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Héctor Islas Azaïs - CONAPRED

INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 1 LENGUAJE Y DISCRIMINACI N H ctor Islas Aza s INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 2 2005 Lenguaje y discriminaci n CUADERNOS DE LA IGUALDAD Consejo Nacional para Prevenir la Discriminaci n Dante n m. 14, col. Anzures, Del. Miguel Hidalgo, 11590, M xico, ISBN 970-9833-14-6 Se permite la reproducci n total o parcial del material incluido en esta obra, sujeto a citar la fuente. Impreso en M xico Printed in Mexico INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 3 CONTENIDO 5 PRESENTACI N GILBERTO RINC N GALLARDO 7 INTRODUCCI N 11 LAS PALABRAS IMPORTAN 15 LAS PALABRAS MOLDEAN NUESTRAS PERCEPCIONES 21 EL LENGUAJE Y EL STATUS QUO 29 EL LENGUAJE Y EL G NERO 35 QU SE PUEDE HACER?

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1 INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 1 LENGUAJE Y DISCRIMINACI N H ctor Islas Aza s INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 2 2005 Lenguaje y discriminaci n CUADERNOS DE LA IGUALDAD Consejo Nacional para Prevenir la Discriminaci n Dante n m. 14, col. Anzures, Del. Miguel Hidalgo, 11590, M xico, ISBN 970-9833-14-6 Se permite la reproducci n total o parcial del material incluido en esta obra, sujeto a citar la fuente. Impreso en M xico Printed in Mexico INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 3 CONTENIDO 5 PRESENTACI N GILBERTO RINC N GALLARDO 7 INTRODUCCI N 11 LAS PALABRAS IMPORTAN 15 LAS PALABRAS MOLDEAN NUESTRAS PERCEPCIONES 21 EL LENGUAJE Y EL STATUS QUO 29 EL LENGUAJE Y EL G NERO 35 QU SE PUEDE HACER?

2 43 NOTAS 45 BIBLIOGRAF A 47 SOBRE EL AUTOR INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 4 INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 5 PRESENTACI N En los inicios de la cuarta centuria antes de Cristo, Plat n en plena madurez filos fica escribi uno de sus di logos m s nota bles, el Cratilo, en el que reflexiona sobre la exactitud de las palabras. Desde entonces y hasta nuestros d as el misterio del lenguaje constituye una de las inquietudes m s persistentes de nuestra especie. No se trata de un hecho gratuito: lo propiamen te humano pasa siempre por su incesante criba y al pensamiento mismo no le asiste mejor recurso para ejercer su fatigado oficio.

3 Desde luego no s lo empleamos las palabras para pensar (incluso para pensar en las palabras); el lenguaje se encuentra en la base de casi toda nuestra experiencia. Afectos, emociones, ima ginaci n, encuentros y desencuentros, creencias, decisiones, elec ciones, en fin, pr cticamente toda conducta se nutre y realiza en y a trav s de este humus omnipresente en la actividad humana. Tambi n, por supuesto, el hecho discriminatorio. Aprende mos a nombrar a las cosas y a las personas a partir de nuestro entorno; al mismo tiempo, integramos prejuicios, matices despec tivos, atribuciones arbitrarias.

4 Productos y productores del hecho ling stico pasamos la vida lidiando con las palabras, produci n dolas y reproduci ndolas, la mayor parte de las veces sin concien cia del oscuro poder que esconden. Sin embargo, no por huidiza esta fuerza es menos efectiva en la realidad. El lenguaje de la discriminaci n se alimenta de la car ne y la sangre de personas puestas hist ricamente en situaci n de vulnerabilidad. El ni o estigmatizado por vivir con una discapa cidad, el ind gena rechazado por su origen tnico, el individuo con preferencias distintas a la heterosexual, entre otros muchos ejemplos posibles, son cotidianamente v ctimas de parodias, mo tes y apodos humillantes que afectan de manera severa su cali-CUADERNOS DE LA IGUALDAD 5 INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 6 dad de vida e incluso la imagen que tienen de s mismos, aten tando contra su dignidad.

5 Tal situaci n, por lo dem s, no se resume en sucesos aisla dos. M s bien por el contrario, nuestra cultura est traspasada por h bitos ling sticos que son a menudo vejatorios y ofensi vos para quienes difieren en alg n aspecto de la mayor a. Y ello tiene lugar en todos los mbitos, desde la escuela hasta los juz gados, desde la casa familiar al sitio de trabajo. Por ello conviene saludar con entusiasmo el presente traba jo de H ctor Islas Aza s, cuarta entrega de la serie Cuadernos de la igualdad , donde el autor nos invita a reflexionar sobre el v nculo entre lenguaje y discriminaci n, atendiendo a los vario pintos aspectos de este ominoso fen meno.

6 Estoy seguro de que el lector encontrar este ensayo intere sente y revelador, m s a n porque tambi n nos muestra que no es preciso sacrificar la profundidad a la claridad de la exposici n. GILBERTO RINC N GALLARDO 6 LENGUAJE Y DISCRIMINACI N INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 7 IINTRODUCCI N El estudio del lenguaje merece nuestra atenci n por el lugar tan importante que ocupa en nuestras vidas, por su relaci n con el pensamiento y con la expresi n de nuestros sentimientos. Apren demos sobre c mo es el mundo y qu valoramos en l a trav s del lenguaje. Su conocimiento nos permite comprender mejor la estructura de nuestra sociedad, c mo actuamos en ella, cu les son sus jerarqu as y, adem s, nos ayuda a descubrir algunos pre supuestos que alberga, a veces invisibles, sobre ciertos grupos de personas.

7 Si entendemos el t rmino discriminaci n en un sentido laxo como una relaci n que refleja el rechazo hacia una perso na nicamente por su pertenencia supuesta o real a cierto gru po, entonces resulta obvio que el lenguaje puede ser discrimina torio (o puede usarse para discriminar) de varias formas. Quiz la manera m s obvia en que se manifiesta esta realidad es en la proliferaci n de ep tetos ofensivos empleados para descalificar, tratar como inferiores o insultar a individuos o grupos particu lares. Abundan en nuestra lengua y en las de otros pa ses t rmi nos que se emplean con connotaciones racistas ( indio ), sexis tas ( vieja ), clasistas ( naco ) o nacionalistas ( gringo ).

8 Otros tienen el poder para estereotipar a diversos grupos, como cuan do se habla del car cter emocional de las mujeres, de la ava ricia de los jud os, de la sensibilidad de los homosexuales o de los habitantes del tercer mundo. Tambi n existen rasgos m s formales del lenguaje que delatan un trato desigual, como es el caso del empleo del art culo determinante los o del sus tantivo hombre para hablar indistintamente sobre individuos de ambos g neros. CUADERNOS DE LA IGUALDAD 7 INT_CUADERNO 4 8/2/05 7:25 PM Page 12 Obviamente, desde el punto de vista del lenguaje que discri mina la elecci n de t rminos tiene como consecuencia subrayar aspectos que se consideran reprobables o vergonzosos y que justifican (y a veces hasta exigen) la marginaci n del individuo con esas caracter sticas.

9 As , este tipo de lenguaje puede optar por destacar caracter sticas f sicas o ideol gicas para clasificar y convertir en blanco de la discriminaci n a las personas. Por ejemplo, el t rmino homosexualismo (en lugar de homose xualidad ) a n se utiliza con los acentos peyorativos que le otorga el sufijo ismo, y que hace hincapi en las actitudes (pi n sese en la similitud con palabras como ego smo o individua lismo ) de quienes supuestamente optan por un estilo de vida de manera militante como forma de rechazo a otros modos de vi vir. Esto los convierte de inmediato en adversarios peligrosos de lo que se percibe generalmente como lo normal , de las formas de convivencia humana basadas en relaciones sexuales conven cionales.

10 Es preciso mencionar tambi n que no es nicamente c mo clasifiquemos a las personas y las cosas lo que importa aqu . Junto con la funci n referencial de estas expresiones pode mos distinguir un componente afectivo: c mo desean ser llama das las personas o los grupos de personas, y particularmente quienes han sido blancos hist ricos de alguna forma de discri minaci n, interesa en la medida en que las elecciones ling sti cas que puedan hacer les ayudar a conformar su identidad y a sentirse mejor consigo mismos. La adopci n en muchos mbi tos de t rminos como persona con discapacidad o persona con capacidades distintas en lugar de voces como minusv li do , inv lido , incapacitado , lisiado , retrasado o sub normal procura apartar las connotaciones despectivas, de in ferioridad, de ineptitud, de dependencia y paternalistas a favor de una concepci n m s respetuosa de la autonom a individual, de la diversidad y del derecho a una vida, digamos a falta de un t rmi no menos equ voco, normal.


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