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MÉXICO Y LA PRIMERA INTERVENCIÓN …

M XICO Y LA PRIMERA INTERVENCI N NORTEAMERICANA. Tte. Nav o SDN. Prof. Leticia Rivera Cabrieles Mtra. en Historia. El asalto a Padierna, la llegada all de los yanquis, el encaramarse uno al asta bandera, derribarla, desgarrarla, repicotearla orgulloso, fue horrible; yo lo ve a a trav s de mi llanto y aullaba como una mujer me dol a la sangre, gem a algo dentro de m que me espantaba . la muerte hubiera sido como agua pura y fresca para mi alma sedienta . Guillermo Prieto, Memorias de mis tiempos. INTRODUCCI N. El tema de la guerra que Estados Unidos condujo contra M xico entre los a os de 1846 a 1848, ha sido ya objeto de numerosas publicaciones de car cter hist rico, por lo que este art culo no pretende ser una contribuci n adicional a la valiosa historiograf a existente sobre el tema, sino m s bien, explicar esta guerra ubic ndola en el contexto de las relaciones internacionales de ambos pa ses, es decir conect ndola con el fen meno del expansionismo que si bien apareci en Europa a finales del siglo XV, Estados Unidos lo emprende a partir de su independencia en el siglo XVIII.

1 MÉXICO Y LA PRIMERA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA Tte. Navío SDN. Prof. Leticia Rivera Cabrieles Mtra. en Historia. “ El asalto a Padierna, la llegada allí de los yanquis, el encaramarse uno al asta bandera, derribarla, desgarrarla, repicotearla orgulloso, fue horrible; yo lo veía a través de mi llanto

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1 M XICO Y LA PRIMERA INTERVENCI N NORTEAMERICANA. Tte. Nav o SDN. Prof. Leticia Rivera Cabrieles Mtra. en Historia. El asalto a Padierna, la llegada all de los yanquis, el encaramarse uno al asta bandera, derribarla, desgarrarla, repicotearla orgulloso, fue horrible; yo lo ve a a trav s de mi llanto y aullaba como una mujer me dol a la sangre, gem a algo dentro de m que me espantaba . la muerte hubiera sido como agua pura y fresca para mi alma sedienta . Guillermo Prieto, Memorias de mis tiempos. INTRODUCCI N. El tema de la guerra que Estados Unidos condujo contra M xico entre los a os de 1846 a 1848, ha sido ya objeto de numerosas publicaciones de car cter hist rico, por lo que este art culo no pretende ser una contribuci n adicional a la valiosa historiograf a existente sobre el tema, sino m s bien, explicar esta guerra ubic ndola en el contexto de las relaciones internacionales de ambos pa ses, es decir conect ndola con el fen meno del expansionismo que si bien apareci en Europa a finales del siglo XV, Estados Unidos lo emprende a partir de su independencia en el siglo XVIII.

2 Este fen meno fue el antecedente directo de la guerra contra M xico que culmin con la perdida del 55%. del territorio nacional. En este marco del proceso de expansi n imperialista analizamos las estrategias pol ticas y militares empleadas tanto por M xico como por los Estados En esta misma vertiente se pretende se alar que se ha reconocido poco la importancia que esta guerra tuvo para ambas naciones, en tanto fue un paso en la ascensi n de Estados Unidos para irse colocando como una gran potencia frente a las europeas y para M xico porque fue el amago extranjero que m s p rdidas le significo de todas las intervenciones que ha sufrido. Adem s, porque a pesar del tiempo transcurrido, este tema para nuestro pa s contin a siendo objeto de un debate acalorado y emocional dado que la guerra evidencio con toda su magnitud la falta de uni n de los mexicanos, as como de las debilidades del Estado para la defensa que se atribuye a un legado colonial y a las divisiones internas existentes en ese momento.

3 No obstante, pese a la superioridad b lica, M xico tuvo la oportunidad de haber cambiado el curso de la guerra cuando el General Scott permaneci durante diez semanas en Puebla con el fin de descansar a las tropas y abastecerse de v veres. Sin embargo, M xico no ataco y permiti el avance hacia la Ciudad de 1. A partir de la segunda mitad del siglo XIX el proceso de acumulaci n capitalista y la expansi n de la producci n industrial en todos los sectores dieron lugar al desarrollo de una nueva fase del modo de producci n capitalista bajo el nombre gen rico de imperialismo. Las principales caracter sticas de esta transformaci n de la econom a occidental fueron las siguientes: Una expansi n territorial, una expansi n comercial y una expansi n financiera que derivo hacia finales de ese siglo en la formaci n de los grandes monopolios.

4 1. M xico. Este momento de la guerra puso a flote las diferencias y rivalidades pol ticas de los dirigentes y militares del Ej rcito mexicano. Este art culo no pretende responder a posiciones preestablecidas, es decir, no trata de justificar las debilidades de M xico, ni satanizar a los Estados Unidos y al margen de las responsabilidades hist ricas de ambos pa ses, se pretende mostrar con la mayor objetividad posible la posici n y la pol tica que asumieron ambos gobiernos en el desarrollo del conflicto b lico, cuyo resultado fue el alto precio que tuvo que pagar M xico para la firma de la paz. LA EXPANSI N NORTEAMERICANA. Como se sabe, la expansi n iniciada por los europeos en el siglo XVI, condujo a una agresiva competencia por el dominio de Am rica del Norte y ello constituy parte de la herencia cultural que el viejo mundo dej en el Nuevo; cuando los europeos finalmente fueron desplazados de Am rica, su legado expansionista cobr fuerza en la nueva naci n americana que eran los Estados Unidos y que a la larga acab disput ndole la supremac a en el continente.

5 No deja de ser parad jico el hecho de que, aunque Europa logr consolidar su posici n hegem nica a nivel mundial, ninguna de sus potencias (incluyendo Inglaterra) pudo asumir el liderazgo de esa hegemon a. La adquisici n de la Luisiana, las Floridas, la absorci n de Texas, California y Nuevo M xico, fueron pasos subsecuentes que colocaron a Estados Unidos, primero en el nivel de potencia continental, luego en el de mundial y finalmente en el de nica superpotencia al t rmino de las guerras mundiales. La guerra con M xico form parte de ese proceso. Con la extensi n de sus fronteras sobre nuestro territorio, los Estados Unidos adquir an una dimensi n continental al bordear los dos oc anos, por lo que en lo sucesivo su expansi n ser a de car cter global.

6 Antes de la guerra con M xico, los Estados Unidos hab an comprado a Francia la Luisiana en once millones de d lares. Obten an as una salida al Golfo de M xico, un puerto privilegiado, Nueva Orle ns, para sus avances comerciales y territoriales y, sobre todo, el control del R o Mississipi. Asimismo, la frontera imprecisa de la Luisiana fue una cuesti n que jam s preocup a Espa a. Pronto los nuevos dominios fueron insuficientes y en 1818 el General Andrew Jackson hizo una guerra de exterminio contra los indios seminolas de los pantanos de la Florida. Despu s vendr a la independencia de Texas promovida por los Estados Unidos. El Congreso Mexicano desautoriz la legitimaci n del despojo. Sin embargo, el estado ca tico en que viv a M xico, no le permit a emprender la reconquista.

7 Una PRIMERA intervenci n francesa, sirvi adem s en 1838 para que Santa Anna perdiera una pierna en el muelle de Veracruz y recuperara el prestigio adquirido en 1829 en Tampico al vencer a las fuerzas espa olas del General Isidro Barradas. A la guerra con M xico en 1848, sigui la anexi n del territorio brit nico de Oreg n en ese a o, en 1852 se abr a el mercado de Jap n al comercio occidental, en 1867 se compraba Alaska a 2. Rusia, en 1898 Estados Unidos independizaba a Cuba y se posesionaba de Puerto Rico, Guam y las Filipinas, en 1900 se incorporaba Hawai, en 1903 se independizaba Panam de Colombia y constru an el canal interoce nico. etc. Su ascensi n definitiva a superpotencia ocurrir a al concluir la segunda guerra mundial y la guerra fr a.

8 Cabe se alar que de todas esas adquisiciones, la de M xico fue la m s grande: 2,500,000. kil metros cuadrados. La de Luisiana fue de 1,600,000. Las consecuencias que tuvo la guerra M xico-estados Unidos no fueron debidamente reconocidas en su momento, ya que durante los a os de 1789 a 1848 ha sido un per odo de una Europa que dominaba al mundo2 y los acontecimientos acaecidos en otros continentes segu an siendo asuntos marginales, puesto que el equilibrio internacional era determinado por la correlaci n de fuerzas que imperaban en suelo europeo. No obstante, algunas potencias europeas se empezaron a percatar y a alarmar por el avance norteamericano que pod a llegar una amenaza para sus intereses. De ah que Inglaterra desplegar una serie de medidas diplom ticas para solucionar el conflicto por Texas y que evitara que los norteamericanos ampliaran su territorio.

9 Francia reaccion de forma m s aguerrida y de ah . que en la visi n geoestrat gica de Napole n III figur el proyecto de crear en M xico un imperio vasallo del franc s, destinado a frenar el avance norteamericano. En la guerra contra M xico sab an los Estados Unidos que enfrentaban a una naci n soberana e independiente que durante 300 a os sufri el yugo espa ol y que hab a tenido que llevar a cabo una guerra para liberarse de la tutela espa ola. Y que los postulados de la doctrina Monroe de s lo recurrir a las armas para defenderse del enemigo y para liberar al continente de la opresi n de los europeos perd an su validez. La agresi n a M xico dejo ver que la virtuosa democracia de los Estados Unidos s lo era una plataforma hacia sus verdaderas pretensiones de car cter imperial y que ten a la intenci n de convertirse en una gran potencia utilizando los viejos y ordinarios m todos de la pol tica del poder.

10 El haber invadido militarmente por PRIMERA vez a una naci n independiente con el nico prop sito de expandir su dimensi n f sica y acrecentar su poder, vencieron ya toda resistencia o escr pulos que ten an los Estados Unidos para entrar de lleno en la contienda por la supremac a que en ese entonces era de Inglaterra. El expansionismo norteamericano no quiso ser visto como una prolongaci n del europeo, ni como algo inherente al propio desarrollo del capitalismo occidental, puesto que esta naci n hab a partido de la convicci n de la libertad y de que estaban creando algo nuevo y diferente, alejado de las pr cticas antidemocr ticas del absolutismo. Por ello, buscaron justificarse con nuevos conceptos alejados de la inspiraci n divina de las cabezas coronadas, sino de un destino manifiesto para 2.


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