Transcription of Recordando los inicios de la Corte Interamericana …
1 *Este art culo se basa en una conferencia dictada por el autor en la New YorkUniversity Law School, en 2004. La versi n original, en ingl s, fue publicadaen el New York University Journal of International Law and Politics, No. 2, , 2005. La traducci n es responsabilidad del IIDH.** Juez de la Corte Internacional de Justicia. Fue Juez de la Corte Interamericanade Derechos Humanos (1979-91), as como su Vicepresidente (1983-85) yPresidente (1985-87). Recordando los inicios de la CorteInteramericana de Derechos Humanos*Thomas Buergenthal**Introducci nHace poco alguien me record que soy el nico sobreviviente delprimer grupo de jueces electo en 1979 a la reci n fundada CorteInteramericana de Derechos Humanos. Esto me ha llevado areflexionar acerca de los primeros a os de la Corte y algunos de losproblemas que enfrentamos. No se trata, pues, de un art culo acad -mico sino de las reminiscencias y reflexiones de un juez en derechoshumanos que tuvo la oportunidad nica de participar en una expe-riencia judicial novedosa y me integr a la Corte Interamericana , gran parte delhemisferio occidental sufr a de violaciones masivas a los derechoshumanos.
2 La guerra fr a, en la Am rica de aquella poca, permiti que los reg menes militares y las dictaduras civiles torturaran ehicieran desaparecer a cualquier persona que catalogaran comosubversivo. A menudo, tambi n, el simple hecho de hablar p bli-camente de derechos humanos pod a ser motivo de encarcelamientoo de medidas a n m s dr fue el ambiente pol tico que imperaba cuando la CorteInteramericana abri sus puertas, por as decirlo. Pero aparte de losproblemas pol ticos que ese ambiente representaba para los derechoshumanos, tambi n a nivel pr ctico hubo que empezar de cero. Elestatuto, el reglamento y el convenio de sede tuvieron que serredactados y negociados. Se promulgaron procedimientos judicialesinternos, se contrat personal e incluso se seleccionaron y compraronRevista IIDH12[Vol. 391 Ver Convenci n Americana sobre Derechos Humanos (en adelante laConvenci n), 22 de noviembre de 1969, 1144 123, art.]
3 53(2), reimpre-so en T. Buergenthal y D. Shelton, Protecting Human Rights in the Americas:Cases and Materials,N. P. Engel, Arlington, Virginia, 4 edici n, 1995, p La Convenci n Americana le permite a un Estado Parte nominar un m ximo detres candidatos. Estos no necesitan ser ciudadanos del Estado que nomina, perodeben ser ciudadanos de un Estado miembro de la OEA. Ver Convenci n (2). Por eso fue posible para Costa Rica nominar a Rodolfo Piza y a m almismo tiempo. El gobierno costarricense deseaba asegurarse de que la Corte seconvertir a en una instituci n importante y cre a que un juez de un pa s grandede las Am ricas, con conocimiento del funcionamiento del sistema regional delos derechos humanos, ayudar a a lograrlo. Hasta ese momento yo hab a escritouna serie de art culos sobre los sistemas europeo e interamericano, y hab atogas. Todo esto y m s se logr sin presupuesto, con jueces a tiempoparcial y sin previa experiencia n como Juez de la CorteTodo comenz en 1978 con la entrada en vigor de la Convenci nAmericana sobre Derechos Humanos1.
4 En aquel tiempo, yo eraprofesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas, enAustin. Uno de los cursos que impart a era un seminario acerca delderecho internacional de los derechos humanos. En l tambi n seconsideraba el sistema interamericano de derechos humanos, y yonunca dejaba de se alar que como Estados Unidos no hab a ratifica-do la Convenci n, nunca podr a proponer candidatos a la aclaraba que un ciudadano estadounidense podr a ser pro-puesto por alguno de los Estados que hubiera ratificado la Conven-ci n, ten a serias dudas de que esto pasara, y nunca perd la oportu-nidad de decirlo. Como luego result evidente, no pude habermeequivocado m tarde a comienzos de 1979, recib una llamada telef nica deuna persona que se identific como Embajador de Costa Rica en losEstados Unidos y ante la Organizaci n de los Estados n me explic , la raz n de su llamada se deb a a la pr ximaelecci n de jueces a la Corte Interamericana de Derechos Humanos,que pronto ser a establecida.
5 Su gobierno le hab a encargadopreguntarme si yo permitir a que Costa Rica me propusiera comocandidato a juez de la Corte . Convencido de que se trataba de algunabroma de un estudiante de mi seminario, le di las gracias y le ped sun mero de tel fono para poder comunicarme con l despu s de haberconsultado a mi esposa. A n no pod a creerlo cuando verifiqu queel n mero era realmente el de la Embajada de Costa Rica enWashington. Unos meses m s tarde, fui electo Juez de la IIDH2004]colaborado con la formulaci n de la Convenci n Americana. Entiendo queCosta Rica tambi n supuso que nominar a un estadounidense o a un brasile ofavorecer a que estos pa ses ratificaran la Convenci n. Desgraciadamente, en elcaso de los Estados Unidos esto a n no se ha dado. Como consecuencia, ning notro ciudadano estadounidense ha sido propuesto para la Corte despu s de quecumpl mis dos per odos de tarea de escribir el borrador del Estatuto y Reglamento de la Corte sesimplific debido a que pod amos basarnos en el Estatuto y Reglamento de laCorte Internacional de Justicia y en los instrumentos relevantes de la CorteEuropea de Derechos de la CorteUna vez constituida la Corte -fue oficialmente inaugurada en SanJos de Costa Rica el d a 3 de setiembre de 1979- nuestro trabajoempez en serio.
6 Una de nuestras primeras tareas fue la preparaci ndel proyecto del Estatuto de la Corte , que deb a ser aprobado por laAsamblea General de la OEA3. Tambi n hab a que presentar unproyecto de embargo, primero tuvimos que enfrentar un obst culoinesperado. Poco despu s de la solemne inauguraci n de la Corte ,nos dimos con una triste realidad: aunque la sede oficial estaba enese hermoso pa s, el gobierno no nos otorg un espacio f sico propio,ni siquiera un piso de oficinas. Como consecuencia, la primerasesi n se realiz en el rea de recreo del Colegio de Abogados deCosta Rica. Las voces de los ni os que nadaban y saltaban a lapiscina del Colegio ahogaron nuestros primeros esfuerzos, un iniciopoco prometedor para aquellos de nosotros que nos consider bamosdignos sucesores de John Marshall. Al poco tiempo, nos trasladamosa unas oficinas del edificio de la Corte Suprema de Costa Rica paraluego instalarnos en definitiva en nuestras oficinas la creencia de que el proyecto de Estatuto que se presentar a ala Asamblea General de la OEArepresentaba una oportunidad nicapara maximizar las atribuciones de la Corte , la escribimos deacuerdo a esta premisa.
7 Nuestro realismo pol tico fue pronto puestoa prueba durante la reuni n anual de la Asamblea General de la OEAque tuvo lugar en La Paz, Bolivia en 1979. El Juez Rodolfo Piza,nuestro reci n elegido Presidente, y yo fuimos los representantes dela Corte ante la reuni n. Me sent halagado por haber sidoseleccionado, siendo el juez m s joven, pero pronto me di cuenta deque la verdadera raz n de haber sido escogido tuvo que ver con laaltura de La Paz. Am s de 12,000 pies sobre el nivel del mar, La Pazno era un lugar donde mis colegas, m s sabios y mayores, quer anviajar, y yo nunca lo sospech . Revista IIDH14[Vol. 394De acuerdo a la Convenci n, la Comisi n procesa quejas individuales einterestatales relativas a los Estados Partes de la Convenci n. La Comisi ntambi n realiza otras funciones como rgano principal y aut nomo de la OEA,cuyo mandato surge de la Carta de la OEA.]
8 Ver Estatuto de la Comisi nInteramericana de Derechos Humanos (1979) arts. 18, Unidos, amparado en el hecho de que no hab a ratificado laConvenci n, indic que no pod a tener una posici n determinante a favor de laCorte, ofreciendo un apoyo parcial pese al fuerte compromiso del PresidenteJimmy Carter a favor de la promoci n de los derechos humanos Schneider, A New Administration s New Policy: The Rise to Power ofHuman Rights , en Human Rights and Foreign Policy,P. Brown & eds., 1979, p g. la altura de La Paz me afect un d a o dos, los problemasque tuvimos que enfrentar ah fueron mucho m s serios. En 1979muchos pa ses sudamericanos, entre ellos Brasil, Argentina,Paraguay, Bolivia, Chile y Uruguay, estaban en manos de reg menesmilitares. Con excepci n de la democr tica Costa Rica, la situaci nen Am rica Central no era mucho mejor, ni siquiera en los pa sesvecinos como Panam , Hait y la Rep blica Dominicana.
9 La enton-ces llamada democracia de M xico no favorec a ni a los derechoshumanos ni a las instituciones internacionales de derechos embargo, todos esos pa ses ten an derecho al voto en las decisio-nes que se tomar an sobre nuestro estatuto y presupuesto, a pesar deno haber ratificado la Convenci lo quedaron, pues, Costa Rica, Venezuela y Colombia (el Per sal a en esos d as de una dictadura de Corte izquierdista) y algunospeque os pa ses caribe os de la Mancomunidad Brit nica entre lospa ses del hemisferio que en 1979 estaban dispuestos a ver a la Cortey la Comisi n Interamericanas de Derechos Humanos4constituirseen instituciones eficaces para la protecci n de los derechos , su influencia no pudo sobreponerse a la oposi-ci n de los Estados no democr ticos5. En resumen, esa AsambleaGeneral fue dominada por Estados que se opon an fuertemente acualquier instituci n regional para la protecci n de los derechoshumanos.
10 Lograron obstruir todos nuestros esfuerzos por fortalecer ala Corte , incluyendo una propuesta para su funcionamiento a la negativa de la Asamblea a aceptar una Corte de tiempocompleto no nos debi sorprender, lo que s nos impact fue surechazo de un presupuesto para la Corte . Es decir, nos falt un votopara obtener los dos tercios necesarios para la aprobaci n de nuestropresupuesto. Pese a que se nos hab a asegurado que cont bamos conlos votos necesarios, gracias al apoyo de la Nicaragua sandinista,15 Revista IIDH2004]cuando lleg el momento de votar, el delegado nicarag ense norespondi . Se justific luego diciendo que se hab a quedado dormi-do. Nunca supimos si su sue o fue provocado por consideracionesdiplom ticas o por mal de altura. En todo caso, si no hubiera sido porel apoyo econ mico del gobierno de Costa Rica y una asignaci n deemergencia por parte de la OEA un a o despu s, la Corte no hubierasido capaz de llevar a cabo las dos sesiones ordinarias previstas paraese per odo siguientes d as en La Paz podr an haber salido de una novelade Gabriel Garc a M rquez, y fueron ilustrativos de las realidades deuna Corte de derechos humanos en la Am rica de aquella llegamos a la Paz, el Presidente de Bolivia hab a inauguradola Asamblea.