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J.D. Salinger - UCAB

Salinger El guardi n entre el centeno El Libro de Bolsillo Alianza Editorial Madrid T tulo original: The Catcher in the Rye Traductor: Carmen Criado Primera edici n en El Libro de Bolsillo : 1978 Vig sima reimpresi n en "El Libro de Bolsillo": 1995 Copyright 1945, 1946, 1951 by Copyright renewed 1973, 1974 Ed. cast: Alianza Editorial, - Madrid, 1978, 1979, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1987, 1988, 1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994, 1995 Calle J. I. Luca de Tena, 15 - 28027 Madrid Tel. 393 88 88 ISBN: 84-206-1689-3 Dep sito legal: B: Impreso y encuadernado por Printer, industria gr fica sa II, Cuatro Caminos, s/n 08620 Sant Vicen dels Horts, Barcelona Printed in Spain Cap tulo 1 Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querr n saber es d nde nac , c mo fue todo ese rollo de mi infancia, qu hac an mis padres antes de tenerme a m , y dem s pu etas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas

mi parte, en todo el tiempo que estuve allí no vi un caballo ni por casualidad. Debajo de la foto del tío montando siempre dice lo mismo: «Desde 1888 moldeamos muchachos transformándolos en hombres espléndidos y de mente clara.» Tontadas. En Pencey se moldea tan poco como en cualquier otro colegio.

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1 Salinger El guardi n entre el centeno El Libro de Bolsillo Alianza Editorial Madrid T tulo original: The Catcher in the Rye Traductor: Carmen Criado Primera edici n en El Libro de Bolsillo : 1978 Vig sima reimpresi n en "El Libro de Bolsillo": 1995 Copyright 1945, 1946, 1951 by Copyright renewed 1973, 1974 Ed. cast: Alianza Editorial, - Madrid, 1978, 1979, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1987, 1988, 1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994, 1995 Calle J. I. Luca de Tena, 15 - 28027 Madrid Tel. 393 88 88 ISBN: 84-206-1689-3 Dep sito legal: B: Impreso y encuadernado por Printer, industria gr fica sa II, Cuatro Caminos, s/n 08620 Sant Vicen dels Horts, Barcelona Printed in Spain Cap tulo 1 Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querr n saber es d nde nac , c mo fue todo ese rollo de mi infancia, qu hac an mis padres antes de tenerme a m , y dem s pu etas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso.

2 Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les dar a un ataque si yo me pusiera aqu a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Adem s, no crean que voy a contarles mi autobiograf a con pelos y se ales. S lo voy a hablarles de una cosa de locos que me pas durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan d bil que tuvieran que mandarme aqu a reponerme un poco. A tampoco le he contado m s, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no est muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana.

3 El ser quien me lleve a casa cuando salga de aqu , quiz el mes pr ximo. Acaba de comprarse un Jaguar , uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil d lares le ha costado. Ahora est forrado el t o. Antes no. Cuando viv a en casa era s lo un escritor corriente y normal. Por si no saben qui n es, les dir que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un ni o que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero.

4 Es una historia estupenda. Ahora est en Hollywood prostituy ndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren. Empezar por el d a en que sal de Pencey, que es un colegio que hay en Agerstown, Pennsylvania. Habr n o do hablar de l. En todo caso, seguro que han visto la propaganda. Se anuncia en miles de revistas siempre con un t o de muy buena facha montado en un caballo y saltando una valla. Como si en Pencey no se hiciera otra cosa que jugar todo el santo d a al polo. Por mi parte, en todo el tiempo que estuve all no vi un caballo ni por casualidad. Debajo de la foto del t o montando siempre dice lo mismo: Desde 1888 moldeamos muchachos transform ndolos en hombres espl ndidos y de mente clara.

5 Tontadas. En Pencey se moldea tan poco como en cualquier otro colegio. Y all no hab a un solo t o ni espl ndido, ni de mente clara. Bueno, s . Quiz dos. Eso como mucho. Y probablemente ya eran as de nacimiento. Pero como les iba diciendo, era el s bado del partido de f tbol contra Saxon Hall. A ese partido se le ten a en Pencey por una cosa muy seria. Era el ltimo del a o y hab a que suicidarse o -poco menos si no ganaba el equipo del colegio. Me acuerdo que hacia las tres, de aquella tarde estaba yo en lo m s alto de Thomsen Hill junto a un ca n absurdo de esos de la Guerra de la Independencia y todo ese foll n. No se ve an muy bien los grader os, pero s se o an los gritos, fuertes y sonoros los del lado de Pencey, porque estaban all pr cticamente todos los alumnos menos yo, y d biles y como apagados los del lado de Saxon Hall, porque el equipo visitante por lo general nunca se tra a muchos partidarios.

6 A los encuentros no sol an ir muchas chicas. S lo los m s mayores pod an traer invitadas. Por donde se le mirase era un asco de colegio. A m los que me gustan son esos sitios donde, al menos de vez en cuando, se ven unas cuantas chavalas aunque s lo est n rasc ndose un brazo, o son ndose la nariz, o ri ndose, o haciendo lo que les d la gana. Selma Thurner, la hija del director, s iba con bastante frecuencia, pero, vamos, no era exactamente el tipo de chica como para volverle a uno loco de deseo. Aunque simp tica s era. Una vez fui sentado a su lado en el autob s desde Agerstown al colegio y nos pusimos a hablar un rato. Me cay muy bien.

7 Ten a una nariz muy larga, las u as todas comidas y como sanguinolentas, y llevaba en el pecho unos postizos de esos que parece que van a pincharle a uno, pero en el fondo daba un poco de pena. Lo que m s me gustaba de ella es que nunca te ven a con el rollo de lo fenomenal que era su padre. Probablemente sab a que era un gilipollas. Si yo estaba en lo alto de Thomsen Hill en vez de en el campo de f tbol, era porque acababa de volver de Nueva York con el equipo de esgrima. Yo era el jefe. Menuda cretinada. Hab amos ido a Nueva York aquella ma ana para enfrentarnos con los del colegio McBurney. S lo que el encuentro no se celebr . Me dej los floretes, el equipo y todos los dem s trastos en el metro.

8 No fue del todo culpa m a. Lo que pas es que tuve que ir mirando el plano todo el tiempo para saber d nde ten amos que bajarnos. As que volvimos a Pencey a las dos y media en vez de a la hora de la cena. Los t os del equipo me hicieron el vac o durante todo el viaje de vuelta. La verdad es que dentro de todo tuvo gracia. La otra raz n por la que no hab a ido al partido era porque quer a despedirme de Spencer, mi profesor de historia. Estaba con gripe y pens que probablemente no se pondr a bien hasta ya entradas las vacaciones de Navidad. Me hab a escrito una nota para que fuera a verlo antes de irme a casa. Sab a que no volver a a Pencey.

9 Es que no les he dicho que me hab an echado. No me dejaban volver despu s de las vacaciones porque me hab an suspendido en cuatro asignaturas y no estudiaba nada. Me advirtieron varias veces para que me aplicara, sobre todo antes de los ex menes parciales cuando mis padres fueron a hablar con el director, pero yo no hice caso. As que me expulsaron. En Pencey expulsan a los chicos por menos de nada. Tienen un nivel acad mico muy alto. De verdad. Pues, como iba diciendo, era diciembre y hac a un fr o que pelaba en lo alto de aquella dichosa monta ita. Yo s lo llevaba la gabardina y ni guantes ni nada.

10 La semana anterior alguien se hab a llevado directamente de mi cuarto mi abrigo de pelo de camello con los guantes forrados de piel metidos en los bolsillos y todo. Pencey era una cueva de ladrones. La mayor a de los chicos eran de familias de mucho dinero, pero aun as era una aut ntica cueva de ladrones. Cuanto m s caro el colegio m s te roban, palabra. Total, que ah estaba yo junto a ese ca n absurdo mirando el campo de f tbol y pasando un fr o de mil demonios. S lo que no me fijaba mucho en el partido. Si segu a clavado al suelo, era por ver si me entraba una sensaci n de despedida. Lo que quiero decir es que me he ido de un mont n de colegios y de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba.


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