Transcription of El ruiseñor y la rosa - Biblioteca
1 Oscar Wilde El ruise or y la rosa 2003 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Oscar Wilde El ruise or y la rosa -Ha dicho que bailar a conmigo si le llevaba unas rosas rojas -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay en todo mi jard n una sola rosa roja. Desde su nido de la encina oy le el ruise or. Mir por entre las hojas asombrado. - No hay una sola rosa roja en todo mi jard n! -gritaba el estudiante. Y sus bellos ojos se llenaban de l grimas. - Ah, de qu cosa m s insignificante depende la felicidad! He le do todo cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosof a y tengo que ver mi vida destrozada por falta de una rosa roja.
2 -He aqu por fin el verdadero enamorado -dijo el ruise or-. Le he cantado todas las noches, aun sin conocerle; todas las noches repito su historia a las estrellas, y ahora le veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasi n ha tornado su rostro p lido como el marfil y la pena le ha marcado en la frente con su sello. -El pr ncipe da un baile ma ana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi adorada asistir a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailar conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendr en mis brazos. Reclinar su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechar la m a. Pero no hay rosas rojas en mi jard n.
3 Por lo tanto, tendr que estar solo y no me har caso ninguno. No se fijar en m para nada y mi coraz n se desgarrar . -He aqu el verdadero enamorado -dijo el ruise or-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegr a para m , para l es pena. Realmente el amor es una cosa maravillosa: es m s precioso que las esmeraldas y m s caro que los finos palos. Perlas y granates no pueden pagarle porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor, ni pesarlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro. -Los m sicos estar n en su estrado -dec a el joven estudiante-. Tocar n sus instrumentos de cuerdas y mi adorada bailar a los sones del arpa y del viol n. Bailar tan vaporosamente que su pie no tocar el suelo, y los cortesanos con sus alegres atav os la rodear n sol citos; pero conmigo no bailar porque no tengo rosas rojas que darle.
4 Y dej ndose caer sobre el c sped, hund a su cara en sus manos y lloraba. - Por qu lloras? -preguntaba una lagartija verde correteando cerca de l con su cola levantada. -S , por qu ? -dec a una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol. -Eso es, por qu ? -murmur una margarita a su vecina, con una dulce vocecilla. -Llora por una rosa roja. - Por una rosa roja? Qu ridiculez! Y la lagartija, que era algo c nica, se ech a re r con todas sus ganas. Pero el ruise or, que comprend a el secreto de la pena del estudiante, permaneci silencioso en la encina, reflexionando en el misterio del amor. De pronto despleg sus alas oscuras y emprendi el vuelo.
5 Pas por el bosque como una sombra, y como una sombra atraves el Jard n. En el centro del parterre se levantaba un hermoso rosal, y al verle vol hacia l y se pos sobre una ramita. -Dame una rosa roja -le grit - y te cantar mis canciones m s dulces. Pero el rosal sacudi su cabeza. -Mis rosas son blancas -contest -, blancas como la espuma del mar, m s blancas que la nieve en la monta a. Pero ve en busca del hermano m o que crece alrededor del viejo reloj de sol y quiz l te d lo que pides. Entonces el ruise or vol al rosal que crec a en torno del viejo reloj de sol. -Dame una rosa roja -le grit - y te cantar mis canciones m s dulces. Pero el rosal sacudi su cabeza.
6 -Mis rosas son amarillas -respondi -, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de rbol, m s amarillas que el narciso que florece en los prados, antes de que llegue el segador con su hoz. Pero ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante y quiz l te d lo que pides. Entonces el ruise or vol al rosal que crec a debajo de la ventana del estudiante. -Dame una rosa roja -le grit - y te cantar mis canciones m s dulces. Pero el arbusto sacudi su cabeza. -Mis rosas son rojas -respondi -, tan rojas como las patas de las palomas, m s rojas que los grandes abanicos de coral que el oc ano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, las heladas han marchitado mis botones, el hurac n ha partido mis ramas, y no tendr ya rosas en todo este a o.
7 -No necesito m s que una rosa roja -grit el ruise or-, una sola rosa roja. No hay ning n medio para que yo la consiga? -Hay un medio -respondi el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a dec rtelo. -D melo -contest el ruise or-. No soy asustadizo. -Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con notas de m sica, al claro de luna, y te irla con la sangre de tu propio coraz n. Cantar s para m , con el pecho apoyado en mis espinas. Cantar s para m durante toda la noche y las espinas te atravesar n el coraz n: la sangre de tu vida correr por mis venas y se convertir en sangre m a. -La muerte es un buen precio por una rosa roja -replic el ruise or- y todo el mundo ama la vida.
8 Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Dulce es el olor de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. Y qu es el coraz n de un p jaro comparado con el de un hombre? Entonces despleg sus alas oscuras y emprendi el vuelo. Pas por el jard n como una sombra y como una sombra cruz el bosque. El joven estudiante permanec a tendido sobre el c sped, all donde el ruise or le dej , y las l grimas no se hab an secado a n en sus bellos ojos. -Sed feliz -le grit el ruise or-, sed feliz; tendr is vuestra rosa roja. La crear con notas de m sica al claro de luna y la te ir con la sangre de mi propio coraz n.
9 Lo nico que os pido en cambio es que se is un verdadero enamorado, porque el amor es m s sabio que la filosof a, aunque sta lo sea. Y m s fuerte que el poder, aunque ste tambi n lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso. El estudiante levant los ojos del c sped y prest atenci n; pero no pudo comprender lo que le dec a el ruise or, pues nicamente sab a las cosas que est n escritas en los libros. Pero la encina lo comprendi y se puso triste, porque amaba mucho al ruise orcito que hab a construido el nido en sus ramas. -C ntame la ltima canci n -murmur -. Me quedar tan triste cuando te vayas! Entonces el ruise or cant para la encina; y su voz era corno el agua reidora de una fuente argentina.
10 Al terminar su canci n, el estudiante se levant , sacando al mismo tiempo su cuadernito de notas y su l piz de bolsillo. -El ruise or -se dec a pase ndose por la alameda-, el ruise or posee una belleza innegable, pero siente? Me temo que no. Despu s de todo, es como muchos artistas, todo estilo sin nada de sinceridad. No se sacrifica por los dem s. No piensa m s que en la m sica y en el arte; como todo el mundo sabe, es ego sta. Ciertamente, no puede negarse que su voz tiene notas muy bellas. Qu l stima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ning n fin pr ctico! Y volviendo a su habitaci n se acost sobre su jergoncito y se puso a pensar en su adorada. Al poco rato se durmi.