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, dec an las grandes letras, mientras los sombr os ojos miraban fijamente a los de Winston.
7 En la calle, en l nea vertical con aqu l, hab a otro cartel roto por un pico, que flameaba espasm dicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de polic a encargada de vigilar a la gente a trav s de los balcones y ventanas. Sin embargo, las patrullas eran lo de menos. Lo que importaba verdaderamente era la Polic a del la espalda de Winston, la voz de la telepantalla segu a murmurando datos sobre el hierro y el cumplimiento del noveno Plan Trienal.
8 La telepantalla recib a y transmit a simult neamente. Cualquier sonido que hiciera Winston superior a un susurro, era captado por el aparato. Adem s, mientras permaneciera dentro del radio de visi n de la placa de metal, pod a ser visto a la vez que o do. Por supuesto, no hab a manera de saber si le contemplaban a uno en un momento dado. Lo nico posible era figurarse la frecuencia y el plan que empleaba la Polic a del Pensamiento para controlar un hilo privado. Incluso se conceb a que los vigilaran a todos a la vez.
9 Pero, desde luego, pod an intervenir su l nea de usted cada vez que se les antojara. Ten a usted que vivir y en esto el h bito se convert a en un instinto con la seguridad de que cualquier sonido emitido por usted George Orwell19845ser a registrado y escuchado por alguien y que, excepto en la oscuridad, todos sus movimientos ser an se mantuvo de espaldas a la telepantalla. As era m s seguro; aunque, como l sab a muy bien, incluso una espalda pod a ser reveladora. A un kil metro de distancia, el Ministerio de la Verdad, donde trabajaba Winston, se elevaba inmenso y blanco sobre el sombr o paisaje.
10 Esto es Londres , pens con una sensaci n vaga de disgusto; Londres, principal ciudad de la Franja a rea 1, que era a su vez la tercera de las provincias m s pobladas de Ocean a. Trat de exprimirse de la memoria alg n recuerdo infantil que le dijera si Londres hab a sido siempre as . Hubo siempre estas vistas de decr pitas casas decimon nicas, con los costados revestidos de madera, las ventanas tapadas con cart n, los techos remendados con planchas de cinc acanalado y trozos sueltos de tapias de antiguos jardines?