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MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS - …

MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS BRIAN WEISS 1988 2 PREFACIO S que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que se produce un hecho no contamos con la penetraci n psicol gica ni la previsi n necesaria para comprender las razones, pero con tiempo y paciencia saldr n a la luz. As ocurri con Catherine. La conoc en 1980, cuando ella ten a veintisiete a os. Vino a mi consultorio buscando ayuda para su ansiedad, sus fobias, sus ataques de p nico. Aunque estos s ntomas la acompa aban desde la ni ez, en el pasado reciente hab an empeorado mucho.

4 niegan a examinar y evaluar las considerables pruebas reunidas acerca de la supervivencia tras la muerte física y sobre los recuerdos de vidas pasadas.

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1 MUCHAS VIDAS, MUCHOS MAESTROS BRIAN WEISS 1988 2 PREFACIO S que hay un motivo para todo. Tal vez en el momento en que se produce un hecho no contamos con la penetraci n psicol gica ni la previsi n necesaria para comprender las razones, pero con tiempo y paciencia saldr n a la luz. As ocurri con Catherine. La conoc en 1980, cuando ella ten a veintisiete a os. Vino a mi consultorio buscando ayuda para su ansiedad, sus fobias, sus ataques de p nico. Aunque estos s ntomas la acompa aban desde la ni ez, en el pasado reciente hab an empeorado mucho.

2 D a a d a se encontraba m s paralizada emocionalmente, menos capaz de funcionar. Estaba aterrorizada y, comprensiblemente, deprimida. En contraste con el caos de su vida en esos momentos, mi existencia flu a con serenidad. Ten a un matrimonio feliz y estable, dos hijos peque os y una carrera floreciente. Desde el principio mismo, mi vida pareci seguir siempre un camino recto. Crec en un hogar con amor. El xito acad mico se present con facilidad y, apenas ingresado en la facultad, hab a tomado ya la decisi n de ser psiquiatra. Me gradu en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1966, con todos los honores.

3 Prosegu mis estudios en la escuela de medicina de la Universidad de Yale, donde recib mi diploma de m dico en 1970. Despu s de un internado en el centro m dico de la Universidad de Nueva York (Bellevue Medical Center), volv a Yale para completar mi residencia como psiquiatra. Al terminarla, acept un cargo en la Universidad de Pittsburgh. Dos a os despu s me incorpor a la Universidad de Miami, para dirigir el departamento Psicofarmacol gico. All logr renombre nacional en los campos de la psiquiatr a biol gica y el abuso de drogas. Tras cuatro a os fui ascendido al rango de profesor asociado de psiquiatr a y designado jefe de la misma materia en un gran hospital de Miami, afiliado a la universidad.

4 Por entonces ya hab a publicado treinta y siete art culos cient ficos y estudios de mi especialidad. Los a os de estudio disciplinado hab an adiestrado mi mente para pensar como m dico y cient fico, molde ndome en los senderos estrechos del conservadurismo profesional. Desconfiaba de todo aquello que no se pudiera demostrar seg n m todos cient ficos tradicionales. Ten a noticias de varios estudios de parapsicolog a que se estaban 3 realizando en universidades importantes de todo el pa s, pero no me llamaban la atenci n.

5 Todo eso me parec a descabellado en demas a. Entonces conoc a Catherine. Durante dieciocho meses utilic m todos terap uticos tradicionales para ayudarla a superar sus s ntomas. Como nada parec a causar efecto, intent la hipnosis. En una serie de estados de trance, Catherine recuper recuerdos de vidas pasadas que resultaron ser los factores causantes de sus s ntomas. Tambi n actu como conducto para la informaci n procedente de entes espirituales altamente evolucionados y, a trav s de ellos, revel MUCHOS secretos de la vida y de la muerte. En pocos y breves meses, sus s ntomas desaparecieron y reanud su vida, m s feliz y en paz que nunca.

6 En mis estudios no hab a nada que me hubiera preparado para algo as . Cuando estos hechos sucedieron me sent absolutamente asombrado. No tengo explicaciones cient ficas de lo que ocurri . En la mente humana hay demasiadas cosas que est n m s all de nuestra comprensi n. Tal vez Catherine, bajo la hipnosis, pudo centrarse en esa parte de su mente subconsciente que acumulaba verdaderos recuerdos de vidas pasadas; tal vez utiliz aquello que el psicoanalista Carl Jung denomin inconsciente colectivo : la fuente de energ a que nos rodea y contiene los recuerdos de toda la raza humana. Los cient ficos comienzan a buscar estas respuestas.

7 Nosotros, como sociedad, podemos beneficiarnos mucho con la investigaci n de los misterios que encierran el alma, la mente, la continuaci n de la vida despu s de la muerte y la influencia de nuestras experiencias en vidas anteriores sobre nuestra conducta actual. Obviamente, las ramificaciones son ilimitadas, sobre todo en los campos de la medicina, la psiquiatr a, la teolog a y la filosof a. Sin embargo, la investigaci n cient ficamente rigurosa de estos temas est todav a en mantillas. Si bien se est n dando grandes pasos para descubrir esta informaci n, el proceso es lento y encuentra mucha resistencia tanto por parte de los cient ficos como de los legos.

8 A lo largo de la historia, la humanidad siempre se ha resistido al cambio y a la aceptaci n de ideas nuevas. Los textos hist ricos est n llenos de ejemplos. Cuando Galileo descubri las lunas de J piter, los astr nomos de su poca se negaron a aceptar su existencia e incluso a mirar esos sat lites, pues estaban en conflicto con las creencias aceptadas. As ocurre ahora entre los psiquiatras y otros terapeutas, que se 4 niegan a examinar y evaluar las considerables pruebas reunidas acerca de la supervivencia tras la muerte f sica y sobre los recuerdos de vidas pasadas.

9 Mantienen los ojos bien cerrados. Este libro es mi peque a contribuci n a la investigaci n en el campo de la parapsicolog a, sobre todo en la rama que se refiere a nuestras experiencias antes del nacimiento y despu s de la muerte. Cada palabra de lo que aqu se va a contar es cierta. No he agregado nada y s lo he eliminado las partes repetitivas. He alterado ligeramente la identidad de Catherine para respetar su intimidad. Me llev cuatro a os decidirme a escribir sobre lo ocurrido, cuatro a os reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar esta informaci n, nada ortodoxa.

10 De pronto, una noche, mientras me duchaba, me sent impelido a poner esta experiencia por escrito. Ten a la fuerte sensaci n de que era el momento correcto, de que no deb a retener la informaci n por m s tiempo. Las lecciones que hab a aprendido estaban destinadas tambi n a otros; no me hab an sido dadas para que las mantuviera en secreto. El conocimiento hab a llegado por medio de Catherine, y ahora deb a pasar a trav s de m . Comprend que, de cuantas consecuencias pudiera sufrir, ninguna ser a tan devastadora como no compartir el conocimiento adquirido sobre la inmortalidad y el verdadero sentido de la vida.


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