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La novela - uam.mx

27La llamada novela de la Revoluci n (el conjunto de obras na-rrativas inspiradas en el movimiento social que encabez Francisco I. Madero) apareci de manera simult nea al conflicto armado. Se inicia con Andr s P rez, maderista, editada en 1911, cuya acci n transcurre de fines de 1910, con las celebraciones del centenario de la Independencia, a mediados de 1911, cuando el pa s estaba levantado en armas contra la dictadura porfirista. Mariano Azuela (1873-1952), un autor que se hab a ocupado de retratar las costumbres mexicanas en sus tres primeras nove-las, hab a escrito literalmente sobre las rodillas, casi al mismo tiempo que los sucesos hist ricos acontec an.

27 L a llamada “novela de la Revolución” (el conjunto de obras na-rrativas inspiradas en el movimiento social que encabezó Francisco I. Madero) apareció de manera simultánea al conflicto armado.

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1 27La llamada novela de la Revoluci n (el conjunto de obras na-rrativas inspiradas en el movimiento social que encabez Francisco I. Madero) apareci de manera simult nea al conflicto armado. Se inicia con Andr s P rez, maderista, editada en 1911, cuya acci n transcurre de fines de 1910, con las celebraciones del centenario de la Independencia, a mediados de 1911, cuando el pa s estaba levantado en armas contra la dictadura porfirista. Mariano Azuela (1873-1952), un autor que se hab a ocupado de retratar las costumbres mexicanas en sus tres primeras nove-las, hab a escrito literalmente sobre las rodillas, casi al mismo tiempo que los sucesos hist ricos acontec an.

2 Durante la presidencia de Victoriano Huerta perge a escondidas, durante las noches, Los caciques (1916), cuyo manuscrito manten a bien escondido por temor a los cateos. Su simpat a por la causa revolucionaria lo hizo unirse, en octubre de 1914, a una facci n villista, en la cual ejerci su profesi n de m dico. Durante los momentos de calma pudo dar forma a Los de abajo (1916), que con el paso del tiempo se ha convertido en la novela de la revoluci n m s le da, mientras que su protagonista, Demetrio Mac as, se ha vuelto el personaje m s popular. Bien a bien no sabe exactamente por qu lucha, pero se entrega a la causa convencido de que de ella surgir un M xico mejor.

3 Azuela sigui ocup ndose de la Revoluci n Mexicana y, no sin desencanto, plasm la primera burla al movimiento en Domitilo quiere ser diputado (1918), que fue editada junto con Las moscas, dedicada a esos oportunistas que mero-dean en torno de los poderosos. La novela de la Revoluci n, adem s de mostrar el aspecto b lico, hizo constar las desviaciones que sin pausa y con prisa fueron desvirtuando el novela de la Revoluci n scar MataEl movimiento armado con el que arrancamos el siglo xx inspir una caudalosa corriente narrativa. Una breve enumeraci n de esta literatura muestra su riqueza28 Mariano Azuela no fue el nico que public novela de la Revoluci n en los inicios de la bola.

4 En 1914 apareci de manera p stuma Su majestad ca da, de Juan A. Mateos (1831-1913), quien hab a dado a la imprenta una serie de novelas hist ricas de escaso valor literario. Su majestad ca da, con la cual concluye una saga que principia con el sitio de Quer taro, refiere, en tono melodram tico, los ltimos d as del porfiriato, la batalla de Ciudad Ju rez en la que Pascual Orozco derrota a las huestes del gobierno y la renuncia de Porfirio D az a la presidencia de la Rep blica. Ireneo Paz (1838-1924) fue testigo del fin del porfiriato y el triunfo maderista; a su pluma se debe una serie de no-velas y leyendas hist ricas que culmin con una novela : Madero, aparecida en 1914, a manera de homenaje al Ap stol de la Democracia.

5 En el periodo que va de 1925 a 1945 se public el mayor n mero de novelas de la Revoluci n; esto es, cuando la causa hab a triunfado y se hab a convertido en gobierno. Al igual que Azuela, algunos de sus auto-res hab an intervenido de manera directa en el conflic-to, como soldados o como secretarios o consejeros de generales y caudillos: Jos Mancisidor y Francisco L. Urquizo entraron en combate, Jos Vasconcelos y Mar-t n Luis Guzm n se contaron entre los colaboradores m s cercanos de Venustiano Carranza y de Francisco Villa, respectivamente; otros m s vieron las acciones b licas a cierta distancia, como Jorge Ferretis y Rafael F. Mu oz. Como Azuela, no pocos de ellos escribieron en el extranjero, la mayor a en Espa a, como Mauricio Magdaleno y los ya mencionados Vasconcelos, Guz-m n y la gesti n presidencial de Francisco I.

6 Madero le acarre bastantes detractores y decepcion a muchos de sus seguidores, su asesinato uni a los mexicanos en contra de Victoriano Huerta. No pocos de los m s notables mexicanos se vieron obligados a huir del pa s para escapar de los esbirros del chacal. Resultan par-ticularmente valiosos los testimonios de Mart n Luis Guzm n (1887-1976) y de Jos Vasconcelos (1882-1959) sobre el periplo de los patriotas que en el sur de Estados Unidos se reunieron para sumar esfuerzos y poner en marcha la ofensiva contra el usurpador. El guila y la serpiente (1928), de Mart n Luis Guzm n, es la cr nica de las andanzas de un joven mexicano que abandon su patria con el coraz n lleno de odio contra Huerta y se pone en contacto con los revolucio- narios apellidados Obreg n, ngeles y Villa.

7 Son unas 29memorias impecablemente redactadas, que preparan la escritura de la mejor novela sobre la Revoluci n mexicana: La sombra del caudillo (1930). En esta ficci n, que supuestamente se desarrolla durante el gobierno de lvaro Obreg n, El Caudillo , los generales revo-lucionarios libran una encarnizada batalla debajo de la mesa por el poder, pues la justicia de la Revoluci n en primer lugar debe favorecerlos a ellos. Los nicos disparos de la novela obra de la inteligencia que no se permite el menor asomo de sentimentalismo y se manifiesta en una prosa brillante sirven para ma-drugar (asesinar) a un aspirante a la presidencia de la Rep blica y a varios de sus las excelencias estil sticas de su compa ero de El Ateneo de la Juventud, pero con un profundo conocimiento de los hechos hist ricos que refiere, Jos Vasconcelos registra el testimonio literario m s extenso de la Revoluci n en los cuatro tomos de sus memorias: Ulises criollo (1935), La tormenta (1937), El desastre (1938) y El proconsulado (1939).

8 Su calidad de testigo y protagonista de no pocos de los sucesos revolucionarios m s relevantes le permiten ofrecer un vasto mural, en el que aparecen su afiliaci n al Partido Antireeleccionista y su amistad con Francisco I. Made-ro, la Decena Tr gica, la Convenci n de Aguascalientes, su obra como Secretario de Educaci n P blica y su campa a presidencial de 1929, en la que fue v ctima de un fraude electoral. Vasconcelos no tiene ning n reparo en se alar que las dilaciones de Venustiano Carranza prolongaron innecesariamente un conflicto que pudo haberse resuelto en mucho menos tiempo, sin tantas muertes ni sacrificios para los mexicanos; tambi n se- ala que, en su af n por obtener el reconocimiento de Estados Unidos, el llamado Primer Jefe comprometi la soberan a nacional, de la misma manera que lo hizo Obreg n con la firma de los Tratados de Bucareli.

9 Da cuenta de las corruptelas del sonorense y de sus maqui-naciones para imponer a Plutarco El as Calles que muy lejos estaba de ser el m s popular o respetado de sus colaboradores como su sucesor incondicional. En El desastre no duda en atribuir el asesinato de Francisco Villa a Calles y su camarilla, pues esos canallas bien sab an que El Centauro del Norte hubiera sido el primero en levantarse en armas en cuanto se hiciera p blica la nueva candidatura de lvaro Obreg n a la presidencia de la Rep narrativa inspirada en la Revoluci n prest especial atenci n a la figura de Doroteo Arango, en todo el mundo conocido como Pancho Villa, sin duda el personaje m s popular de la poca.

10 Mart n Luis Guzm n public Memorias de Pancho Villa (1951), una biograf a fruto de su trato personal con El Centauro . La obra de Rafael F. Mu oz (1899-1972) es una oda al jefe de la Divisi n del Norte y a la lealtad de su gente. V monos con Pancho Villa! (1931) da noticia del c lebre ataque a Columbus y de la manera como Villa logr escapar de la punitiva expedici n yanqui, as como la forma en que los villistas protegieron y ocultaron a su jefe, herido por una bala fr a, de rebote, que durante semanas lo mantuvo al borde de la muerte. En Se lle-varon el ca n para Bachimba (1941) el joven narrador no puede dejar de comparar a Pascual Orozco, el jefe respetado, con Francisco Villa, el hombre a quien todos siguen sin condiciones.