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El retrato de Dorian Grey

El retrato de DorianGreyOscar wilde Obra reproducida sin responsabilidad editorialAdvertencia de Luarna EdicionesEste es un libro de dominio p blico en tantoque los derechos de autor, seg n la legislaci n es-pa ola han lo presenta aqu como un obsequio asus clientes, dejando claro que:1) La edici n no est supervisada por nuestrodepartamento editorial, de forma que no nosresponsabilizamos de la fidelidad del conte-nido del ) Luarna s lo ha adaptado la obra para quepueda ser f cilmente visible en los habitua-les readers de seis ) A todos los efectos no debe considerarsecomo un libro editado por artista es creador de el arte y ocultar al artista es la meta cr tico es quien puede traducir de manera dis-tinta o con nuevos materiales su impresi n de labelleza. La forma m s elevada de la cr tica, y tam-bi n la m s rastrera, es una modalidad de autobio-graf descubren significados ruines en cosashermosas est n corrompidos sin ser elegantes, loque es un defecto.

OSCAR WILDE. Capítulo 1 El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los árboles del jardín, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma más delicado de las flores rosadas de los espinos. …

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  Sarco, Wilde, Oscar wilde

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Transcription of El retrato de Dorian Grey

1 El retrato de DorianGreyOscar wilde Obra reproducida sin responsabilidad editorialAdvertencia de Luarna EdicionesEste es un libro de dominio p blico en tantoque los derechos de autor, seg n la legislaci n es-pa ola han lo presenta aqu como un obsequio asus clientes, dejando claro que:1) La edici n no est supervisada por nuestrodepartamento editorial, de forma que no nosresponsabilizamos de la fidelidad del conte-nido del ) Luarna s lo ha adaptado la obra para quepueda ser f cilmente visible en los habitua-les readers de seis ) A todos los efectos no debe considerarsecomo un libro editado por artista es creador de el arte y ocultar al artista es la meta cr tico es quien puede traducir de manera dis-tinta o con nuevos materiales su impresi n de labelleza. La forma m s elevada de la cr tica, y tam-bi n la m s rastrera, es una modalidad de autobio-graf descubren significados ruines en cosashermosas est n corrompidos sin ser elegantes, loque es un defecto.

2 Quienes encuentran significadosbellos en cosas hermosas son esp ritus ellos hay los elegidos, y ensucaso las cosas hermo-sas s lo significan existen libros morales o libros est n bien o mal escritos. Eso es aversi n del siglo porel realismo es la rabia deCalib n al verse la cara en el aversi n del siglo por el romanticismo es la ra-bia de Calib n al no verse la cara en un vida moral del hombre forma parte de los te-mas del artista, pero la moralidad del arte consisteen hacer un uso perfecto de un medio n artista desea probar nada. Incluso las cosasque son verdad se pueden artista no tiene preferencias morales. Una pre-ferencia moral en un artista es un imperdonableamaneramiento de n artista es morboso. El artista est capaci-tado para expresarlo y lenguaje son, para el artista, losinstrumentos de su vicio y la virtud son los materiales del el punto de vista de la forma, el modelo detodas las artes es el arte del m sico.

3 Desde el puntode vista del sentimiento, el modelo es el talento arte es a la vez superficie y s profundizan, sin contentarse con la su-perficie, se exponen a las penetran en el s mbolo se exponen a que en realidad refleja el arte es al espectadory no la diversidad de opiniones sobre una obra de artemuestra que esa obra es nueva, compleja y queest viva. Cuando los cr ticos disienten, el artistaest de acuerdo consigo un hombre le podemos perdonar que haga algo til siempre que no lo admire. La nica excusa parahacer una cosa in til es admirarla arte es completamente in WILDECap tulo 1El intenso perfume de las rosas embalsamaba elestudio y, cuando la ligera brisa agitaba los rbolesdel jard n, entraba, por la puerta abierta, un intensoolor a lilas o el aroma m s delicado de las floresrosadas de los Henry Wotton, que hab a consumido ya,seg n su costumbre, innumerables cigarrillos, vis-lumbraba, desde el extremo del sof donde estabatumbado -tapizado al estilo de las alfombras persas-, el resplandor de las floraciones de un codeso, dedulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidasapenas parec an capaces de soportar el peso deuna belleza tan deslumbrante como la suya.

4 Y, decuando en cuando, las sombras fant sticas de p ja-ros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinasde seda india colgadas delante de las inmensasventanas, produciendo algo as como un efectojapon s, lo que le hac a pensar en los pintores deTokyo, de rostros tan p lidos como el jade, que, pormedio de un arte necesariamente inm vil, tratan detransmitir la sensaci n de velocidad y de movimien-to. El zumbido obstinado de las abejas, abri ndosecamino entre el alto c sped sin segar, o dando vuel-tas con mon tona insistencia en torno a los polvo-rientos cuernos dorados de las desordenadas ma-dreselvas, parec an hacer m s opresiva la quietud,mientras los ruidos confusos de Londres eran comolas notas graves de un rgano el centro de la pieza, sobre un caballete recto,descansaba el retrato de cuerpo entero de un jovende extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distan-cia, estaba sentado el artista en persona, el BasilHallward cuya repentina desaparici n, hace algunosa os, tanto conmoviera a la sociedad y diera origena tan extra as contemplar la figura apuesta y elegante quecon tanta habilidad hab a reflejado gracias a su arte,una sonrisa de satisfacci n, que quiz hubiera podi-do prolongarse, ilumin su rostro.

5 Pero el artista seincorpor bruscamente y, cerrando los ojos, se cu-bri los p rpados con los dedos, como si tratara deaprisionar en su cerebro alg n extra o sue o delque temiese tu mejor obra, Basil -dijo lord Henry con ento-naci n l nguida-, lo mejor que has hecho. No dejesde mandarla el a o que viene a la galer a Grosve-nor. La Academia es demasiado grande y demasia-do vulgar. Cada vez que voy all , o hay tanta genteque no puedo ver los cuadros, lo que es horrible, ohay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, loque todav a es peor. La galer a Grosvenor es el creo que lo mande a ning n sitio -respondi elartista, echando la cabeza hacia atr s de la curiosamanera que siempre hac a re r a sus amigos deOxford-. No; no mandar el retrato a ning n Henry alz las cejas y lo mir con asombro atrav s de las delgadas volutas de humo que, al salirde su cigarrillo con mezcla de opio, se retorc anadoptando extra as No lo vas a enviar a ning n sitio?

6 Por qu , miquerido amigo? Qu raz n podr as aducir? Porqu sois unas gentes tan raras los pintores? Hac iscualquier cosa para ganaros una reputaci n, pero,tan pronto como la ten is, se dir a que os sobra. Esuna tonter a, porque en el mundo s lo hay algo peorque ser la persona de la que se habla y es ser al-guien de quien no se habla. Un retrato como se tecolocar a muy por encima de todos los pintores in-gleses j venes y despertar a los celos de los viejos,si es que los viejos son a n susceptibles de que te vas a re r de m -replic Hallward-, perono me es posible exponer ese retrato . He puesto en l demasiado de m Henry, estir ndose sobre el sof , dej esca-par una , Harry, sab a que te ibas a re r, pero, de todosmodos, no es m s que la Demasiado de ti mismo! A fe m a, Basil, no sab- a que fueras tan vanidoso; no advierto la menorsemejanza entre ti, con tus facciones bien marcadasy un poco duras y tu pelo negro como el carb n, yese joven adonis, que parece estar hecho de marfily p talos de rosa.

7 Vamos, mi querido Basil, esemuchacho es un narciso, y t .., bueno, tienes, porsupuesto, un aire intelectual y todo eso. Pero labelleza, la belleza aut ntica, termina donde empiezael aire intelectual. El intelecto es, por s mismo, unmodo de exageraci n, y destruye la armon a decualquier rostro. En el momento en que alguien sesienta a pensar, todo l se convierte en nariz o enfrente o en algo espantoso. Repara en quienestriunfan en cualquier profesi n docta. Son absolu-tamente imposibles. Con la excepci n, por supues-to, de la Iglesia. Pero sucede que en la Iglesia no sepiensa. Un obispo sigue diciendo a los ochenta a oslo que a los dieciocho le contaron que ten a quedecir, y la consecuencia l gica es que siempre tieneun aspecto delicioso. Tu misterioso joven amigo,cuyo nombre nunca me has revelado, pero cuyoretrato me fascina de verdad, nunca piensa. Estoycompletamente seguro de ello.

8 Es una hermosacriatura, descerebrada, que deber a estar siempreaqu en invierno, cuando no tenemos flores quemirar, y tambi n en verano, cuando buscamos algoque nos enfr e la inteligencia. No te hagas ilusiones,Basil: no eres en absoluto como me entiendes, Harry -respondi el artista-. Nosoy como l, por supuesto. Lo s perfectamente. Dehecho, lamentar a parecerme a l. Te encoges dehombros? Te digo la verdad. Hay un destino adver-so ligado a la superioridad corporal o intelectual, eldestino adverso que persigue por toda la historia lospasos vacilantes de los reyes. Es mucho mejor noser diferente de la mayor a. Los feos y los est pidosson quienes mejor lo pasan en el mundo. Se pue-den sentar a sus anchas y ver la funci n con la bocaabierta. Aunque no sepan nada de triunfar, se aho-rran al menos los desenga os de la derrota. Vivencomo todos deber amos vivir, tranquilos, despre-ocupados, impasibles.

9 Ni provocan la ruina de otros,ni la reciben de manos ajenas. Tu situaci n social ytu riqueza, Harry; mi cerebro, el que sea; mi arte,cualquiera que sea su valor; la apostura de DorianGray: todos vamos a sufrir por lo que los dioses noshan dado, y a sufrir Dorian Gray? Es as como se llama? -pregunt lord Henry, atravesando el estudio en direcci n aBasil ; as es como se llama. No ten a intenci n dedec , por qu no?-No te lo puedo explicar. Cuando alguien me gus-ta much simo nunca le digo su nombre a nadie. Escomo entregar una parte de esa persona. Con eltiempo he llegado a amar el secreto. Parece ser lo nico capaz de hacer misteriosa o maravillosa lavida moderna. Basta esconder la cosa m s corrientepara hacerla deliciosa. Cuando ahora me marcho deLondres, nunca le digo a mi gente ad nde voy. Si lohiciera, dejar a de resultarme placentero. Es unacostumbre tonta, lo reconozco, pero por algunaraz n parece dotar de romanticismo a la vida.

10 Ima-gino que te resulto terriblemente rid culo, no escierto?-En absoluto -respondi lord Henry-; nada de eso,mi querido Basil. Pareces olvidar que estoy casado,y el nico encanto del matrimonio es que exige deambas partes practicar asiduamente el enga s d nde est mi esposa, y mi esposa nuncasabe lo que yo hago. Cuando coincidimos, cosa quesucede a veces, porque salimos juntos a cenar ovamos a casa del Duque, nos contamos con tre-menda seriedad las historias m s absurdas sobrenuestras respectivas actividades. Mi mujer lo hacemuy bien; mucho mejor que yo, de hecho. Nunca seequivoca en cuesti n de fechas y yo lo hago siem-pre. Pero cuando me descubre, no se enfada. Aveces me gustar a que lo hiciera, pero se limita are rse de m .-No me gusta nada c mo hablas de tu vida de ca-sado, Harry -dijo Basil Hallward, dirigi ndose haciala puerta que llevaba al jard n-. Creo que eres enrealidad un marido excelente, pero que te aver-g enzas de tus virtudes.


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