Transcription of Philip Roth - uam.mx
1 15 Frente al embate de lo colectivo, de un tipo de literatura donde por v as naturales, como pro-ducto de importantes reflexiones ha desaparecido el personaje, el realismo norteamericano ha aposta-do por la recuperaci n del individuo, la reivindica-ci n de las voluntades particulares en el andamiaje dram tico de la historia. Esta recuperaci n no es ni una resistencia ni una hip rbole llena de falso humanismo. No: en su propia singularidad, el individuo revela su mediana intrascendencia. Su accionar termina por perpetuar o repetir obstinadamente las escenas que as estaban fijadas por poderes mayores.
2 Mientras el individuo ceja en su fuerza, m s reluce la generalidad de su poca. El personaje es Job, es Jon s, es Mois s. Es un engrane. C mo es para un autor marcadamente autorreferencial descubrir esta intrascendencia? En una rese a cari osamente cida, John Updike acusa, al hablar de un libro de Philip Roth: Quiz ya es demasiado Philip Roth . La lectura de Updike supone un aliento narcisista en el torrente creador de Roth, el que cr ticos como Harold Bloom hallan profundamente jud o: la necesidad de narrarlo todo, de pasar al carb n la dice Liel Leibovtiz, otro cr tico jud o histeria irracional y el miedo at vico; el excesivo autorrepudio y el excesivo amor propio; la indignaci n y el fatalismo [.]
3 ] la inevitable, casi patol gica compulsi n de relacionar cada aspecto de la vida con la cuesti n jud a .Ser a natural pensar que cualquier lector serio se exasperar a ante obras de esta naturaleza. Tal compulsi n, muchas veces excesiva y am-pliamente criticada en creadores como Woody Allen e incluso en magnas plumas como la de Bashevis Singer, en Roth ha sido hallada como su mejor recurso, como la verdadera luz de su arte. Philip Roth: profeta del fracasoAlfonso NavaProtest against child labor in a labor parade (1909).
4 Library of Congress. avatarUno de los temas favoritos de cierta visi n cr tica para acercarse a la lectura de Roth (o al menos a sus pri-meras obras) es el sexocentrismo. Tal elecci n cr tica, muy probablemente, tiene que ver con que el propio autor se decant en exceso por el uso del psicoan lisis (ya en el cuerpo mismo del argumento, ya como fondo mismo de no pocos relatos que acontecen en el div n).El propio Roth coment a Paris Review sobre la influencia que tal instrumento ejerci sobre su escritura: La experiencia del psicoan lisis fue probablemente m s valiosa para m como escritor que como neur tico, aunque podr a haber una falsa distinci n entre ambas entidades.
5 Roth halla en las iluminaciones del div n lo que luego hallar a sin terapeuta de por medio en la escri-tura: los oscuros rincones de su propia mente, lo que se revela s lo en la m s franca inflexi n de la inconsciencia. Pero Roth no confunde: la escritura no es tera-pia. No es una catarsis liberadora: es la expresi n en bruto. No pura, porque la malicia del escritor, los ases bajo la manga, el cauce de la imaginaci n, matizan la experiencia confesional para que no parezca (como en el peor Bukowsky, como en no pocos episodios de la narrativa Beat, como en desafortunados momentos de C line y en ciertas obras que desnudan su car cter de panfleto) berrinche o fanfarronada.
6 Roth dice: Portnoy (Alexander, el personaje de su celebrada Portnoy s Com-plain) no era un personaje para m , era una explosi n .En el hinduismo v dico se llama avatar a una manifestaci n temperamental de Dios. As , Aghni no es un dios del fuego, sino un momento de expresi n de Om que se revela en esa forma gnea. La expo-sici n de Roth autor como personaje opera de este modo: cada Roth personaje es un avatar del autor, un momento de expresi n paso de los a os, esa braza de expresi n es lo que perdura en las obras de Roth.
7 Una lectura actual de Dying Animal, My Life as a Man o Portnoy s Com-plain encontrar a quiz anticuado, poco revelador, excesivamente freudiano e incluso hasta anodino (ante el embate de ese, Iris Murdoch dixit, fracaso de la imaginaci n que es la pornograf a) el tratamiento de los asuntos sexuales en la neurosis singular de los personajes. No es, por tanto, esa presentaci n del sexo (tan provocadora en su poca, tan criticada y tan le da; tan socorrida, pues adem s de Roth, Woody Allen y otros creadores jud os se suben al tren) la que sigue atrayendo lectores nuevos hacia esas obras.
8 Zuckerman, doppelg nger Evitar la fanfarroner a y el berrinche en la escritura confesional fue posible, para Roth, gracias a la elabo-Brooklyn Bridge, Irving Underhill, 1913. Library of Congress. 17raci n de tramas complejas y bien urdidas donde aparece su talento exclusivamente narrativo, su arte de contar historias, como una pantalla para ese foco deslumbrante de la exposici n narcisista . As en Ope-ration Shylock, por ejemplo, donde Roth se confronta con un ladr n de identidad que usa la reputaci n del autor para promover el sionismo en Europa.
9 M s adelante, las apariciones de Roth ser n probablemente m s descarnadas, sin pantallas, pero tambi n con un foco narcisista de menos vatios. Para esos momentos, si Roth decide presentarse a s mismo ser para batallas frontales. As en la sobrecogedora Patrimonio, el relato testimonial sobre los d as finales de su pantalla de Roth, quiz la m s c lebre en-tre las que cuenta (posee diversos lter egos, en una tradici n que ronda a la literatura norteamericana: Bandini-Fante; Bech-Updike; Bukowsky-Chinasky; Paradise-Kerouac, etc tera) es nada menos que Nathan Zuckerman.
10 Ste, aparecido inicialmente como una invenci n de otro lter ego (Peter Tarnopol, escritor que se confie-sa en My Life as a Man), surge en la narrativa de Roth sospecho como un personaje que le sirve para un nuevo periodo de reflexi n no menos narcisista: el de las tensiones entre el creador y lo creado. Las novelas iniciales (y la propia existencia) de Zuckerman se de-cantan por diseccionar las afectaciones que el universo creado ofrece al autor, el de la dimensi n m s o menos calibrada entre la realidad y su representaci n, entre la mentira que representa la ficci n y el de la cantidad de verdad que puede llegar a albergar esa mentira.