Transcription of Orgullo y prejuicio
1 Orgullo y prejuicio jane Austen Obra reproducida sin responsabilidad editorial Advertencia de Luarna Ediciones Este es un libro de dominio p blico en tanto que los derechos de autor, seg n la legislaci n espa ola han caducado. Luarna lo presenta aqu como un obsequio a sus clientes, dejando claro que: 1) La edici n no est supervisada por nuestro departamento editorial, de for-ma que no nos responsabilizamos de la fidelidad del contenido del mismo. 2) Luarna s lo ha adaptado la obra para que pueda ser f cilmente visible en los habituales readers de seis pulgadas. 3) A todos los efectos no debe considerarse como un libro editado por Luarna. CAP TULO I Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran for-tuna, necesita una esposa. Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario.
2 Esta verdad est tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que al-gunas le consideran de su leg tima propiedad y otras de la de sus hijas. Mi querido se or Bennet le dijo un d a su esposa , sab as que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park? El se or Bennet respondi que no. Pues as es insisti ella ; la se ora Long ha estado aqu hace un momento y me lo ha contado todo. El se or Bennet no hizo adem n de contestar. No quieres saber qui n lo ha alquilado? se impacient su esposa. Eres t la que quieres cont rmelo, y yo no tengo inconveniente en o rlo. Esta sugerencia le fue suficiente. Pues sabr s, querido, que la se ora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un land de cuatro caballos para ver el lugar; y que se qued tan encantado con l que inmediatamente lleg a un acuerdo con el se or Morris; que antes de San Miguel vendr a ocuparlo; y que algunos de sus criados estar n en la casa a finales de la semana que viene.
3 C mo se llama? Bingley. Est casado o soltero? Oh!, soltero, querido, por supuesto. Un hombre soltero y de gran fortuna; cuatro o cin-co mil libras al a o. Qu buen partido para nuestras hijas! Y qu ? En qu puede afectarles? Mi querido se or Bennet contest su espo-sa , c mo puedes ser tan ingenuo? Debes saber que estoy pensando en casarlo con una de ellas. Es ese el motivo que le ha tra do? Motivo! Tonter as, c mo puedes decir eso? Es muy posible que se enamore de una de ellas, y por eso debes ir a visitarlo tan pronto como llegue. No veo la raz n para ello. Puedes ir t con las muchachas o mandarlas a ellas solas, que tal vez sea mejor; como t eres tan guapa como cualquiera de ellas, a lo mejor el se or Bingley te prefiere a ti. Querido, me adulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo com n.
4 Cuando una mujer tiene cinco hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza. En tales casos, a la mayor a de las mujeres no les queda mucha belleza en qu pensar. Bueno, querido, de verdad, tienes que ir a visitar al se or Bingley en cuanto se instale en el vecindario. No te lo garantizo. Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del par-tido que ser a para una de ellas. Sir Willam y lady Lucas est n decididos a ir, y s lo con ese prop sito. Ya sabes que normalmente no visi-tan a los nuevos vecinos. De veras, debes ir, porque para nosotras ser imposible visitarlo si t no lo haces. Eres demasiado comedida. Estoy seguro de que el se or Bingley se alegrar mucho de ve-ros; y t le llevar s unas l neas de mi parte para asegurarle que cuenta con mi m s sincero con-sentimiento para que contraiga matrimonio con una de ellas; aunque pondr alguna palabra en favor de mi peque a Lizzy.
5 Me niego a que hagas tal cosa. Lizzy no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que jane , ni la mitad de alegre que Ly-dia. Pero t siempre la prefieres a ella. Ninguna de las tres es muy recomendable le respondi . Son tan tontas e ignorantes co-mo las dem s muchachas; pero Lizzy tiene algo m s de agudeza que sus hermanas. Se or Bennet! C mo puedes hablar as de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasi n de mis pobres nervios. Te equivocas, querida. Les tengo mucho res-peto a tus nervios. Son viejos amigos m os. Hace por lo menos veinte a os que te oigo mencionarlos con mucha consideraci n. No sabes cu nto sufro! Pero te pondr s bien y vivir s para ver venir a este lugar a muchos j venes de esos de cuatro mil libras al a o. No servir a de nada si viniesen esos veinte j venes y no fueras a visitarlos.
6 Si depende de eso, querida, en cuanto est n aqu los veinte, los visitar a todos. El se or Bennet era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarc stico, reservado y caprichoso, que la experiencia de veintitr s a os no hab an sido suficientes para que su esposa entendiese su car cter. Sin embargo, el de ella era menos dif cil, era una mujer de poca inteligencia, m s bien inculta y de temperamento desigual. Su meta en la vida era casar a sus hijas; su consue-lo, las visitas y el cotilleo. CAP TULO II El se or Bennet fue uno de los primeros en pre-sentar sus respetos al se or Bingley. Siempre tuvo la intenci n de visitarlo, aunque, al final, siempre le aseguraba a su esposa que no lo har- a; y hasta la tarde despu s de su visita, su mu-jer no se enter de nada. La cosa se lleg a saber de la siguiente manera: observando el se or Bennet c mo su hija se colocaba un sombrero, dijo: Espero que al se or Bingley le guste, Lizzy.
7 C mo podemos saber qu le gusta al se or Bingley dijo su esposa resentida si todav a no hemos ido a visitarlo? Olvidas, mam dijo Elizabeth que lo veremos en las fiestas, y que la se ora Long ha prometido present rnoslo. No creo que la se ora Long haga semejante cosa. Ella tiene dos sobrinas en quienes pensar; es ego sta e hip crita y no merece mi confianza. Ni la m a tampoco dijo el se or Bennet y me alegro de saber que no dependes de sus servicios. La se ora Bennet no se dign contes-tar; pero incapaz de contenerse empez a re-prender a una de sus hijas. Por el amor de Dios, Kitty no sigas tosiendo as ! Ten compasi n de mis nervios. Me los est s destrozando. Kitty no es nada discreta tosiendo dijo su padre . Siempre lo hace en momento inopor-tuno. A m no me divierte toser replic Kitty quej ndose.
8 Cu ndo es tu pr ximo baile, Lizzy? De ma ana en quince d as. S , as es exclam la madre . Y la se ora Long no volver hasta un d a antes; as que le ser imposible presentarnos al se or Bingley, porque todav a no le conocer . Entonces, se ora Bennet, puedes tomarle la delantera a tu amiga y present rselo t a ella. Imposible, se or Bennet, imposible, cuando yo tampoco le conozco. Por qu te burlas? Celebro tu discreci n. Una amistad de quince d as es verdaderamente muy poco. En realidad, al cabo de s lo dos semanas no se puede saber muy bien qu clase de hombre es. Pero si no nos arriesgamos nosotros, lo har n otros. Al fin y al cabo, la se ora Long y sus sobrinas pueden esperar a que se les presente su oportunidad; pero, no obstante, como creer que es un acto de delicadeza por su parte el declinar la aten-ci n, ser yo el que os lo presente.
9 Las muchachas miraron a su padre fijamente. La se ora Bennet se limit a decir: Tonter as, tonter as! Qu significa esa enf tica exclamaci n? pregunt el se or Bennet . Consideras las f rmulas de presentaci n como tonter as, con la importancia que tienen? No estoy de acuerdo contigo en eso. Qu dices t , Mary? Que yo s que eres una joven muy reflexiva, y que lees grandes libros y los resumes. Mary quiso decir algo sensato, pero no supo c mo. Mientras Mary aclara sus ideas continu l , volvamos al se or Bingley. Estoy harta del se or Bingley! grit su esposa. Siento mucho o r eso; por qu no me lo dijis-te antes? Si lo hubiese sabido esta ma ana, no habr a ido a su casa. Mala suerte! Pero como ya le he visitado, no podemos renunciar a su amis-tad ahora. El asombro de las se oras fue precisamente el que l deseaba; quiz s el de la se ora Bennet sobrepasara al resto; aunque una vez acabado el alboroto que produjo la alegr a, declar que en el fondo era lo que ella siempre hab a figu-rado.
10 Mi querido se or Bennet, que bueno eres! Pero sab a que al final te convencer a. Estaba segura de que quieres lo bastante a tus hijas como para no descuidar este asunto. Qu con-tenta estoy! Y qu broma tan graciosa, que hayas ido esta ma ana y no nos hayas dicho nada hasta ahora! Ahora, Kitty, ya puedes toser cuanto quieras dijo el se or Bennet; y sali del cuarto fatiga-do por el entusiasmo de su mujer. Qu padre m s excelente ten is, hijas! dijo ella una vez cerrada la puerta . No s c mo podr is agradecerle alguna vez su amabilidad, ni yo tampoco, en lo que a esto se refiere. A estas alturas, os aseguro que no es agradable hacer nuevas amistades todos los d as. Pero por vosotras har amos cualquier cosa. Lydia, cari- o, aunque eres la m s joven, apostar a a que el se or Bingley bailar contigo en el pr ximo baile.