Transcription of Las mujeres en la cultura - Instituto Nacional de las …
1 Es innegable el papel que juegan la cultura y el arte no s lo en la transformaci n, sino tambi n en la permanencia y la demostraci n del sentir y del ser cotidiano de la seres humanos adquirimos la cultura por exposici n, por herencia social o por convivencia con un grupo social. Los valores, las tradiciones, las leyes, las costumbres, algunos c digos o patrones aprendidos, forman parte de lo que se nos ha transmitido y que se considera como cultura . En este sentido, la cultura se transforma de acuer-do con la su parte, el arte puede considerarse una expresi n de la cultura . Ambas van de la mano creando, preservando, conservando e incrementando el patrimonio cultural.
2 El arte incluye la creaci n de objetos art sticos y tambi n su apreciaci n y comprensi n. Son parte de la creaci n art stica la pintura, la escultura, el grabado o el dibujo, la lite-ratura, la m sica, la danza, el teatro, la arquitectura, la fotograf a, el cine, etc. Desafor-tunadamente, al igual que en otros mbitos de la sociedad, el papel de la mujer en el arte y en la cultura se ha visto limitado por las inequidades de g a muy ambicioso intentar hacer un estudio que abarque todas las expresio-nes de cultura y arte en nuestro pa s, por lo que el objetivo de este documento se limi-ta a presentar algunos datos sobre un segmento de la poblaci n, cuya actividad tiene alguna relaci n con la cultura y el arte ya sea por estudio o por trabajo, enfatizando las diferencias entre mujeres y Por ello, los datos estad sticos que se inclu-yen, si bien se refieren a un sector muy espec fico de la poblaci n.
3 Permiten mostrar las diferencias de g nero y tambi n las necesidades en la materia y los vac os de infor-maci n que har n posible entender por qu en nuestro pa s no toda la poblaci n tie-ne acceso al mundo del arte y de la razones de g nero, a lo largo de la historia las mujeres han quedado al margen del arte. Un claro ejemplo se da en la pintura de los siglos XVI a XIX, poca en la que las mujeres no tuvieron acceso a sesiones en las que el estudio del cuerpo humano repre-sentaba un estadio fundamental en la formaci n de cualquier artista y el estudio de los desnudos constitu a la base del entrenamiento acad mico y de la representaci n art stica.
4 Esto significaba, al fin y a la postre, no poder consagrarse a la pintura hist -rica o a la mitol gica, pintura mayor por excelencia, teniendo que dedicarse a otras artes menores como el bodeg n, el paisaje o el retrato (Cao, , 2000).Sin embargo, no debe restarse importancia al arte creado por las mujeres de aque-llas pocas que permiten observar escenas dom sticas, retratos de familiares y auto-rretratos, motivos religiosos y b blicos, bodegones o cuadros de comedor, naturalezas muertas, flores y floreros, animales de caza, frutas y fruteros, verduras, p jaros, paisa-jes, animales o mujeres desarrollando alguna actividad t picamente femenina como el bordado.
5 Estas obras, b sicamente del siglo XIX, permiten ilustrar a la mujer de cierta clase en ese siglo (Urrutia, 2003).Las mujeresen la cultura y las artes1 Los datos de poblaci n que estudia, es becaria o tiene alguna actividad acad mica, provienen del FONCA, del CENART y de ANUIES. Los da-tos de poblaci n econ micamente activa se obtuvieron de la Encuesta Nacional de Empleo 2003. Se incluyen algunos datos de la Encuesta Na-cional de Pr cticas y Consumo Culturales que muestran el consumo de bienes f rmulas m s efi caces para borrar el paso de las mu-jeres artistas por la esfera p blica han sido, entre otras: no registrar sus aportaciones a la cultura en los anales hist ricos, aun cuando ahora sabemos que tambi n tra-bajaron en las cortes, pintaron para monarcas y papas; no hablar de las mujeres que fueron exitosas econ mi-camente y que incluso mantuvieron a sus familias; no re-gistrar que ense aron a sus propios alumnos; cambiar su apellido por el del marido o del padre.
6 Trabajar en talleres colectivos, algunos dealers llegaron incluso a alterar las fi rmas de sus obras para venderlas m s caras haci ndolas pasar por las de artistas del mismo estilo, pero m s reco-nocidos; tachar a las artistas de no haber sido ellas quie-nes realizaron la obra; limitar su paso por las academias, el dibujo de desnudo y la composici n; y la falta de liber-tad para viajar (Quijano, 2003).Si bien en M xico no se tiene conocimiento de una obra prol fi ca femenina, s hay evidencia de pintoras cuya obra fue importante; tal es el caso de artistas tan conocidas como Mar a Izquierdo y Frida Kahlo. En su obra La cr ti-ca de arte en M xico en el siglo XIX (citado en Urrutia, 2004), Ida Rodr guez Prampolini menciona 85 nombres de expositoras en las muestras que se presentaban en la Academia de San Carlos, y algunas que se enviaron a ex-posiciones en el lo que se refi ere a la danza, que actualmente es interpretada en su mayor a por mujeres , es has-ta el siglo XIX cuando ellas despla-zan a los hombres del escenario, pero permaneciendo ellos como maestros, core grafos, empresa-rios e incluso como espectado-res.
7 Eran ellos quienes impon an im genes y representaciones de la mujer en funci n de la mirada y el deseo masculinos (Torjada, 1998).La danza era un espacio p blico en donde las mujeres pod an expresar su percepci n del mundo a trav s de s mismas y manifestar im ge-nes diferentes a los hegem nicos y patriarcales; y es hasta fi nales del siglo XIX y principios del XX que es posible que las mujeres tomen posesi n plena de su cuerpo y de su arte mediante la danza, no sin escandalizar por bailar descalzas, sin cors s y por presen-tar im genes y representaciones de la mujer ajenas a la mirada la literatura, las mujeres siempre han estado pre-sentes.
8 Diosas, hero nas, ninfas, en la mitolog a griega. Desde entonces, las mujeres han sobresalido como mu-sas de los poetas, pero no debe restarse importancia a su obra como autoras. Aunque lentamente, en el me-dioevo tard o, la ca da del muro autoritario que separa-ba a la mujer de la cultura literaria ya hab a comenzado y existen numerosos ejemplos de poetisas o escritoras que afrontaron la palabra culta y la p gina literaria fuera de las reglas del discurso religioso (De Martino,1994).No podemos dejar de mencionar a Sor Juana In s de la Cruz, poetisa del siglo XVII cuyo conocido Hombres ha sido considerado como el primer manifi esto fe-minista de nuestra historia y, m s tarde, en el siglo XX, a Rosario la literatura latinoamericana, de los nombres de mu-jeres que han sobresalido, hay un mayor n mero de poe-tisas que de narradoras.
9 Es en la segunda mitad del siglo XX cuando se observa una mayor presencia de las muje-res en el g nero de la igual que en otras disciplinas, el papel de las mujeres ha sido escaso en n mero y en premios cl sicos, sin em-bargo, las mujeres han ido abriendo puertas y silencios para ubicarse paulatinamente en el escenario de la litera-tura de Am rica Latina (Campell).En el g nero de la fotograf a se tienen tambi n ejem-plos de la resistencia al reconocimiento de la creativi-dad y la importante presencia femenina en el mundo de la cultura y el arte, y la insistencia en considerar-la como un objeto para ser mirado y codiciado (Urru-tia 2003).
10 La m sica parece ser una de las disciplinas del arte con cierta permisibilidad para las mujeres . En Espa a, duran-te el siglo XVII llama la atenci n que en las primeras re-presentaciones dram ticas y espect culos teatrales, en los que fue incluido el canto y que dieran origen al teatro musical, se permiti la participaci n de la mujer como cantante (Armijo, 2003). Matr cula 2003 Cuadro 1 Concentraci n Nacional de la poblaci n escolar en licenciatura por reas de estudio, 2003 Fuente: ANUIES, Licenciatura en Universidades e Institutos Tecnol gicos, Anuario Estad stico 2003. Total % mujeres Total % mujeres Total % MujeresTotal 29,231 3,233 1,574 dram tico 693 106 48 4,842 576 198 557 64 7 n y docencia 791 161 37 a 82 13 6 a 4,930 604 351 5,867 752 370 7,758 727 424 sica 3,711 230 133 reaEgresados (2002)Titulados (2002)3 Por otro lado, en la Espa a del siglo XIX, aunque prevale-c an las actividades de tipo dom stico, en la alta aristocra-cia fue bien visto el cultivar en las mujeres el desarrollo de habilidades art sticas para el lucimiento p blico, entre las que se encontraba la m sica.