Example: tourism industry

TArthur Conan Doyle - Biblioteca

TArthur Conan Doyle Estudio en escarlata 2003 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Arthur Conan Doyle Estudio en escarlata PRIMERA PARTE (Reimpresi n de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y oficial retirado del Cuerpo de Sanidad) I. Mr. Sherlock Holmes En el a o 1878 obtuve el t tulo de doctor en medicina por la Universidad de Londres, asistiendo despu s en Netley a los cursos que son de rigor antes de ingresar como m dico en el ej rcito. Concluidos all mis estudios, fui puntualmente designado el de Fusileros de Northumberland en calidad de m dico ayudante.

en tiempo en la terraza, cuando caí víctima del tifus, el azote de nuestras posesiones indias. Durante meses no se dio un ardite por mi vida, y una vez vuelto al conocimiento de las cosas, e iniciada la convalecencia, me sentí tan extenuado, y con tan pocas fuerzas, que el consejo médico determinó sin más mi inmediato retorno a Inglaterra.

Information

Domain:

Source:

Link to this page:

Please notify us if you found a problem with this document:

Other abuse

Advertisement

Transcription of TArthur Conan Doyle - Biblioteca

1 TArthur Conan Doyle Estudio en escarlata 2003 - Reservados todos los derechos Permitido el uso sin fines comerciales Arthur Conan Doyle Estudio en escarlata PRIMERA PARTE (Reimpresi n de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y oficial retirado del Cuerpo de Sanidad) I. Mr. Sherlock Holmes En el a o 1878 obtuve el t tulo de doctor en medicina por la Universidad de Londres, asistiendo despu s en Netley a los cursos que son de rigor antes de ingresar como m dico en el ej rcito. Concluidos all mis estudios, fui puntualmente designado el de Fusileros de Northumberland en calidad de m dico ayudante.

2 El regimiento se hallaba por entonces estacionado en la India, y antes de que pudiera unirme a l, estall la segunda guerra de Afganist n. Al desembarcar en Bombay me lleg la noticia de que las tropas a las que estaba agregado hab an traspuesto la l nea monta osa, muy dentro ya de territorio enemigo. Segu , sin embargo, camino con muchos otros oficiales en parecida situaci n a la m a, hasta Candahar, donde sano y salvo, y en compa a por fin del regimiento, me incorpor sin m s dilaci n a mi nuevo servicio. La campa a trajo a muchos honores, pero a m s lo desgracias y calamidades.

3 Fui separado de mi brigada e incorporado a las tropas de Berkshire, con las que estuve en servicio durante el desastre de Maiwand. En la susodicha batalla una bala de Jezail me hiri en el hombro, haci ndose a icos el hueso y sufriendo alg n da o la arteria subclavia. Hubiera ca do en manos de los despiadados ghazis a no ser por el valor y lealtad de Murray, mi asistente, quien, tras ponerme de trav s sobre una caballer a, logr alcanzar felizmente las l neas brit nicas. Agotado por el dolor, y en un estado de gran debilidad, junto a un nutrido convoy de maltrechos compa eros de infortunio, al hospital de la base de Peshawar.

4 All me rehice, y estaba ya lo bastante sano para dar alguna que otra vuelta por las salas y orearme de tiempo en tiempo en la terraza, cuando ca v ctima del tifus, el azote de nuestras posesiones indias. Durante meses no se dio un ardite por mi vida, y una vez vuelto al conocimiento de las cosas, e iniciada la convalecencia, me sent tan extenuado, y con tan pocas fuerzas, que el consejo m dico determin sin m s mi inmediato retorno a Inglaterra. Despachado en el transporte militar Orontes, al mes de traves a toqu tierra en Portsmouth, con la salud malparada para siempre y nueve meses de plazo, sufragados por un gobierno paternal, para probar a remediarla.

5 No ten a en Inglaterra ni parientes ni amigos, y era, por tanto, libre como una alondra es decir, todo lo libre que cabe ser con un ingreso diario de once chelines y medio -. Hall ndome en semejante coyuntura, gravit naturalmente hacia Londres, sumidero enorme donde van a dar de manera fatal cuantos desocupados y haraganes contiene el imperio. Permanec alg n tiempo en un hotel del Strand, viviendo antes mal que bien, sin ning n proyecto a la vista, y gastando lo poco que ten a, con mayor liberalidad, desde luego, de la que mi posici n recomendaba.

6 Tan alarmante se hizo el estado de mis finanzas que pronto ca en la cuenta de que no me quedaban otras alternativas que decir adi s a la metr poli y emboscarme en el campo, o imprimir un radical cambio a mi modo de vida. Elegido el segundo camino, principi por hacerme a la idea de dejar el hotel, y sentar mis reales en un lugar menos caro y pretencioso. No hab a pasado un d a de semejante decisi n, cuando, hall ndome en el Criterion Bar, alguien me puso la mano en el hombro, mano que al dar media vuelta reconoc como perteneciente al joven Stamford, el antiguo practicante a mis rdenes en el Barts.

7 La vista de una cara amiga en la jungla londinense resulta en verdad de gran consuelo al hombre solitario. En los viejos tiempos no hab amos sido Stamford y yo lo que se dice u a y carne, pero ahora lo acog con entusiasmo, y l, por su parte, pareci contento de verme. En ese arrebato de alegr a lo invit a que almorzara conmigo en el Holborn, y juntos subimos a un coche de - Pero, Qu ha sido de usted, Watson? me pregunt sin embozar su sorpresa mientras el traqueteante veh culo se abr a camino por las pobladas calles de Londres.

8 Est delgado como un arenque y m s negro que una nuez. Le hice un breve resumen de mis aventuras, y apenas si hab a concluido cuando llegamos a destino. Pobre de usted! dijo en tono conmiserativo al escuchar mis penalidades. Y qu proyectos tiene? Busco alojamiento repuse. Quiero ver si me las arreglo para vivir en un precio razonable. - Cosa extra a. coment mi compa ero. Es usted la segunda persona que ha empleado esas palabras el d a de hoy. - Y qui n fue la primera? pregunt . - Un tipo que est trabajando en el laboratorio de qu mica, en el hospital.

9 Andaba quej ndose esta ma ana de no tener a nadie con quien compartir ciertas habitaciones que ha encontrado, bonitas a lo que parece, si bien de precio demasiado abultado para su bolsillo. - Demonio! exclam . Si realmente est dispuesto a dividir el gasto y las habitaciones, soy el hombre que necesita. Prefiero tener un compa ero antes que vivir solo. El joven Stamford, el vaso en mano, me mir de forma un tanto extra a. - No conoce todav a a Sherlock Holmes, - dijo podr a llegar a la conclusi n de que no es exactamente el tipo de persona que a uno le gustar a tener siempre por vecino.

10 - S ? Qu habla en contra suya? - Oh, en ning n momento he sostenido que haya nada contra l. Se trata de un hombre de ideas un tanto , un entusiasta de algunas ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona. - Naturalmente sigue la carrera m dica inquir . - Nada s de sus proyectos. Creo que anda versado en anatom a, y es un qu mico de primera clase; pero seg n mis informes, no ha asistido sistem ticamente a ning n curso de medicina. Persigue en el estudio rutas extremadamente dispares y exc ntricas, si bien ha hecho acopio de una cantidad tal y tan desusada de conocimientos, que quedar an at nitos no pocos de sus profesores.


Related search queries