Transcription of Conocimiento especulativo j conocimiento práctico
1 Conocimiento especulativo j Conocimiento pr ctico ABELARDO F. ROSSI Universidad de Buenos Aires Constituye el prop sito del presente trabajo abordar el estudio de una cuesti n que estimamos de fundamental importancia episte-mol gica. Nos referimos a lo que la filosof a de raigambre aristot lica ha considerado, desde su fundador, como la divisi n primera de la ciencia y del saber en general: especulativo y pr ctico. A tal punto primer sima clasificaci n que, aparte de ser anterior a la que tiene por criterio la distinci n de objetos formales propios de cada una de las ciencias, es originada en el modo mismo de comportarse el enten-dimiento en uno y otro tipo de saber, diversific ndose en l dos fun-ciones espec ficamente distintas seg n que la inteligencia permane-ciendo no obstante una misma y nica facultad espiritual cognoscitiva se oriente desde los primeros pasos de su actividad en una u otra direc-ci n, seg n que, de acuerdo a la expresi n cl sica, conozca con el solo fin de conocer o conozca para dirigir el obrar espec ficamente humano o el hacer propio del arte.
2 Los fil sofos antiguos no se plantearon expl citamente el problema cr tico del saber pr ctico con todas sus proyecciones, pero encontramos, especialmente en los tratados de Arist teles^ y Santo Tom s de Aquino^ valios simos estudios y prin-cipios rectores de sus sistemas que fundamentan toda una ajustada y fecunda filosof a del saber pr ctico, sus caracter sticas, m todos y la distinci n con el saber especulativo . En los modernos, que sepamos, menos a n se ha planteado el problema. Cuando han abordado el estudio de la praxis, o bien han concebido una moral puramente te ri-ca al tipo de D rkheim o L vy-Br hl sin formalidad valorativa, o bien han concluido afirmando expl cita o impl citamente la suprema-^ Tratado del Alma, Metaf sica, Etica a Nic maco, De communi animaliitm mo ione.
3 2 Summa Theologifie, Summa contra Gentiles, In Metaphysicam Aristotelis, In Aris-totelis librum De Anima, De Veritate, De virtutihus in communi, etc. 1195 Actas del Primer Congreso Nacional de Filosof a, Mendoza, Argentina, marzo-abril 1949, tomo 21196 ABELARDO F. ROSSI c a de la voluntad sobre la inteligencia, de la praxis sobre la noesis, forjando la concepci n de un puro obrar sin fin ni medida inteligible, lo que no significa resolver el problema de la filosof a pr ctica sino renunciar a su justo planteamiento. No se trata, en efecto, de enfren-tar un puro conocer a un puro obrar, ni de estudiar la actividad de la inteligencia y de la voluntad por separado, sino de distinguir dos especies de Conocimiento y de ciencia permaneciendo, por ende, en el plano propio de la funci n cognoscitiva intelectual.
4 Dados los estrechos l mites asignados a la extensi n de las rela-ciones del Congreso reduciremos la exposici n a compendiar nuestro punto de vista, dejando para un trabajo de mayor aliento la ajustada fundamentaci n requerida por el tema. Asimismo, teniendo en cuenta la amplitud del problema y sus fecundas y abundantes proyecciones en todo el campo del saber cient fico, nos limitaremos a estudiar la ra z misma de la distinci n entre lo especulativo y lo pr ctico, aque-llo que pensamos es su verdadero fundamento, por lo que hacemos las siguientes precisiones: 1') Dentro del Conocimiento pr ctico nos referiremos s lo a la Etica, esto es a la ciencia que trata de los actos humanos^ ejecutados por el hombre en cuanto ser inteligente y libre, dejando de lado lo atingente al Conocimiento pr ctico del hacer cuya raz n consiste en la recta construcci n de una obra, sea intelectual o material.
5 2') Exclusivamente atenderemos dentro del amplio conte-nido del Conocimiento tico a la Filosof a Moral, ciencia de las pri-meras causas y principios en el orden del obrar, desentendi ndonos de toda referencia a las ciencias morales en sus diversos grados y especies y de lo que ata e al orden de la prudencia. Creemos, sin embargo, que esta doble limitaci n en nada aminorar el valor de las conclusiones del presente trabajo, desde que la cuesti n pretende ser abordada en su misma ra z, estableciendo los principios del orden especulativo y pr ctico, y tenemos por verdad indubitable que "en, cada g nero aquello que es principio, es la regla y medida de ese g nero"*. Cuando Arist teles y Santo Tom s se refieren expresamente a la distinci n del entendimiento o de las ciencias en te ricas y pr cticas 1 Los actos humanos deben distinguirse de los ctos del honihre^ como lo hace Ssiito Tom s en S.
6 T. I-II, q. I, a. 1 . El objeto propio de la tica debe buscarse entre los primeros y no en los segundos. 2 Summa Theologiae, MI, q. 90, a. ! . Actas del Primer Congreso Nacional de Filosof a, Mendoza, Argentina, marzo-abril 1949, tomo 2 Conocimiento especulativo Y Conocimiento PR CTICO 1197 emplean siempre la misma cl sica expresi n differunt fine u otras equivalentes tales como ad invicem fine, ex fine, secundum finem^, esto es, que se distinguen en raz n del fin. Al respecto se impone una primera precisi n. No se trata del fin personal perseguido por el estudioso, sino del fin propio de la ciencia en cuanto tal, de la obra u operaci n mental considerada en su estructura espec fica, con absoluta prescindencia de todo punto de vista subjetivo, de tal manera que la moral, por ejemplo, permanecer siempre ciencia pr ctica a n cuando el moralista conozca sus principios y conclusiones s lo por conocerlos sin llevarlos jam s a ejecuci n, y la metaf sica ser siempre especulativa aun cuando el metaf sico la estudie con un fin ulterior, verbigracia, para desempe ar una c tedra o por vanidad personal.
7 De lo contrario resultar a que la naturaleza misma de una ciencia depender a del arbitrio personal, lo que es a todas luces un absurdo. El fin que especifica uno y otro saber no es tampoco un fin sobrea adido a la ciencia, de tal modo que deba reputarse todo cono-cimiento cient fico como puramente te rico, el que se har a pr ctico al aplicarse a dirigir la acci n concreta, permaneciendo no obstante especulativo en lo que hace a la consideraci n de los principios y las causas. Esta conclusi n parece deducirse de m ltiples pasajes d las obras de Santo Tom s, quien afirma repetidamente que el fin de las ciencias especulativas es la verdad^ o la consideraci n de la verdad en s y por s ^ mientras que el fin de las pr cticas es la acci n o la consideraci n de la verdad, pero ordenada al fin de la operaci n*.
8 Sin embargo, no resulta ser tal la concepci n del Doctor Ang lico si se estudia con detenimiento su pensamiento aun en los mismos textos citados, y si se tiene presente que en otros pasajes afirma terminante-mente que es com n a las ciencias especulativas y pr cticas el ser un Conocimiento por las causas y los principios ^ En otro lugar expresa que "nada impide que el Conocimiento pr ctico pueda llamarse en cierto modo (no absolutamente) especulativo , en cuanto que est alejado de la direcci n de la operaci n en acto"". En este ltimo sen* 1 ARIST TELES, Tratado del Alma L. III, Cap. X; Metaf sica L. II, Cap. 1'. STO TOM S, In Boetium de trinitate , q. V, a. 1 , In Metaphysicam Aristotelis L. II, Lectio II, N' 290; In de Anima L. III, Lectio XV, N 820.
9 2 / Boetium de trinitate , q. V, a. 1'. 8 In Metaphysicam L. II, Lectio II, N 290. * Pasajes citados. 5 De Veritate q. III, a. 3 , ad. 3'; Ih Metaphysicam L. VI, Lectio 1', N' 1145. 6 De Veritate q. III, a. 3', ad. 2'. Actas del Primer Congreso Nacional de Filosof a, Mendoza, Argentina, marzo-abril 1949, tomo 21198 ABELARIK) F. ROSSI tido es muy claro el texto de In Boetium de trinitate , q. V. a. 1', en donde dice que seg n el fin toda la medicina es pr ctica, en cuanto est ordenada a la operaci n, y que en la divisi n que de la misma se hace en te rica y pr ctica s lo se atiende a que las cosas en una y otra parte tratadas est n alejadas o pr ximas de la operaci n res-pectivamente.
10 Entendemos, pues, que la ndole te rica o pr ctica de una ciencia no depende ni de la intenci n subjetiva del cognoscente, ni de los diversos grados del Conocimiento seg n ste se encuentre m s o menos pr ximo a la direcci n de la conducta, ni de un fin extra o sobrea a-dido a una misma y nica clase de ciencia siempre te rica en cuanto tal que la hiciera permanecer en tal car cter o derivar en pr ctica. Pensamos, por el contrario, que una ciencia cualquiera por el solo hecho de ser tal ciencia ser siempre te rica o pr ctica desde sus primeros principios hasta sus ltimas conclusiones, considerando una y otra formalidades distintas de la misma realidad cognoscible y ori-ginando, por las exigencias propias de sus respectivos objetos, m to-dos diversos*. Ahora bien, si las interpretaciones que dejamos esbozadas han de ser excluidas como ajenas al pensamiento de los fil sofos en que nos apoyamos y por carentes de una seria base epistemol gica, nos queda ya delimitado el campo de la investigaci n y cabe preguntarnos cu l es el fin en raz n del cual se distinguen las ciencias en especulativas y pr cticas, seg n Arist teles y Santo Tom s de Aquino.